Bruce Nauman, California,1941.



lunes, 23 de marzo de 2009

ANTON CHÉJOV / un cuento y su poema

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La escritura de Antón Chéjov (1860-1904) es recogida, concentrada e intensa, como la poesía, como la música de cámara. De sus narraciones  dice Máximo GORKI:
"Al leer los cuentos de Chéjov uno parece sumergido en un día triste de finales de otoño, cuando el aire es tan transparente y en él se recortan con punzante nitidez los árboles desnudos, los estrechos edificios, la masa gris de la muchedumbre. Todo es tan extraño, tan solitario, inmóvil y desamparado. Las profundas lejanías azuladas, desiertas, fundiéndose con el pálido cielo, soplan con un frío angustioso sobre la tierra cubierta de suciedad helada. La mente del autor, como un sol de otoño, ilumina con despiadada claridad los destrozados caminos, las retorcidas calles, las sucias y apretujadas casas en las que se ahogan de aburrimiento y pereza unos seres pequeños y desgraciados llenando sus casas de un insensato y soñoliento bullicio."
En otro momento, Gorki, habla de su humor sutil y compasivo...


                                                                       ***
Tristeza (1886)


Crepúsculo vespertino. Gruesos y húmedos copos giran perezosos alrededor de los faroles recién encendidos, cubriendo de una delgada y blanca capa los tejados, los lomos de los caballos, los hombros y las gorras.El cochero Iona Potápov, tan blanco como un fantasma, encorvado hasta donde puede hacerlo un ser humano, está sentado inmóvil en el pescante. Se diría que, aunque le cayera encima una montonera de nieve, no le parecería necesario sacudirse...Su caballejo también está parado y cubierto de nieve.. Su inmovilidad, sus formas angulosas y sus patas rígidas como bastones lo hacen semejante,incluso de cerca, a uno de esos caballitos de bizcocho que cuestan un kopek. Es muy probable que esté sumido en sus propios pensamientos. ¿Cómo no va a meditar quien ha sido arrancado del arado, de los paisajes grises y familiares, y arrojado en medio de ese remolino lleno de luces monstruosas, ruidos incesantes y gentes apresuradas...? 

Hace ya tiempo que Iona y su caballejo no se mueven de su sitio. Salieron antes de la comida, pero aún no se han estrenado. Sobre la ciudad cae ya la penumbra de la noche. La palidez de los faroles cede su lugar a un color más vivo y el ajetreo de la calle se hace más intenso. 
-¡Cochero, a Viborg! -oye Iona-, ¡Cochero! 
Iona se estremece y, a través de sus pestañas sepultadas por la nieve, ve a un militar con capote y capucha. 
-¡A Viborg! -repite el militar-. ¿Duermes o qué? ¡A Voborg! 
En señal de asentimiento Iona sacude las riendas, y ese movimiento hace caer del lomo del caballo y de sus propios hombros una capa de nieve...El militar se sienta en el trineo. El cochero chasquea los labios, extiende el cuello a la manera de una cisne, se incorpora y, más por costumbre que por necesidad, blande el látigo. El caballejo también extiende el cuello, tuerce sus patas rígidas como bastones e inicia la marcha con paso vacilante... 
-¿A dónde vas, mastuerzo? -gritan al punto algunas voces en la oscura masa que se mueve a un lado y a otro-.¿Dónde te metes? ¡Conserva la derecha! 
-¡No sabes conducir! ¡Conserva la derecha! 




Un cochero le insulta desde lo alto de su berlina; un peatón, cuyo hombro tropieza con el hocico del caballejo al atravesar la calle, le dedica una mirada furibunda y se sacude la nieve de la manga. Iona se agita en el pescante como si estuviera sentado sobre alfileres , mueve los codos y dirige a un lado y a otro los ojos aturdidos, como si no comprendiera dónde está y qué hace allí-¡Qué canallas! -ironiza el militar-. Se han puesto de acuerdo para tropezar contigo y meterse debajo de las patas del caballo. Se han confabulado. 
Iona se gira hacia su cliente y mueve los labios...Parece que quiere decir algo, pero de su garganta sólo sale un ronco murmullo. 
-¿Qué? -pregunta el militar. 
Iona esboza una torpe sonrisa, carraspea y comenta con voz gutural: 
-Verá, señor...he perdido a mi hijo esta semana... 
-¡Hum...! ¿Y de qué murió? 
Iona vuelve todo el cuerpo y responde: 
-¡Y quién lo sabe! Probablemente de fiebres...Pasó tres días en el hospital y murió...Es la voluntad de Dios. 
-Échate a un lado, demonios! -grita alguien en medio de la oscuridad-, ¿Es que no tienes ojos en la cara, perro viejo? ¡Mira lo que haces! 
- Vamos, vamos...-dice el pasajero-. A este paso no llegaremos hasta mañana. ¡Más deprisa! 
El cochero vuelve a estirar el cuello, se endereza y blande el látigo con torpe ademán. Luego se gira varias veces hacia su cliente, pero éste ha cerrado los ojos y no muestra el menor interés en escucharlo. Tras dejarlo en Viborg, se detiene junto a una taberna, se encorva en el pescante y de nuevo se queda inmóvil ..La húmeda nieve lo pinta otra vez de blanco, y también a su matalón. Pasa una hora, luego otra...

Por la acera, haciendo ruido con los chanclos y discutiendo pasan tres jóvenes, dos de ellos altos y delgados, el tercero pequeño y jorobado. 
-¡Cochero, al puente de la Policía! -grita con voz trémula el jorobado-. ¡Veinte kopeks por los tres! 
Iona tira de las riendas y chasquea los labios. Veinte kopeks es una cantidad irrisoria, pero poco le importa el precio...Le da lo mismo un rublo que cinco kopeks, con tal de que haya clientes...Los jóvenes se acercan al trineo y trepan al unísono al asiento,empujándose y lanzando improperios. A continuación se ocupan de resolver esta cuestión: ¿quiénes ocuparan los dos asientos y quién irá de pie? Después de largas disputas, caprichos y recriminaciones, deciden que el jorobado, por ser el más pequeño irá de pie. 
-¡Bueno, arranca! -dice con voz temblorosa el jorobado, instalándose detrás y respirando en la nuca de Iona-. ¡Dale al látigo! ¡Vaya gorra que tienes, amigo! No la encontrarías peor en todo Petersburgo... 
-Ji,ji...ji,ji...-se ríe Iona-. Es que tengo... 
-¡Bueno, "es que tengo", más deprisa! ¿Vas a ir así todo el camino? ¿Sí? ¿Quieres que te de un golpe en el cogote...? 
-Me duele la cabeza...-dice uno de los altos-. Ayer, en casa de los Dukmasov, Vaska y yo nos bebimos cuatro botellas de coñac. 
-¡No sé por qué mientes tanto! -se enfada el otro larguirucho-. Mientes como un animal. 
-Que Dios me castigue si no es verdad... 
-¡Tan verdad como que un piojo tose!... 
-Ji,ji -se ríe Iona-. ¡Qué señores tan alegres! 
-¡Por Dios bendito...! -se indigna el jorobado-. ¿Vas a ir más deprisa o no, viejo demonio? ¿Es que se puede llevar este paso? ¡Dale con el látigo! ¡Dale, por todos los diablos!¡Golpéale fuerte! 



