Bruce Nauman, Indiana,1941.



martes, 6 de diciembre de 2022

NAVIDAD 2022


paisaje de Siberia


En el aire, la helada y olor a pino.
Vestiremos algodón y pieles.
Para vagar cargados con nuestras nieves
más vale un reno que un camello.

En el Norte* se cree en un Dios
que es como el vigilante de esa prisión
donde nos molieron las costillas a todos,
y hay quien dice que fue poco.

En el Sur. donde el posos blanco es raro,
se cree en Cristo, Él mismo un fugitivo
que nació en el desierto, en la arena, en el heno,
y que murió, dicen, fuera de casa.

Celebremos hoy con pan y vino
la vida transcurrida al raso bajo el cielo,
para no caer, estando en él, presos
de la tierra. porque en él hay más sitio.
                                      Diciembre de 1994

*En ruso la palabra SEVER ("Norte") viene de la misma raíz que la palabra Siberia (n.t.)

Joseph Brodsky, "Poemas de Navidad",Visor,2006


martes, 18 de octubre de 2022

Bernard MALAMUD "Lluvia de Primavera"

 



Sobre Bernard Malamud (Nueva York , 1914-1986)   Philip Roth - en El oficio:un escritor,sus colegas y sus obras- dice   que es  el autor de  "...los cuatro o cinco  mejores relatos cortos norteamericanos que he leído (ni leeré) nunca." 

Y Bernard Malamud en la entrevista que le hizo Daniel Stern para The Paris Review en 1975 (Acantilado) añade   varios aspectos sobre sí mismo que ayudan a abocetar una autobiografía de urgencia:

...Las películas estimulaban mi imaginación. Como escritor aprendí mucho de Charlie Chaplin.
P.: ¿Qué aprendió de Chaplin en concreto?
R.: Digamos que el ritmo, la energía de la comedia, la discreta presencia de lo cómico, ese genial distanciamiento...,la combinación de lo cómico con lo melancólico, el efecto sorpresa.

[sobre haber escrito y trabajado como profesor durante 35 años]
Uno aprende de lo que enseña y de aquellos a quienes enseña. En 1942 conocí a mi mujer y nos casamos en 1945.
...se puede enseñar a escribir a quien tiene talento
El secreto es crear tiempo -no robarlo- y producir ficción

P.:¿La humanidad? ¿Insinúa con eso que el arte es moral?
R.:(...) La moralidad empieza por reconocer el carácter sagrado de la vida propia -y por tanto, de las de los demás, incluso la de Hitler-y tomar conciencia del privilegio de estar en este cosmos prodigioso, preguntándonos  por qué gozamos de dicho privilegio. El arte en esencia, celebra la vida y nos da nuestra medida como seres humanos.

R.:Yo soy estadounidense y judío. Y escribo para todo el mundo...escribo sobre judíos -cuando lo hago- porque estimulan mi imaginación: sé algo de su historia, sus experiencias, sus creencias y su literatura...
...estoy influenciado por la Biblia, por ambos Testamentos...
...como autor me han influido más Hawthorne, James, Twain, y Hemingway que Sholem Aleijem e I.L Peretz...también autores a los que admiro mucho, como Dostoievski o Chéjov, por ejemplo....

P.:Volvamos a Fidelman. Parece que le gusta escribir sobre pintores.
R.:Conozco a unos cuantos. Me gusta mucho la pintura.
P.:¿Rembrandt y quién más?
R.:Demasiados como para enumerarlos, pero entre los modernistas me gustan mucho Cézanne, Monet, y Matisse.

Lluvia de primavera , 1942, no es uno de los cuentos que cita Philip Roth en su relato de la amistad con Malamud  pero la sencillez aparente no impide que quede dentro y golpee de vez en cuando como las puertas  mal cerradas  a la menor ráfaga de aire. El Dependiente, su célebre segunda novela fue publicada en 1957. La entrevista para   The Paris Review pidió a la revista  posponerla hasta que cumpliera sesenta años.






