Bruce Nauman, California,1941.



lunes, 14 de julio de 2008

LA PROSA LUMINOSA DE SYLVIA PLATH: La Campana de Cristal.

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Sylvia Plath , Boston  1932 - Londres  1963,  conoció pronto el  éxito y el dolor ; su infancia quedó marcada por la temprana muerte del padre y más tarde sufriría periodos depresivos intensos. En el primer año de universidad, tuvo un intento de suicidio. Fue tratada en una institución psiquiátrica (Hospital McLean) y tras parecer recuperarse, se graduó brillantemente en 1955.

Obtuvo una beca Fulbright para estudiar en Cambridge, donde conocío al poeta inglés Ted Hughes con quien se casó. La relación fue tormentosa debida a las infidelidades de Hughes y dramatizada, posiblemente, por la enfermedead de Sylvia.  Sus  dos hijos Frieda y Nicholas eran muy pequeños cuando su madre, una mañana de febrero,después de disponer cuidadosamente el desayuno de los niños, se suicidó asfixiándose en el horno de gas.

En 1982 recibiría un Pulitzer póstumo por Poemas completos.

En la novela La Campana de Cristal (The Bell Jar,1963), de marcado tinte autobiográfico, escrita con   prosa brillante y  sencilla, logra imágenes de expresividad y frescura  notables.

La Campana de cristal,  editada por Edhasa.

























Una página  cualquiera del libro  muestra la calidad de la  prosa y el interés del relato:

"Era un verano extraño, sofocante, el verano en que electrocutaron a los Rosenberg y yo no sabía qué estaba haciendo en Nueva York. Les tengo manía a las ejercuciones. La idea de ser electrocutada me pone mala, y eso era lo único que se podía leer en los periódicos, titulares que como ojos saltones me miraban fijamente en cada esquina y en cada entrada al Metro, mohosas e invadidas por el olor de los cacahuetes. No tenía nada que ver conmigo, pero no podía evitar preguntarme qué se sentía al ser quemado vivo de la cabeza a los pies
Pensé que debía ser la cosa más terrible del mundo. 
Nueva York era bastante desagradable. A las nueve de la mañana la falsa frescura campestre que de algún modo rezumaba durante la noche, se evaporaba como la parte final de un dulce sueño. Color gris espejismo en el fondo de sus desfiladeros de granito, las calles calientes reverberaban al sol, mientras las capotas de los coches se chamuscaban y brillaban y el polvo seco y ceniciento se metía en los ojos y en la garganta. 
Seguí oyendo hablar de los Rosenberg por la radio y en la oficina hasta que ya no pude apartarlos de mi mente. Era como la primera vez que vi un cadáver.[-]
Sabía que algo raro me pasaba ese verano porque lo único en lo que podía pensar era en los Rosenberg y en lo estúpida que había sido al comprar toda esa ropa cara e incómoda que colgaba floja como pescado en mi armario, y en cómo todos los pequeños éxitos tan alegremente acumulados en el colegio se apagaban hasta quedar reducidos a nada ante las fachadas de mármol pulido y grandes ventanales de Madison Avenue. 
Se suponía que lo estaba pasando como nunca.
Se suponía que yo era la envidia de millares de otras universitarias quienes no deseaban otra cosa que andar tropezando en esos mismos zapatos de charol negro, número siete, que yo había comprado en Bloomingdale, en la hora del almuerzo, junto con un cinturón de charol negro y un bolso de charol negro que hacían juego. Y cuando mi fotografía apareció en la revista para la cual trabajábamos las doce -tomando martinis, con un cuerpo de vestido más bien corto en imitación de lamé plateado, sobre una grande, enorme nube de tul blanco, en cualquiera de los Starlighe Roofs, en compañía de unos cuantos jóvenes anónimos con estructura ósea de atletas norteamericanos, contratados o prestados para la ocasión- , todo el mundo debió de pensar que yo estaba en el centro de un verdadero torbellino."




PLATH.S.: La campana de Cristal. Edhasa. Colección diamante.
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