Iona siente cómo el cuerpo del jorobado se agita a su espalda y percibe el temblor de su voz. Oye los improperios que le dirigen, mira a los pasajeros y la sensación de soledad poco a poco deja de oprimirle el pecho. El jorobado no para de injuriarle hasta que se atraganta con un insulto interminable, que acaba causándole un acceso de tos. Los altos empiezan a hablar de una tal Nadezhda Petrovna. Iona se vuelve hacia ellos. Aprovechándose de un breve momento de silencio. Se gira de nuevo y balbucea: 
-Esta semana...he perdido a mi hijo. 
-Todos tenemos que morir...-suspira el jorobado, secándose los labios después del ataque de tos-. ¡Bueno, más deprisa,vamos! ¡Señores, decididamente no puedo seguir a este paso! ¿Cuándo llegaremos? 
-¡Dale un golpe en el cogote a ver si se anima! 
-¿Lo has oído viejo del demonio? ¡Te voy a dar un pescozón...! 
¡Como gastáramos ceremonias con vosotros, tendríamos que ir a pie! ¿Me oyes, maldito dragón? ¿O te da igual lo que te dicen? 
Iona más bien oye que siente los sopapos que le caen en la nuca. 
-Ji, ji...-se ríe-. Qué señores tan alegres...¡Qué Dios les de salud! 
-Cochero, ¿estás casado? -pregunta uno de los altos. 
-¿Yo? Ji, ji...¡Qué señores tan alegres! Ahora mi única mujer es la húmeda tierra...Ji, jo, jo...¡Es decir, la tumba...! Mi hijo ha muerto y yo sigo vivo...Qué extraño, la muerte se equivocó de puerta...En lugar de visitarme a mí, se llevó a mi hijo... 
E Iona se gira para relatar cómo murió su hijo, pero en ese momento el jorobado deja escapar un leve suspiro y anuncia que, gracias a Dios, por fin han llegado. Tras recibir los veinte kopeks, Iona se queda mirando largo rato a los juerguistas, que desaparecen en el portal oscuro. De nuevo se queda solo, rodeado por el silencio...Su tristeza, apaciguada por un instante, se desata de nuevo, oprimiendo su pecho con mayor vehemencia. Sus ojos inquietos y doloridos recorren la multitud que discurre a un lado y otro de la calle: ¿no habrá entre esos miles de personas una sola que quiera escucharlo? Pero el gentío avanza sin reparar en su pena...Una pena inmensa, ilimitada. Si su pecho estallara y su tristeza se derramara, acaso inundaría el mundo entero, y, sin embargo, es invisible. Ha sabido alojarse en un cascarón tan insignificante que ni siquiera en pleno día y con un farol podría verse... 

Iona ve a un portero con un paquete y decide entablar conversación con él. 
-¿Qué hora será, amigo? -pregunta. 
-Las nueve pasadas...¿Por qué has parado aquí? ¡Circula! 
Iona se aleja unos pasos, se encorva y se entrega a su pena... 
Considera inútil dirigirse a la gente. Pero no han pasado ni cinco minutos cuando vuelve a enderezarse, sacude la cabeza como si sintiera un agudo dolor y tira de las riendas...No puede más. 
"A la cochera -piensa- ¡A la cochera!" 
Y el matalón, como si hubiera entendido su pensamiento, emprende un ligero trotecillo. Al cabo de hora y media, Iona ya está sentado junto a una estufa grande y sucia. En el poyo, en el suelo y en los bancos roncan varios hombres. Hace un calor sofocante...Iona mira a los durmientes, se rasca y lamenta haber regresado tan temprano... 
"Ni siquiera he sacado para la avena-piensa- .A eso se debe mi tristeza. Un hombre que conoce su oficio...que tiene el estómago lleno y ha dado de comer a su caballo, siempre está tranquilo..." 
En un rincón se levanta un joven cochero, carraspea y se arrastra con aire soñoliento hasta el cubo del agua. 
-¿Tienes sed? -le pregunta Iona 
-¡Ya lo creo! 
-Bueno...A tu salud...He perdido a mi hijo, amigo. ¿No te has enterado? Murió esta semana en el hospital...¡Menuda historia! 
Iona trata de observar el efecto producido por sus palabras, pero no ve nada. El joven se ha tapado la cabeza con la manta y se ha quedado dormido. El viejo suspira y se rasca...Tiene tanta necesidad de hablar como el joven de beber. Pronto hará una semana que murió su hijo y aún no ha hablado con nadie como Dios manda...Y esas cosas hay que contarlas con calma, tomándose su tiempo...Es preciso relatar cómo enfermó el hijo, cuánto sufrió, lo que dijo antes de expirar, cómo murió...Hay que describir el entierro y el viaje al hospital para recoger la ropa del difunto. En la aldea ha quedado su hija Anisia...También habría que hablar de ella...Temas de conversación no le faltan. Además, el oyente debe suspirar, gemir, lamentarse...Lo mejor sería hablar con mujeres. Son tontas, pero bastan dos palabras para que lloren a lágrima viva. 
"Iré a ver al caballo -piensa Iona-. Para dormir siempre hay tiempo...Ya dormirás, descuida..." 
Se viste y se dirige al establo donde está su caballo. Piensa en la avena, en el heno, en el tiempo...Cuando está solo, no puede pensar en su hijo...Puede hablar de él con los demás, pero a solas le resulta absolutamente insoportable pensar en él y evocar su imagen.

-¿Rumias? -pregunta Iona a su caballo, mirando sus ojos brillantes-. Bueno, rumia si quieres...No hemos ganado para avena, así que tendremos que comer heno...Sí... Soy demasiado viejo para hacer de cochero...Es mi hijo quien debiera ocuparse de este oficio, no yo...Él sí que era un cochero de verdad...Sólo le bastaba haber vivido... 
Iona guarda silencio durante un rato y prosigue: 
-Así es, mi buen rocín...Kuzmá Iónich ya no está entre nosotros...Nos ha dejado...Se murió de repente, así como así...Supongamos que tuvieras un potrillo, que fueras madre de ese potrillo...Si de pronto, digamos, ese potrillo pasara a mejor vida...¿No te daría pena? 
El matalón rumia, escucha y resopla en las manos de su amo...Iona no puede contenerse y se lo cuenta todo... 





