Bruce Nauman, California,1941.



domingo, 2 de noviembre de 2008

ISAMU NOGUCHI, ESCULTOR, DISEÑADOR,JARDINERO...POETA...





Para visitar el Noguchi Museum ,www.noguchi.org, hay que emprender una pequeña excursión porque el lugar queda relativamente lejos del centro y aislado, cuando no se conocen bien los servicios públicos y hay quer cruzar el puente.Pero  los domingos a partir de media mañana sale un autobús desde Manhattan que lleva y trae al museo gratis. Y así el viaje se convierte también en algo especial.Porque el autobús sale de la Asia Society, un organismo que es museo, tienda, restaurante... elegante, sencillo, con la magia  sutil de la belleza oriental y se puede entrar y disfrutar viendo cosas preciosas mientras se espera.

Cuando llega el autobús el asombro sigue, es un microbús un poco destartalado pero exclusivo para el Museo y hay muy pocas personas que le esperan; el conductor es un negro bastante mayor con buenos reflejos y una amabilidad risueña. Es realmente un servicio privilegiado; el microbús arranca, hasta parece que alegre, hacia Queens con sus escasos pasajeros.




Mucha gente conoce a Isamu Noguchi (1904-1988), algunos sin saberlo,por sus refinadas y radiantes lámparas de papel de arroz de indudable influencia japonesa pero transformadas por el depurado pensamiento abstracto de Noguchi.Han sido imitadas y "popularizadas", tal vez pagando canon, o puede que algo modificadas, por una firma de muebles de mucho diseño y precios sorprendentes.Noguchi era hijo del poeta japonés Yone Noguchi y nació en Los Ángeles aunque después de numerosos viajes de contínuo aprendizaje, terminó instalando su estudio en Nueva York.En ese antiguo estudio es donde está instalado el museo.


Entrada al Museo Noguchi

Noguchi estudió en la Universidad de Columbia, vivió varios años en Japón, viajó por China, México...y permaneció en París desde 1927 dos años trabajando como ayudante de Brancusi. En París frecuentó a Giacometti y Alexander Calder,que fomentaron su tendencia a la escultura abstracta y a la levedad. También fue influido por el Surrealismo y las personalidades tan distintas pero arrolladoras ambas desde el punto de vista plástico,de Picasso y Miró.Aunque siempre ha tendido a la abstracción en algunas de sus obras hay lejanísimos recuerdos figurativos como en la versión que hizo de el kouros griego en 1945 que está en el Metropolitan. Pero permanece lo abstracto y la desnudez de los materiales, piedra, madera, barro,metales... aunque dentro de esta elección puedan distinguirse en su obra dos corrientes, una que podría calificarse de abstracción orgánica, con indudable influencia del esencialismo vital de Brancusi y otra mucho más geométrica y mineral de planos secos y duros pero siempre expresivos y capaces de emocionar y conmover.




El conocimiento de las vanguardias occidentales más la esencia de la estética milenaria de Japón con  su poética del vacío, la proporción, la asimetría y la levedad, el rumor y el movimiento de la brisa, el sonido del agua, las texturas contrastadas, las sombras...todo ello se integra en dos vertientes añadidas del quehacer de Noguchi su capacidad de crear jardines esculturales repartidos por todo el mundo como el Jardín del agua del Chase Manhattan Bank o el jardín Billy Rose Art de Jerusalén y otros lugares, y su faceta de diseñador. Sus muebles son de una belleza esencial y leve, como su conocida mesa de café.En la tienda del museo se pueden admirar varios de ellos,y comprobar que a las cualidades señaladas no les falta, a algunos, un ligero rasgo de humor.



En el  jardín interior  del Museo Noguchi se respira la influencia zen que transforma  el espacio y la vegetación en un lugar especial para la escultura;las obras aunque aparentemente colocadas al azar, están en realidad reunidas por una geometría invisible que las enlaza con su especial medida de ritmo y armonía.Es un lugar de belleza y paz proporcionados por la Naturaleza transformada en cultura, milenaria y moderna;se percibe el ligero rumor del agua de una fuente que mana adhiriéndose al granito de que surge como si fuera una piel translúcida, palpitante y levemente sonora.

Al salir del museo el microbús, que acaba de desembarcar otra tanda escasa de visitantes, está preparado para volver a los que lo deseen a Manhattan. Parará de nuevo en la Asia Society y allí termina este viaje, por tantas razones, encantado.


Cofee table, 1945




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