Bruce Nauman, California,1941.



sábado, 7 de junio de 2008

Ernest Hemingway, habla de literatura, THE PARIS REVIEW, 1954

DE LA  ENTREVISTA EN  THE PARIS REVIEW REALIZADA  EN 1954 POR GEORGE PLIMPTON.

HEMINGWAY CONOCÍA MUY BIEN LA IMPORTANCIA DEL ESTILO EN  ESCRITURA Y EN OTROS ASPECTOS DE LA VIDA . POR ELLO PUDO DECIR QUE "EL VALOR ES CONSERVAR EL ESTILO EN LOS MOMENTOS DIFÍCILES". 

HABÍA NACIDO EN ILLINOIS EN 1899 Y DECIDIÓ MORIR EN IDAHO EN 1961. SU LIBRO PÓSTUMO SE TÍTULO CON LA FRASE QUE ESCRIBIÓ A UN AMIGO REFIRIÉNDOSE A LOS AÑOS PASADOS EN PARIS COMO " A MOVEABLE FEAST."


La Habana: arriba con Fidel, mayo 1960, concurso anual de pesca. debajo en su casa cubana.Era el primer año de Castro en el poder y el último de vida de Hemingway.
"Ernest Hemingway escribe en el dormitorio de su casa en el suburbio habanero de San Francisco de Paula. (...)
Desde el principio, Hemingway adquirió un hábito: escribir de pie. Se coloca, calzado con un par de sus desmesuradas pantuflas, sobre una gastada piel de Lesser Kudu, con la máquina de escribir y el atril frente a él.(...)

Controla sus progresos diarios ("para no engañarme a mí mismo") sobre una amplia carta hecha con una caja y situada contra la pared, debajo de la nariz de una cabeza de gacela. Los números de la carta muestran la producción diaria en palabras y varían entre 450, y 575,462, 1250, de regreso a 512; las cifras más altas corresponden a los días en que Hemingway trabaja adiccionalmente para no sentirse culpable por pasar el día siguiente pescando en la Corriente del Golfo.(...) 

...libros apilados sobre el escritorio, junto a mesas, encumbrando los estantes sin orden ninguno: novelas, historias, colecciones de poemas, teatro, ensayo.(...) 
Sin embargo, la habitación, debido a todo el desorden a primera vista, señala al inspeccionarla que su dueño es básicamente limpio pero tampoco soporta deshacerse de nada, especialmente de las cosas con valor sentimental. Una de las cubiertas de las librerías tiene un extraño surtido de recuerdos: una jirafa hecha con cuentas de madera, una pequeña tortuga de acero forjado, maquetas de locomnotoras, dos jeeps y una góndola veneciana, un oso de juguete con una llave en la espalda...(...). 
Sin embargo resulta evidente que estos objetos tiene su valor, al igual que tres cuernos de búfalo, que Hemingway conserva en su habitación, tiene un valor que depende, no de su tamaño, sino que al detenerlos, las cosas no fueron muy bien en la selva y, finalmente, terminaron bien. "Me pongo alegre al verlos", dice él.(...) 

A resultas de ello, a pesar de ser un conversador maravilloso, un hombre de mucho humor y múltiples conocimientos sobre temas que le interesan, Hemingway tiene dificultades para hablar de literatura; no por falta de ideas al respecto, sino más bien porque está convencido de que esas ideas no hay que expresarlas, porque hablar de ellas le "asusta" (para emplear una de sus expresiones favoritas) hasta el punto de no poder articular palabra.(...) El tono picante en que ocasiones tiene las respuestas también forma parte de esta poderosa sensación de que escribir es una actividad privada, solitaria, que no necesita de testigos sino hasta que se ha llegado al producto final.(...) 

Además de disfrutar obviamente de la vida, Hemingway se entrega con la misma energía en todo lo que hace; tiene un concepto de la vida esencialmente serio, siente horror por lo inexacto, por lo fraudulento, por lo decepcionante, por las cosas a medias. 



P.: ¿Le parecen agradables las horas que pasa escribiendo?
R.: Sí, mucho

P.: ¿Podría hablarno de este proceso? ¿a qué horas trabaja? ¿Lleva usted un programa estricto?
R.: Cuando trabajo en un libro o en un cuento, escribo todas las mañanas lo más temprano posible. No hay nadie que me moleste y si hace fresco o frío, me siento a trabajar y me voy calentando a medida que escribo. Leo lo que he escrito y, como siempre, me detengo cuando sé lo que va a pasar después, continúo desde ahí. Escribo de una tirada y paro cuando sé lo que va a pasar después e intento vivir hasta el día siguiente en que me vuelvo a poner delante del escritorio. Empiezo a las seis de la mañana, y puedo continuar hasta el mediodía o puedo haber terminado para esa hora. Cuando uno se detiene se siente vacío y, al mismo tiempo, lleno, como cuando se hace el amor con alguien a quien se ama. Nada puede hacerte daño, no puede sucederte nada, nada tiene significado hasta el día siguiente cuando te pones de nuevo a escribir. Lo difícil es la espera hasta el día siguiente. 