El cuento inspiró a JOAN MARGARIT (Sanaüja,1938), arquitecto y poeta, autor de poemarios como Joana o Cálculo de estructuras. 

RELATO DE MADRUGADA


En la plaza vacía está lloviendo.
Hay un único taxi en la parada
Es tan larga la espera del taxista.
Apagado el motor;
dentro del coche hace mucho frío.
Se abre una puerta y sube un pasajero
de malhumor; cansado, con la ropa mojada.
Le da una dirección.
Al saltarse un semáforo, le abronca.
El taxista se vuelve murmurando:
Mi hijo ha muerto hace una semana.
El pasajero calla y se hunde en el asiento.
Avanzada la noche, sube al taxi
un grupo en plena juerga, y él les dice:
Mi hijo ha muerto hace una semana.
"Todos nos hemos de morir", contestan,
entre las bromas y las carcajadas.
Acabado el trabajo en el garaje,
se acerca a la cabina de la radio:
Mi hijo ha muerto hace una semana.
La mujer; con los ojos
enrojecidos de cansancio,
le contesta que sí mientras atiende
a las voces mezcladas con el ruido
que van surgiendo desde la emisora.

Se trata de un relato que es de Chéjov.
En él cae la nieve
y el coche es un carruaje con una viejo caballo.
Sé que el taxista no podrá dormir.
¿Y la muerte? ¿Está dentro del puño
que levanta la vida, o es el puño
en el que estamos encerrados?
En la historia de Chéjov, al cochero
le queda su caballo para poder contarle
que su hijo está muerto. De repente,
siento que todo está dentro de mí,
que el miedo ya está helándose,
y enciendo un fuego, y todos sentimos su calor;
el taxista, el cochero, tú que me estás leyendo,
yo, mis muertos y Chéjov, todos juntos
viendo caer la vida en soledad, como la nieve.
Un tren nocturno cruza, barnizado de rosa,
campos de olivos al alba.
Aquí acabo, cansado, somnoliento
y misteriosamente feliz, este poema.


JOAN MARGARIT



Aparte de sus obras de teatro, -editadas en Cátedra-, se editan continuamente  los más de 500 cuentos que escribió Chéjov.Las últimas recopilaciones las hacen las editoriales  LUMEN, ALBA y PRE-TEXTOS.


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domingo, 15 de marzo de 2009

MAURICE DENIS & Philippe de MONTEBELLO /la obra de arte habla al espectador

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" LA SATISFACCIÓN INMEDIATA ES PROPIA DEL ESPECTÁCULO,NO DE LOS MUSEOS."

"ES LA OBRA DE ARTE LA QUE SE DIRIGE AL ESPECTADOR Y LE HABLA."


Philippe de MONTEBELLO ex-director del Metropolitan de Nueva York, que dirigió durante más de treinta años, ha estado en Madrid. El País habla con él y en esa información, breve, hay aspectos de  calado referidos al arte y a los museos.


Montebello rechaza el Museo como espectáculo, -como parque temático cultural, aunque no lo llame así-, a que tiende en estos tiempos por la banalización de la cultura y la búsqueda de la rentabilidad a toda costa. (No confundir con la democratización de estas instituciones a las que debe acceder el mayor número de personas pero sin necesidad de falsearlas, mejorando, "simplemente", la educación).Montebello comenta haber sido criticado por su resistencia a introducir arte actual en el Metropolitan. Lo dice, en un momento en que en El Prado , -que no respetó la voluntad de Picasso, también por cálculo, para que El Guernica se instalara allí-, hay una gran exposición de Francis Bacon, un gran pintor,sin duda, pero tan contemporáneo que murió, en Madrid, en 1992 y .Y añade :

"El arte no es divertido. Es algo difícil de aprender. Para apreciarlo hay que entrar en la mente del artista, que pase un poco de tiempo, esperar que el cuadro le hable a uno".



MAURICE DENIS (1870-1943)

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El tema de comprender el arte para poder disfrutarlo,por asociación de ideas recuerda a Maurice DENIS, el artista normando que además de pintor fue un lúcido crítico de arte. En 1890 definió la pintura de forma certera:

"Acordarse de que un cuadro, antes de ser un caballo de batalla, una mujer desnuda o una anécdota cualquiera, es esencialmente una superficie plana cubierta de colores reunidos en cierto orden."

- Y en 1905 en el texto "Sobre Gauguin, Whistler y sobre el exceso de teorías" añadiría:

"Pero lo que se encuentra sobre todo en particular en Matisse es lo artificial; no lo artificial literario, como una búsqueda de expresión idealista; ni lo artificial decorativo, como lo han imaginado los creadores de alfombras turcos y persas; no, es algo más abstracto todavía; es la pintura fuera de toda contingencia, la pintura en sí, el acto puro de pintar."

Maurice DENIS, estudió en la Academia Julian de París, y en 1888 entró a formar parte del grupo de los nabis que habían surgido del contacto de algunos pintores jóvenes con Gauguin en Pont-Aven. Bajo la dirección de Gauguin Paul Sèrusier había realizado una pequeña pintura de fuertes colores y practicamnete abstracta, el famosoTalismán,
como un emblema plástico de lo que debía ser la nueva pintura respecto al uso del color.Los nabis,palabra hebrea que significa los profetas (del nuevo arte), mezclaban el concepto del color de Gauguin, autónomo respecto a la naturaleza(la hierba roja, por ej.)y muchos aspectos del simbolismo.El Simbolismo, -el influyente movimiento en las artes plásticas europeas desde h.1885 hasta h.1910-,rechazaba la objetividad, exaltaba lo subjetivo y abandonó la representación directa de la realidad por un mundo de imágenes cargadas de emociones y fantasía, donde se mezclaba o se sucedían el misticismo religioso y el interés por lo perverso y lo erótico. Odilon Redon y Gustave Moreau, Klimt, son, entre otros, representantes destacados.


La pintura de Denis es esta época es bastante simplificada y arcaizante buscando la influenciado por los primitivos italianos (Fra Angelico, Piero della Francesca) y muestra una preferencia por los temas de tipo religioso cristiano y familiar.A menudo su esposa Marta le sirve de modelo.
1.-La Procesión
2.-La cena de Emaús,
3.-Anunciación.
- Después tiene un corto periodo divisionista:

Posteriormente, adopta un tipo de pintura clara, sin modelado, con líneas fluyentes, semejantes a las del Art nouveau y a partir de 1898 se dedica a grandes composiciones decorativas como las del Teatro de los Campos Elíseos y a otras actividades de arte sacro con Rouault.