LLUVIA DE PRIMAVERA


George Fisher seguía despierto en la cama, pensando en el accidente que había visto en la calle Ciento Veintiuno. Un automóvil había a tropellado a un joven, y habían llevado al chico al drugstore de Broadway. El dependiente no pudo hacer nada por él, así que esperaron a la ambulancia. El joven estaba tendido en la mesa del dependiente, en la trastienda, con la mirada fija en el techo. Sabía que iba a morir.
    A George la daba muchísima pena el joven, que parecía rondar los treinta años.La actitud estoica con que este se tomaba el accidente lo convenció de que era una persona de gran carácter. Sabía que no temía a la muerte y quería hablar con él y decirle que él tampoco tenía miedo a morir pero sus labios finos no llegaron a formar tales palabras.George se fue a casa ahogado en palabras no dichas.



    Mientras estaba echado en la cama de su habitación a oscuras, George oyó como su hija Florence, introducía la llave en la cerradura.Oyó que le susurraba a Paul:
    -¿Quieres entrar un momento?
    -No-dijo Paul- mañana tengo clase a las nueve.
    -Entonces buenas noches -contestó Florence y cerró la puerta con fuerza.
    Este es el primer chico decente con el que sale, y no puede conseguir nada con él, se dijo George. Florence es como su madre. No sabe manejar a la gente decente. George levantó la cabeza y miró a Beatie, como esperando que se despertara por lo fuertes que sonaban sus pensamientos, pero ella no se movió.
    George tenía una de sus noches de insomnio. Le sucedía después de acabar de leer una novela interesante y se quedaba despierto  imaginando que todas esas cosas le pasaban a él. Cuando se desvelaba George pensaba en cuanto le había sucedido durante el día, y decía las palabras que la gente veía en sus labios, pero que nunca le oía pronunciar. Le decía al joven moribundo:"Yo tampoco tengo miedo a morir". Le decía a la heroína de la novela: "Entiendes mi soledad. Puedo contarte estas cosas".Les decía a su mujer y a su hija lo que pensaba de ellas.
    "Beatie -dijo- una vez me hiciste hablar, pero no fuiste tú. Fue el mar y la oscuridad, y el sonido del agua lamiendo las vigas del embarcadero. Todas esas cosas poéticas que dije acerca de lo solos que se sienten los hombres...las dije porque eras guapa, tenías el pelo rojo oscuro, y yo tenía miedo porque era un hombrecillo de labios finos, y me asustaba no poder conseguirte. Tú no me amabas, pero dijiste que sí por Riverside Drive y tu apartamento  y tus dos abrigos de pieles y la gente que viene a casa a jugar al bridge y al mah-jong."
    Le dijo a Florence:"Cómo me has decepcionado. Te quería cuando eras pequeña, pero ahora eres egoísta y mezquina. La última pizca de cariño que te tenía desapareció cuanudo no quisiste ir a la universidad. Lo mejor que has hecho en tu vida es traer a un chico instruido como Paul a casa, pero no creo que lo conserves."
    George siguió hablando para sí hasta que la primera luz todavía gris del alba de abril se deslizó en la habitación y dibujó con más nitidez la silueta  de Beatie, en la otra cama. Entonces George se volvió y durmió un rato.
    Por la mañana,  mientras desayunaban, le preguntó a Florence:
    -¿Lo pasaste bien?
    -Oh, déjame en paz -contestó Florence.
    -Déjala en paz -dijo Beatie-.Ya sabes que por la mañana siempre anda de mal humor.
    -No estoy de mal humor -replicó Florence, casi gritando-.Es Paul. Nunca me lleva a a ninguna parte.
    -¿Qué hicisteis anoche? -preguntó Beatie.
    -Lo mismo de siempre -contestó Florence-. Dimos un paseo. Ni siquiera consigo llevarlo al cine.
    -¿Tiene dinero? -preguntó Beatie-. a lo mejor trabaja para poder ir a la universidad.
    -No -dijo Florence-, tiene dinero. Su padre es un hombre de negocios importante. Oh, ¿y de qué me sirve? Nunca consigo que me lleve a ninguna parte.
    -Ten paciencia -le dijo Beatie-.La próxima vez tu padre o yo se lo sugeriremos.
    -Conmigo no cuentes -advirtió George.