P.: ¿Puede usted desechar el proyecto en el que trabaja cuando no está ante la máquina de escribir?
R.: Por supuesto. Pero se necesita disciplina para hacerlo y esta disciplina se adquiere. Hay que tenerla.

P.: ¿Realiza usted algunas correcciones cuando vuelve a leer lo escrito en la víspera? ¿O lo hace después cuando ya ha terminado todo el libro? 
R.: Siempre corrijo hasta el lugar en donde me detuve el día anterior. Naturalmente, cuando he terminado vuelvo a corregir. Cuando alguien lo pasa a máquina y uno ve la obra en limpio, siempre se tiene una nueva oportunidad de corregir y aumentar. La última oportunidad es en las pruebas. Hay que estar agradecido por estas diferentes oportunidades. 

P.: ¿Corrige o añade mucho?
R.: Depende, tuve que escribir el final de Adiós a las armas, la última página, treinta y nueve veces antes de sentirme satisfecho. 

P.: ¿Había algún problema técnico en el pasaje? ¿Qué le hizo que se atascara?
R.: Escribir las palabras correctas.

P.: ¿Obtiene su inspiración al volver a leer lo escrito anteriormente?
R.: Al volver a leer, uno llega hasta el punto que tiene que llegar, sabiendo que es lo mejor que uno puede hacer hasta ahí. Siempre hay inspiración en algún lugar.

P.: Pero ¿hay momentos en los que no tenga ningún tipo de inspiración?
R.: Naturalmente.Pero si uno se detiene sabiendo lo que va a suceder después, se puede continuar. Mientras se pueda empezar todo va bien. La inspiración viene sola.(...)

P.: ¿Es necesario tener una estabilidad emocional para escribir bien? Usted me dijo en una ocasión que sólo podía escribir bien cuando estaba enamorado. ¿Podría extenderse un poco sobre este aspecto?
R.: Vaya pregunta. Pero la intención es buena. Uno puede escribir si los demás lo dejan solo y no lo interrumpen. O más bien, si uno es lo suficientemente descortés para que lo hagan. Pero sin duda se escribe mejor cuando se está enamorado. Si no le importa no me gustaría extenderme más sobre esta cuestión. 

P.: ¿Qué puede decirnos de la seguridad económica? ¿Puede dañar la buena literatura?
R.: Si llega suficientemente pronto y uno ama la vida tanto como su trabajo, se requiere mucho carácter para resistir las tentaciones. Una vez que la literatura se ha convertido en nuestro mayor vicio y nuestro mayor placer, sólo la muerte puede detenerla. En este caso la seguridad financiera es una gran ayuda, ya que uno no se preocupa de ella.Las preocupaciones destruyen la capacidad de escribir[¿y Dostoievski, Balzac...?*]. La mala salud es nociva en la medida en que produce preocupación , atacando al subconsciente y destruyendo las reservas. 

P.: ¿Puede usted acordarse del momento exacto en que decidió convertirse en escritor?
R.: No, siempre quise ser escritor.(...)

P.: En su opinión, ¿ cuál sería la mejor educación intelectual que puede recibir un futuro escritor?
R.: Digamos que debería salir y colgarse porque se dio cuenta que escribir bien es tremendamente difícil. Luego debería ser descolgado con misericordia y él mismo debería obligarse a escribir lo mejor posible para el resto de su vida. Al menos así tendría la historia del ahorcamiento para empezar.(..)

P.: En el París de los años veinte, ¿tenía la sensación de formar parte de un "grupo" junto a otros escritores y artistas?
R.: No. No había sensación de grupo. Sentíamos un gran respeto mutuo. Yo respetaba a muchos pintores, algunos de mi edad, otros mayores: Gris, Picasso, Braque, Monet que aún vivía en ese entonces, y unos cuantos escritores: Joyce, Ezra (Pound) lo bueno de Stein...

P.: Cuando escribe, ¿encuentra usted alguna influencia de lo que está leyendo en ese momento?
R.: No desde que Joyce estaba escribiendo el Ulysses.La suya no fue una influencia directa. Pero en ese tiempo, cuando se nos prohibió emplear las palabras que conocíamos y debíamos luchar por encontrar una sola palabra, la influencia de su obra lo cambió todo y nos permitió escapar a las
restricciones.

P.:¿ Se puede aprender algo sobre literatura de los escritores? Ayer usted me decía que Joyce, por ejemplo, no podía soportar hablar sobre literatura. 
R.: En compañía de personas de nuestro mismo oficio, por lo general hablamos de los libros de otros escritores. Mientras mejores escritores son, menos hablan de lo que han escrito ellos mismos. Joyce era un gran escritor y había que sacarle a tirones la información sobre lo que estaba haciendo. Los otros escritores que él respetaba tenían que conocer lo que hacía leyéndolo. 