Mención aparte merece este retrato de grupo: Homenaje a Cézanne.La pintura está realizada en la sala de exposiciones y venta del marchante Ambroise Vollard. Denis ha reunido a unos cuantos pintores y críticos en torno a un bodegón de Cèzanne,que todavía vive,y a quién todos reconocen como el maestro fundacional imprescindible, a pesar de su fascinación por Gauguin.En la pared del fondo se distinguen un cuadro de Gauguin y otro de Renoir.(Van Gogh, otro maestro indudable, ha muerto hace diez años.)El bodegón de Cézanne es Frutero,copa y manzanas y había pertenecido a Gauguin.
Maurice Denis. Homenaje a Cèzanne.1900,ól/lz 1,8 x 2,4.M.Orsay.

Odilon Redon, es el primero a la izquierda y todos le miran;Paul Sèrusier está situado frente a él, hablan animadamente, de arte,seguro, y los demás les siguen con atención. De izquierda a derecha Edouard Vuillard, con sombrero de copa el crítico André Mellerio, Vollard detrás del caballete, Maurice Denis, Paul Ranson, Ker-Xavier Roussel, Pierre Bonard, con pipa y finalmente la esposa del pintor mira discreta pero expresiva y directamente al espectador desde el fondo.Es un retrato de parte los pintores nabis, los más importantes, casi un manifiesto plástico del grupo. El magnífico cuadro, como pintura y documento histórico, tuvo poco éxito al ser expuesto en París y Bruselas y Denis deja constancia de ello en su diario con amargura,"este cuadro ante el que el público todavía está riendo", aunque André Gide, amigo de Denis, le adquirió y mantuvo con él hasta que en 1928 lo regaló al Museo.


Maurice DENIS, el gran teórico,el que tan temprano y con tanta claridad explica qué es la pintura moderna, da una clave fundamental de lo que se debe esperar encontrar en ella:una superficie bidimensional, en la que el artista distribuye formas y colores. Su objetivo no es reproducir nada sino crear algo que no existía antes.

Frank Stella, refiriéndose a su obra y a la autonomía de la pintura dijo al respecto, "lo que ves es lo que es". Pero si además se conoce la Historia del Arte y lo que busca el artista ,y cuanto más mejor, el cuadro (o cualquier obra de arte) va a decir muchas más cosas. Y es importante porque ya dice el poeta brasileño Ferreira Gullar "la literatura existe porque la vida no basta". Se puede ampliar literatura a arte en general. Hoy 15 de marzo, en una entrevista el pintor Eduardo Arroyo dice que la literatura y el arte, y es muy crítico con el arte actual, ayudan a vivir.


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viernes, 6 de marzo de 2009

I.B.SINGER y Un amigo de KAFKA/ II y final.

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(continuación y final)





- Así que allí estábamos los dos. ¿Pero que iba a hacer con ella? No tengo más que una cama. Yo no bebo -me lo han prohibido-, pero un amigo me había regalado una botella de coñac y tenía también algunas galletas duras.Le di una copa y una galleta. El licor pareció reanimarla.
-¿Vive usted en este edificio, señora?- le pregunté.
-No-me dijo-. Vivo en el boulevard Ujazdowskie.
-Se notaba que era una aristócrata. Hablando, hablando descubrí que era una condesa, viuda, y que en el edificio vivía su amante, un hombre salvaje que tenía un cachorro de león como animal de compañía.También el pertenecía a la nobleza, pero era un degenerado. Había estado ya un año en prisión por intento de asesinato. Él no podía ir a visitarla porque ella vivía en casa de su suegra, así que era ella la que iba a verle.Esa noche, en un ataque de celos, él le había pegado y le había puesto un revólver en la sien. En resumen, ella había logrado coger su abrigo y escapar del apartamento. Había llamado a las puertas de todos los vecinos, pero ninguno la había dejado entrar, y por eso se había dirigido al ático.
-Señora- le dije, es muy probable que su amante la esté buscando aún. Supongamos que la encuentra. Yo ya no soy lo que podríamos llamar un caballero.
-No se atreverá a armar un alboroto -dijo- .Está en libertad condicional. Yo he terminado con él para siempre. Tenga compasión...por favor, no me eche a la calle a medianoche.
-¿Cómo va a arreglárselas para ir a su casa mañana?- le pregunté.
-No lo sé -dijo-. De todas formas, estoy cansada de vivir, pero no quiero que sea él el que ponga fin a mi vida.
-Bueno, de cualquier modo no podré dormir -dije-. Échese en mi cama y yo descansaré en esta silla.
-No. Eso no puedo aceptarlo. Usted ya no es joven y no tiene buen aspecto. Por favor, acuéstese, yo me sentaré aquí.
-Pasamos tanto tiempo discutiendo que al final decidimos acostarnos juntos. "No tiene nada que temer de mí", le aseguré. "Soy viejo e impotente." Ella pareció estar totalmente convencida.
-¿Qué estaba yo diciendo? Ah, sí, de repente me encontré en la cama con una condesa cuyo amante podía echar abajo la puerta en cualquier momento. Eché sobre nosotros las dos mantas que tengo, aunque no me molesté en volver a formar el capullo de trapos y papeles que normalmente hago. Estaba tan nervioso que no volví a acordarme del frío. Además, la sentía muy cerca de mí. De su cuerpo emanaba una extraña sensación de calor, distinta a cualquier otra que hubiera sentido jamás...o sería quizá que lo había olvidado.¿Estaría mi adversario intentando una nueva estrategia? En los últimos años ya no jugaba conmigo en serio. Sabe, existe lo que llamamos ajedrez humorístico. Me han contado que Nimzowitsch solía gastar bromas a sus compañeros de juego. En los viejos tiempos se conocía a Morphy como el bromista del ajedrez. "Una buena jugada", le dije a mi adversario, "una obra de arte". Al decir esto me di cuenta de que sabía quién era su amante. Me había cruzado con él en la escalera: un gigante con cara de asesino. Qué final tan gracioso para Jacques Kohn...morir a mano de un Otelo polaco

-Empecé a reirme y ella rió conmigo. La abracé, manteniéndola muy cerca de mí. Ella no opuso resistencia. De repente se produjo un milagro. ¡Volví a ser un hombre! Una vez, un jueves por la tarde, me encontraba yo cerca de un matadero de un pequeño pueblo y vi como un toro y una vaca copulaban antes de ser sacrificados para el Sábado[shabat]. Por qué lo permitió ella, nunca lo sabré. A lo mejor fue una forma de vengarse de su amante. Me besó y me susurró palabras cariñosas. Luego oímos unos fuertes pasos. Alguien golpeó la puerta con el puño. Mi chica se tiró rodando de la cama y se quedó echada en el suelo. Yo quería recitar la oración de los muertos, pero estaba avergonzado ante Dios, y no tanto ante Dios como ante mi adversario burlón. ¿Por qué iba a darle otra satisfacción más? Hasta los melodramas tienen un límite.

-El bruto seguía golpeando la puerta, y lo que me extrañaba era que ésta no cediera. Le daba patadas.La puerta crujía, pero aguantaba. Yo estaba aterrorizado, pero una parte de mi ser no podía contener la risa. Luego se acabó el alboroto. Otelo se había marchado.
-A la mañana siguiente llevé la pulsera de la condesa a una casa de empeño. Con el dinero que me dieron, compré a mi heroína un vestido, ropa interior y unos zapatos. Ni el vestido ni los zapatos le quedaban bien, pero todo lo que tenía que hacer era coger un taxi...siempre y cuando, naturalmente, su amante no estuviera esperándola en la escalera. Será curioso, pero el hombre desapareció esa noche y nunca más volvió a aparecer.
-Al marcharse me dio un beso y me pidió que la llamara, pero no estoy tan loco. Como dice el Talmud."No todos los días ocurre un milagro."
-Y sabe usted, Kafka, a pesar de lo joven que era, estaba poseído por las mismas inhibiciones que me atormentaban a mí en la vejez. Le estorbaban todo lo que hacía, tanto en lo relativo al sexo como a su obra. Deseaba el amor y huía de él. Escribía una frase e inmediatamente la tachaba.También Otto Weininger era así, un loco y un genio. Yo le conocí en Viena, lanzaba aforismos y paradojas. Nunca olvidaré uno de sus dichos: "Dios no creó las chinches." Es preciso conocer Viena para entender el significado de estas palabras. Pero si esto era así ¿quién creó las chinches?

-¡Mire, ahí está Bamberg! Observe cómo se contonea con las piernas tan cortas que tiene, un cadáver que se resiste a descansar en su tumba. No sería mala idea fundar un club de cadáveres insomnes.¿Por qué pasa la noche entera de aquí para allá? ¿Qué bien pueden hacerle los cabarés? Los médicos le desahuciaron hace ya años, cuando aún estábamos en Berlín.No es que eso le quitara de estar sentado en el café Romanisches hasta las cuatro de la mañana, hablando con las prostitutas. Una vez, Granat, el actor, anunció que iba a dar una fiesta -una orgía de verdad- en su casa, y entre otros invitó a Bamberg. Granat pidió a todos los hombres que llevaran una mujer, fuera su esposa o una amiga. Pero Bamberg no tenía ni mujer ni amante, así que pagó a una ramera para que le acompañara.Tuvo que comprarle un vestido de noche para la ocasión. El grupo de invitados estaba compuesto exclusivamente por escritores, catedráticos, filósofos y los habituales parásitos intelectuales. A todos se les ocurrió la misma idea que a Bamberg, pagar a una prostituta. Yo también estuve allí. Me acompañó una actriz de Praga que conocía desde hacía mucho tiempo. ¿Conoce usted a Granat? Es un salvaje. Bebe coñac como si fuera agua de Seltz y es capaz de comerse una tortilla de diez huevos. Tan pronto como llegaron los invitados, se desnudó y empezó a bailar alocadamente con las prostitutas, sólo para impresionar a sus invitados intelectuales.Al principio los intelectuales se quedaron sentados, mirando. Después de un rato empezaron a hablar de sexo...que si Schopenhauer dijo esto, Nietzsche aquello.Cualquiera que no lo hubiera presenciado, no sería capaz de imaginar lo ridículos que pueden ser esos genios. En medio de todo, Bamberg se encontro indispuesto. Se puso verde como la hierba y empezó a sudar. "Jacques", me dijo,"Me ha llegado el fin. Bonito lugar par morir".Le había dado un cólico nefrítico o biliar. Le saqué de allí medio a rastras y le llevé a un hospital. A propósito, ¿podría prestarme un zloty?

-Dos
-¡Cómo es posible! ¿Ha asaltado el Banco Polski?
-He vendido un relato.
-Enhorabuena. Cenemos juntos. Será mi invitado.

2
Mientras cenábamos, Bamberg se acercó a nuestra mesa.Era un hombre de baja estatura, demacrado como un tuberculoso, encorvado y patizambo. Llevaba zapatos de charol con medias calzas. Unos pelillos canosos brotaban de su cráneo puntiagudo. Tenía un ojo más grande que el otro...rojo, saltón, asustado ante su propia visión. Apoyó sus manos pequeñas y huesudas en nuestra mesa y dijo con su voz aguda:

-Jacques, ayer leí El Castillo de tu amigo Kafka. Interesante, muy interesante. ¿Pero qué pretende? Es demasiado largo para ser un sueño. Las alegorías deberían ser cortas.

Jacques Kohn se apresuró a tragar la comida que estaba masticando y dijo:
-Siéntate. Un maestro no tiene que seguir las reglas.
-Hay algunas reglas que hasta un maestro debería seguir. Ninguna novela debería ser más larga que Guerra y Paz. Hasta Guerra y Paz es demasiado larga. Si la Biblia constara de dieciocho volúmenes, haría mucho tiempo ya que se habría olvidado.
El Talmud tiene treinta y seis volúmenes y los judíos no lo han olvidado.
- Los judíos recuerdan demasiadas cosas, ésa es nuestra desgracia. Hace dos mil años que nos echaron de Tierra Santa y ahora estamos intentando regresar. Una locura ¿no es verdad? Si nuestra literatura fuera capaz de reflejar esa locura, sería grandiosa. Pero nuestra literatura es preferentemente cuerda. Bueno, vamos a dejarlo.

Bamberg se enderezó, frunciendo el entrecejo a causa del esfuerzo. Arrastrando los pies y con pasos cortos se alejo de la mesa. Fue hacia el gramófono y puso un disco para bailar. Todo el mundo sabía en el club de escritores que llevaba años sin escribir palabra. A la vejez estaba aprendiendo a bailar, influido por la filosofía de su amigo el doctor Mitzkin, autor de Entropía de la Razón. En ese libro el doctor Mitzkin intentaba demostrar que el intelecto humano está acabado y que la verdadera sabiduría sólo puede alcanzarse a través de la pasión.