P.: Usted parece haber evitado la compañía de otros escritores en los últimos años. ¿Por qué?
R.: Eso es más complicado. Mientras más se avanza en literatura, más solo se encuentra uno. La mayoría de tus mejores y más viejos amigos mueren. Otros se van a otro lugar. Uno no los ve más que en raras ocasiones, pero al escribir, tienes el mismo contacto con ellos como si estuviéramos juntos en el café de los viejos tiempos.Se intercambian cartas cómica, a veces, alegres, obscenas e irresponsables, y esto resulta casi como charlar. Pero uno está más solo porque así hay que trabajar y porque el tiempo para trabajar es cada vez más corto y si lo malgastas sientes que has cometido un pecado imperdonable. 

P.: ¿Qué podría decirnos usted de la influencia que ejercieron sus contemporáneos en su obra? ¿En qué contribuyó Gertrude Stein? ¿O Ezra Pound? ¿O Max Perkins? 
R.: Lo siento pero no soy nada bueno para este tipo de obituarios.Existen oficiales literarios y no literarios encargados de estos asuntos. Gertrude Stein escribió bastante y con considerable inexactitud sobre su influencia sobre mi obra.Ella tenía que decirlo después de haber aprendido a escribir diálogos en un libro llamado The Sun Also Rises. Yo le tenía mucho aprecio y pensaba que era maravilloso que ella hubiera aprendido a esccribir conversaciones. Para mí no era nada nuevo aprender de cualquier persona, viva o muerta, y no tendría idea de que afectaría a Gertrude tan violentamente. Ella ya escribía muy bien de otras maneras. Ezra era extremadamente inteligente en los temas que conocía de verdad. ¿No le aburre este tipo de conversación? Estos chismes literarios de trastienda para lavar la ropa sucia de hace treinta y cinco años me disgustan.Habría sido diferente si alguién hubiera intentado decir toda la verdad. Eso habría tenido algún valor.Aqui resulta más simple y mejor agradecer a Gertrude todo lo que aprendí de ella sobre la relación abstracta de las palabras, decir que la apreciaba mucho, reafirmar mi lealtad a Ezra como gran poeta y fiel amigo, y decir que tenía tanto afecto a Max Perkins, que nunca he podido aceptar la idea de que está muerto.(...) Para mi no era un editor. era un amigo sabio y un maravilloso compañero. Me gustaba su manera de llevar el sombrero y el extraño modo en que movía los labios. 

P.: ¿Quiénes diría usted que son sus antecesores, las personas de las que más ha aprendido?
R.: Mark Twain, Flaubert, Stendhal, Bach, Turguenev, Tolstoi, Dostoyevski, Chejov, Andrew Marvell, John Donne, Maupassant, lo bueno de Kipling, Thoreau, el capitán Marryat, Shakespeare, Mozart, Quevedo, Dante, Virgilio, el Tintoretto, Jerónimo Bosch, Brueghel, Patinir, Goya, Giotto. Cézanne, Van Gogh, Gauguin, San Juan de la Cruz, Góngora...me tomaría todo el día pensar en todos. Además parecería como si pretendiera ser un erudito y no lo soy; en lugar de eso intento recordar todas las personas que han tenido una influencia sobre mi vida y obra. Esta no es una pregunta trillada. Es muy buena pero es una pregunta solemne y requiere un examen de conciencia. Incluí algunos pintores o comencé a hacerlo, porque he aprendido tanto sobre escritura de los pintores como de los escritores. Se preguntará cómo es esto; Me tomaría otro día explicárselo. Yo diría que resulta obvio que uno aprende de los compositores por lo que se refiere al estudio de la armonía y el contrapunto. (..) 

P.: ¿Ha vuelto a leer a alguno de los autores que ha mencionado? ¿A Mark Twain, por ejemplo?
R.: Por lo que respecta a Twain, habrá que esperar dos o tres años. Lo recuerdo muy bien. Cada año leo algo de Shakespere, el Rey Lear siempre. Me pongo contento al leelo.

P.: Entonces, para usted la lectura es una ocupación y un placer constantes.
R.: Siempre leo tanto como puedo. Raciono mis libros para tener siempre provisiones.(..)

P
.: ¿Piensa en los títulos de sus libros mientras los escribe?
R.: No, hago una lista de títulos después de haber terminado el cuento o el libro; a veces hasta cien. Luego empiezo a eliminar, en ocasiones todos.(...)

P.: Finalmente, una pregunta fundamental: ¿en tanto que escritor creativo cuál cree usted que es la función de su arte? ¿Por qué una representación del hecho, en lugar del hecho mismo?
R.: ¿Por qué preguntarse eso? De todas las cosas que han sucedido y de todas las cosas tal y como existen, y de todas las cosas que uno sabe, se hace algo a través de la invención, algo que no es una representación sino una cosa totalmente nueva, más real que cualquier otra cosa verdadera y viva, y uno le da vida, y si se hace suficientemente bien, se le da inmortalidad. Es por eso que yo escribo y por ninguna otra razón. Pero ¿qué sucede con todas las otras razones que uno conoce?. 



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