Jacques Kohn movió la cabeza.
-Medio metro de Hamlet.Kafka tenía miedo de convertirse en otro Bamberg, por eso se destruyó a sí mismo.
-¿Le llamó alguna vez la condesa? -le pregunté
Jacques Kohn sacó el monóculo del bolsillo y lo colocó en su sitio.
-¿Y qué si lo hizo? en mi vida todo se vuelve palabras. Todo es hablar y hablar.Ésa es precisamente la filosofía del doctor Mitzkin...el hombre terminará siendo una fábrica de fabricar palabras. Comerá palabras, beberá palabras, se casará con palabras y se envenenará con palabras. Ahora que lo pienso, el doctor Mitzkin también estuvo presente en la orgía de Granat. Fue a practicar lo que predicaba, pero igual podía haber escrito La entropía de la pasión. Sí, la condesa me llama de vez en cuando. Ella también es una intelectual, pero sin intelecto. La verdad es que aunque las mujeres hacen todo lo posible por develar los encantos de sus cuerpos, saben tan poco del significado del sexo como del intelecto.

-Piense por ejemplo en Madame Tschissik. ¿Qué tuvo en toda su vida que no fuera su cuerpo? Sin embargo, pruebe a preguntarle lo que es realmente el cuerpo. Ahora es fea. Cuando era actriz en los días de Praga aún tenía algo. Vinimos a Praga a ganar un poco de dinero y nos encontramos con un genio que nos esperaba. Homo Sapiens torturándose a sí mismo en el más alto grado. Kafka quería ser un judío, pero no sabía cómo. Quería vivir, pero tampoco sabía cómo hacerlo. "Franz", le dije una vez, "eres un hombre joven. Haz lo que hacemos todos". Había un burdel en Praga que yo conocía y le convencí para que me acompañara. Él era aún virgen. Prefiero no hablar de la chica a la que estaba prometido. Estaba hundido hasta el cuello en el pantano burgués. Los judíos que formaban su círculo tenían un ideal: hacerse gentiles, y no gentiles checos, sino gentiles alemanes.En resumen, le persuadí para

que viviera conmigo esa aventura. Lo conduje a un oscuro callejón de la antigua judería y allí estaba el burdel. Subimos las sinuosas escaleras.Abrí la puerta y aquello parecía el escenario de un teatro: las prostitutas, los chulos, los clientes, la patrona. Nunca olvidaré ese momento. Kafka empezó a temblar y me tiró de la manga. Luego dio media vuelta y bajó las escaleras tan deprisa que temí que fuera a romperse una pierna.Una vez en la calle se detuvo y vomitó como un colegial.(...)


-Sí, todo no es más que una gran partida de ajedrez.Toda mi vida he tenido miedo a la muerte, pero ahora que estoy en el umbral de la tumba he dejado de temerla. Está claro, mi adversario quiere jugar lentamente. Me irá arrebatando las piezas una a una. Primero me despojó de mi atractivo de actor y me convirtió supuestamente en un escritor. Tan pronto como hubo hecho esto, me dio el bloqueo típico del escritor. La segunda jugada fue dejarme impotente. Aun así, sé que todavía le falta mucho para darme jaque mate y eso me fortalece. Si hace frío en mi habitación...pues que haga frío. Si no ceno...pues no voy a morirme por eso. Él me hace sabotaje y yo se lo hago a él.(...)

Jacques Kohn se levantó y se excusó para hacer una llamada telefónica. Yo me quedé sentado cómo a Bamberg le temblaban las piernas mientras bailaba con una dama del mundo de las letras. Tenía los ojos cerrados y la cabeza reclinada sobre el pecho de la señora como si se tratara de una almohada. Parecía estar bailando y durmiendo a la vez. Jacques Kohn tardó mucho tiempo...mucho más de lo que normalmente se trata en hacer una llamada telefónica. Cuando volvió le brillaba el monóculo que llevaba en el ojo. Me dijo:
-Adivine quién está en la otra habitación. ¡Madame Tchissik! el gran amor de Kafka.
-¿De verdad?
-Le he hablado de usted. Venga quiero presentársela.
-No.
-¿Por qué no? Merece la pena conocer a una mujer que fue amada por Kafka.
-No me interesa.
-Es usted un tímido, eso es lo que pasa. Kafka también era tímido...tan tímido como un estudiante de una yeshiva.Yo no he sido nunca tímido y quizá sea esa la razón por la que nunca he llegado a nada. Querido amigo, necesito veinte groschen más para los porteros, diez para el de este edificio y diez para el del mío. Sin dinero no puedo volver a casa.
Saqué un poco de cambio del bolsillo y se lo di.
-¿Tanto? No cabe duda de que hoy ha atracado un banco. ¡Cuarenta y seis groschen! ¡Así, sin más! Bueno, si Dios existe, le recompensará. Y si no existe ¿quién está haciendo todas estas jugadas a Jacques Kohn?


Primera parte del post: i-b-singer-y-el-amigo-de-kafka
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Editorial CATEDRA,  colección Letras Universales. Un amigo de Kafka y otros relatos debida a Pilar Alonso,que hace una buena traducción y una introducción, extensa que contextualiza al autor y la obra, como suele ser habitual en la colección.





El libro, de 470 páginas, contiene de 22 relatos y  se completa con un Glosario de términos judíos y yiddish de  utilidad para la lectura.


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domingo, 1 de marzo de 2009

I. B. SINGER y el amigo de KAFKA

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I.B. SINGER (1904-1991), es un escritor valorado por los  escritores y con lectores  fieles en todo el mundo que  leen,  releen y buscan con pasión sus libros.

Por  su obra, más o menos autobiográfica, y por su autobiografía, se sabe, que vivió circunstancias históricas extremas..., que pasó hambre y miedo, que tuvo que emigrar  y buscarse una nueva vida de escritor en un país extraño... ; para los lectores sus libros suponen una  ampliación del mundo de la experiencia, un adelgazamiento de la percepción y de las emociones que se afinan y se hacen más sutiles.

Siempre escribió en yiddish, aferrándose a sus raíces pero conociendo las últimas corrientes de la literatura y sus mayores escritores.Su hermano mayor Israel, autor de "Los hermanos Ashkenazi", al que siguió a Estados Unidos,también era escritor en yiddish, un buen escritor, pero no excepcional como él.

En su obra destaca su autobiografía," Amor y Exilio" y los libros que novelan parte de ella como "El certificado", o "Sombras sobre el Hudson", o "En el tribunal de mi padre",o los libros de cuentos como este. Sus libros están llenos de  emoción, de inteligencia, de pensamiento,ideas, conocimiento,sensibilidad, y de historias porque es un gran narrador.


 Isaac Bashevis Singer había nacido en una familia judía  en Leoncin, Polonia, en 1904, cuando el lugar pertenecía todavía al Imperio Ruso.Y perteneció a él hasta la Paz de Versalles que reorganizó, una vez más, el mapa europeo, después de la Primera Guerra Mundial.

Cuando tanía dos años,la familia se trasladó a Varsovia.Su padre era rabino y su infancia y adolescencia transcurre en una atmósfera religiosa y tradicional.Pronto se fue apartando de la ortodoxia judía  interesándose por  Platón, Aristóteles, Kant y Schopenhauer, aunque el filósofo que marcaría  su vida fuera Baruch Spinoza.

Admiraba a  Dostoievski, Maupassant, Chéjov...Ya desde joven, era racional y poético, apasionado y escéptico; un gran contador de historias con un estilo  expresivo y la  sencillez aparente pero honda que sólo  consigue el verdadero talento. 

En 1935, en plena expansión del antisemitismo nazi, emigra junto a su hermano, también escritor, que le había precedido en el exilio, a América. Nueva York será su ciudad y allí colaborará en el periódico yiddish The Jewish Daily Forward y publicará más de treinta de sus libros. 


Nunca abandonará el yiddih, esa lengua hablada por los judíos de centroeuropa en el que sobre un fondo de dialecto alemán se insertan vocablos rusos, holandeses, hebreos, ingleses...un intrincado mapa linguístico de la itinerante y dramática historia judía.


Fue un ciudadano de Nueva York y, uno de los pilares fundamentales junto con Henry Roth, de la gran literatura norteamerican de la segunda mitad del siglo XX, donde abundan y sobresalen los escritores de origen judío , aunque ya americanos,de máxima calidad literaria.

 Recibió el Premio Nobel de Literatura de 1978. La ciudad de Nueva York le ha dedicado un bulevar en Manhattan a la altura de la calle 86 Oeste, donde vivió;más tarde junto con su esposa se trasladaría a Miami donde residió hasta su muerte.





UN AMIGO DE KAFKA



"ANTES de que yo leyera a Franz Kafka, ya había oído hablar de él hacía años a su amigo Jacques Kohn, un antiguo actor de teatro yiddish. Digo "antiguo" porque cuando yo le conocí ya no actuaba. Era a principio de los años 30, y el teatro yiddish de Varsovia había empezado a perder espectadores. El mismo Jacques Kohn era un hombre enfermo y destrozado. Aunque se vestía aún como un dandi, sus ropas eran viejas. Llevaba un monóculo en el ojo izquierdo, un cuello alto pasado de moda ( de los que se conocían como "asesino de padres"), zapatos de charol y un sombrero hongo. Los cínicos del club de escritores yiddish de Varsovia que los dos frecuentábamos le habían puesto de mote "el lord".Aunque cada vez estaba más jorobado, se esforzaba con terquedad en mantener los hombros erguidos. Lo que quedaba de su otrora 
pelo rubio, lo peinaba formando un puente sobre su cráneo desnudo. Siguiendo la tradición del teatro de los viejos tiempos, recurría de vez en cuando a un yiddish germanizado, sobre todo cuando hablaba de su relación con Kafka. Últimamente había empezado a escribir artículos periodísticos, pero los editores rechazaban unánimemente sus manuscritos. Vivía en un ático en algún lugar de la calle Leszno y siempre estaba enfermo. Entre los miembros del club circulaba un chiste sobre su persona: "Pasa el día tumbado en una tienda de oxígeno y por la noche sale como un Don Juan."

Todas las tardes nos veíamos en el club. La puerta se abría lentamente para dar paso a Jacques Kohn. Parecía un célebre personaje europeo que se dignara visitar la judería. Miraba a su alrededor y hacía muecas como si quisiera indicar que el olor a arenques, ajos y tabaco barato no era de su agrado. Miraba con desdén a las mesas cubiertas de periódicos viejos, piezas de ajedrez rotas y ceniceros llenos de colillas, donde se sentaban los miembros del club que, con sus voces chillonas, hablaban sin cesar de la literatura.Kohn movía la cabeza, como si dijera: "Qué puede esperarse de unos schlemiels?[personas simplonas]Tan pronto como le veía entrar, me llevaba la mano al bolsillo y preparaba el zloti que con toda seguridad me pediría prestado.

Aquella tarde en particular, Jacques parecía estar de mejor humor que de costumbre. Sonrió mostrando sus dientes de porcelana, que no estaban bien ajustados y se movían ligeramente al hablar, y se dirigió hacia mí pavoneándose, como si estuviera en un escenario. Me ofreció su mano huesuda y de largos dedos y dijo:
-¿Qué tal se encuentra esta noche la estrella naciente?
-¿Ya empezamos?
-Lo digo en serio. En serio. Reconozco el talento cuando lo veo, aunque yo carezco de él. Cuando actuamos en Praga en 1911, nadie había oído hablar de Kafka. Él se acercó a los camerinos y tan pronto como lo vi, supe que estaba en presencia de un genio. Pude olerlo como un gato huele a un ratón. Así fue como empezó nuestra gran amistad.

Yo había oído contar esa historia muchas veces y de muchas formas , pero sabía que tendría que escucharla otra vez. Se sentó a mi mesa, y Manya, la camarera, nos trajo unos vasos de té y unas pastas. Jacques Kohn arqueó las cejas sobre sus ojos amarillentos, inyectados en sangre. Su expresión parecía decir: "¿A esto llaman té estos bárbaros?. Echó cinco terrones de azúcar en su vaso y lo removió, haciendo girar hacia afuera la cucharilla de lata. Con los dedos pulgar e índice, este último con la uña más larga de lo común, partió un trocito de pasta, se lo metió en la boca y dijo: Nu ja, que quiere decir, no es posible alimentarse del pasado.

Todo era teatro. Él procedía de una familia jasid que vivía en una de las pequeñas ciudades polacas. No se llamaba Jacques, sino Jankel. Sin embargo, era cierto que había pasado muchos años en Praga, Viena, Berlín y París.No siempre había sido actor del teatro yiddish, también había actuado en Francia y Alemania. Había participado en una producción de Reinhardt,y había tomado aperitivos con Piscator. Me había enseñado cartas que había recibido no sólo de Kafka, sino también de Jakob Wassermann, Stefan Zweig, Romain Rolland, Ilya Ehrenburg, y Martin Buber. Todos le llamaban por su nombre. Cuando empezamos a conocernos mejor, me enseñó incluso fotografías y cartas de actrices famosas con las que había tenido aventuras.

Para mí, "prestarle" un zloti a Jacques Kohn era como entrar en contacto con la Europa Occidental. Hasta la forma que tenía de llevar su bastón, cuyo mango era de plata, me parecía exótica. Incluso los cigarrillos los fumaba de manera distinta a como lo hacíamos en Varsovia. Sus modales eran distinguidos. si en alguna ocasión, poco frecuente, me hacía algún reproche, siempre me dedicaba con elegancia algún cumplido para no herir mis sentimientos. Pero lo que más admiraba yo de Jacques Kohn era su forma de tratar a las mujeres. Yo era tímido con las chicas -me sonrojaba, me azaraba cuando estaba delante de ellas-, pero Jacques Kohn se mostraba seguro como un conde. Tenía algo que decir a la mujer menos atractiva. A todas halagaba, usando un tono de ironía bien intencionada y afectado la actitud de un hedonista que está de vuelta de todo.

A mí me hablaba con franqueza:
-Mi joven amigo, la verdad es que soy impotente. Todo empieza cuando se desarrolla un gusto superrefinado.Cuando uno tiene hambre, no necesita mazapán ni caviar. Yo he llegado a un punto en que no encuentro verdaderamente atractiva a ninguna mujer. Ningún defecto me pasa desapercibido. Eso es impotencia. Veo a través de vestidos y corsés. Ya no me embaucan ni las pinturas ni los perfumes. Yo no tengo dientes, pero una mujer no tiene más que abrir la boca y ya he localizado todos sus empastes. Casualmente ese era también el problema de Kafka a la hora de escribir: veía todos los defectos, los suyos y los de los demás. Casi toda la literatura la producen plebeyos y chapuceros como Zola y D'Annuncio. En teatro, yo encontraba los mismos defectos que Kafka veía en literatura y eso nos acercaba. Pero, por extraño que resulte, cuando llegaba la hora de juzgar el teatro, Kafka estaba completamente ciego. Ponía nuestras vulgares obras yiddish por las nubes. Se enamoró perdidamente de una comicastra, Madame Tschssik. Cuando pienso que Kafka amaba a esa criatura, soñaba con ella, me avergüenzo del hombre y de sus ilusiones. Cierto, la inmortalidad no es quisquillosa. Todo el que por casualidad entra en contacto con un gran hombre, camina junto a él hacia la inmortalidad, a menudo con pasos torpes.

-¿No me preguntó usted en alguna ocasión qué me hace seguir en la brecha, o acaso son imaginaciones mías? ¿De dónde saco fuerza para combatir la pobreza, la enfermedad y lo que es peor , la deseperación? Ésa es una buena pregunta, amigo mío.Yo también me hice la misma pregunta cuando leí por primera vez el Libro de Job. ¿Por qué seguía Job viviendo y sufriendo? ¿Para tener al final más hijas, más burros , más camellos? No. La respuesta es que lo hacía por el juego en sí. Todos jugamos al ajedrez con nuestro Destino como oponente.Él mueve una pieza, nosotros movemos otra. Intenta darnos jaque y mate en tres jugadas; nosotros intentamos impedirlo. Sabemos que no podemos ganar, pero algo nos empuja a luchar contra él. Mi oponente es un ángel muy duro. Lucha contra Jacques Kohn utilizando todas sus artimañas. ahora es invierno  hace frío hasta con la estufa encendida, pero hace meses que mi estufa no funciona y el casero se niega a arreglarla. Además, yo tampoco tendría dinero para comprar carbón. En mi habitación hace tanto frío como en la calle. Si usted no ha vivido en un ático no conoce la fuerza del viento. Los cristales de la ventana de mi habitación se mueven hasta en verano. A veces un gato se encarama en el lado del tejado que está junto ami ventana y se pasa toda la noche gimiendo, como si fuera una mujer que  de parto. Allí estoy yo,congelado bajo las mantas, y el gato aullando por otro gato, o a lo mejor todo lo que le pasa es que tiene hambre. Podría darle un poco de comida para apaciguarlo, o echarlo; pero, para no morir de frío, me cubro con todos los trapos, incluidos periódicos viejos...y el más mínimo movimiento basta para que todo se desbarate.


-Y aun así, si juega al ajedrez, querido amigo, es preferible jugar con un adversario que merezca la pena a jugar con un chapucero. Yo admiro a mi oponente. A veces me encanta su ingenuidad. Está sentado ahí arriba, en su oficina del tercero o del séptimo cielo, en ese departamento de la Providencia que gobierna nuestro planeta, y no tiene otro cometido que atrapar a Jacques Kohn. Estas son las instrucciones que ha recibido: "Rompe el barril, pero no dejes que se derrame el vino." Y eso exactamnete es lo que hace.Cómo consigo mantenerme vivo es un milagro. Me avergüenzo de decirte los medicamentos que tomo, las pastillas que trago. Tengo un amigo farmaceútico, si no fuera por él no podría costeármelas.Antes de acostarme las tomo una detrás de otra, en seco. Si bebo, tengo que orinar. Tengo un problema de próstata y, aun con las precauciones que tomo,me veo obligado a levantarme varias veces durante la noche. En la oscuridad, las categorías de Kant no valen para nada. El tiempo deja de ser tiempo y el espacio deja de ser espacio. Tienes algo en la mano y de repente se esfuma. Encender la lámpara de gas que tengo no es tarea fácil. Las cerillas me desaparecen continuamente. Los demonios pululan por el ático. De vez en cuando interpelo a alguno:"¡Oye tú, Vinagre, hijo del Vino, por qué no dejas ya de una vez tus asquerosos trucos!".

-Hace algún tiempo, a medianoche, escuché unos golpes en la puerta y una voz de mujer. No sabría decir si lloraba o reía. "¿Quién podrá ser?", me pregunté.-"¿Lilith? ¿Namah? ¿Machlath?, la hija de Ketev M'riri?". En voz alta, grité, "Señora, se equivoca." Pero ella siguió golpeando la puerta. Luego escuché un gemido y que alguien se caía. No me atrevía a abrir la puerta. Empecé a buscar las cerillas y resulta que las tenía en la mano. Por fin me levanté,encendí la lámpara de gas y me puse la bata y las zapatillas. Vi de refilón mi imagen en el espejo y me asusté al verme. Tenía la cara verde y sin afeitar. Por fin abrí la puerta y encontré una mujer joven, descalza,que vestía un abrigo de marta sobre un camisón de dormir. Estaba pálida, con el pelo largo y rubio muy despeinado. Dije:
-Señora, ¿qué ocurre?
-Alguien ha intentado matarme hace un momento. Le pido por favor que me deje entrar. Solo quiero quedarme en su habitación hasta que amanezca.
-Quería preguntarle quién había intentado matarla, pero vi que estaba helada. Probablemente también bebida. La dejé pasar y me di cuenta de que llevaba en la muñeca una pulsera de grandes diamantes.
-No tengo calefacción en la habitación -le dije
-Es mejor que morir en la calle."



[...y  la narración sigue:


continuación y final del relato: i.b.singer-y-un-amigo-de-kafka-II-y-final