    -Me da igual -contestó Beatie-, ya se lo diré yo.
    George se tomó el café y se marchó.
Cuando llegó a casa  a la hora de la cena, había una nota para él que decía que Beatie tenía que ir a Forests Hills a jugar al bridge y Florence había quedado con una amiga para ir al cine. La doncella le sirvió la cena y luego George se fue a la sala de estar a leer ,los periódicos y escuchar las noticias de la guerra.
    Sonó el timbre. George se levantó y llamó a la doncella, que venía de su habitación para que abriera.Era Paul;llevaba un sombrero viejo y un impermeable mojado sobre los hombros.
    George se alegró de que Florence Y Beatie no estuvieran.
    -Entra, Paul. ¿Está lloviendo?
    -Llovizna.
Paul entró sin quitarse el impermeable.
    -¿Dónde está Florence? -preguntó.
-Ha ido al cine con una amiga. Su madre está jugando a bridge o al mah-jong no sé dónde. ¿Sabía Florence que ibas a venir?
    -No, no lo sabía.
    Paul parecía decepcionado. Se encaminó hacia la puerta.
    -Bueno, lo siento -dijo George, con la esperanza de que el chico se quedara.
    Cuando Paul llegó a la puerta se volvió.
    -Señor Fisher.
    -Sí -dijo George.
    -¿Está ocupado en este momento?
    -No.
    -¿Le gustaría dar un paseo conmigo?
    -¿No has dicho que estaba lloviendo?
    -No es más que lluvia de primavera -contestó Paul-.Póngase el impermeable y un sombrero viejo.
    -Sí -dijo George-, un paseo me irá bien.
    Fue a su habitación a por un par de zapatos de suela de goma. Mientras se los ponía, sintió cierta emoción,pero no pensó en ello. Se puso el impermeable negro y el sombrero del año anterior.
    Nada más poner el pie en la calle y sentir la fría niebla en la cara, George sintió que aquella emoción le recorría el cuerpo. Cruzaron la calle, pasaron junto a la tumba de Grant y se dirigieron hacia el puente de George Washington.
    En el cielo flotaba una niebla blanca que se aferraba a las farolas. Un viento húmedo cruzaba el oscuro Hudson procedente de Nueva Jersey, impregnado del olor de la primavera. A veces el viento le metía a George la fría niebla en los ojos y le daba una sacudida, como si fuera electricidad. Caminaba a largas zancadas para no quedarse rezagado, y en el fondo disfrutaba de aquello. Le entraron ganas de llorar, pero no quiso que Paul se diera cuenta.
    Paul estaba hablando. Le contaba historias de sus profesores de Columbia y George se reía. Entonces Paul sorprendió a George al decirle que estudiaba arquitectura. Señaló diversos detalles de las casas junto a las que pasaban y cuál era su origen. George estaba muy interesado. Siempre le gustaba saber de dónde procedían las cosas.
    Aminoraron el paso, esperando que el tráfico se detuviera, volvieron a cruzar Riverside Drive, anduvieron hasta Broadway y entraron en una taberna. Paul pidió un sandwich y una cerveza, y George lo mismo. Hablaron de la guerra; luego George pidió dos cervezas más y comenzaron a hablar de la gente. George le contó al muchacho la historia del joven que había muerto en el drugstore. Sintió una extraña felicidad al ver como aquella historia afectaba a Paul.
    Alguien echo una moneda en la máquina de discos y sonó un tango. El tango aumentó la satisfacción de George, que pensó en lo poco que le había costado hablar.
    Paul se había quedado callado. Bebió un poco de cerveza y comenzó a hablar de Florence.George estaba incómodo y un poco asustado. Temía que el muchacho le contara algo que no quisiera saber y dejara de pasarlo bien.
    -Florence es muy guapa, con ese pelo rojo -dijo Paul como si hablara solo.
    George no contestó.
    -Señor Fisher -continuó Paul., bajando el vaso y levantando la mirada-, hay algo que quiero que sepa.
    -¿Yo?
    -Señor Fisher -dijo Paul con mucha seriedad-, Florence está enamorada de mí.Me lo ha dicho.Yo quiero amarla porque me siento solo, pero no sé...soy incapaz de amarla.No consigo comunicarme con ella. No es como usted. Paseamos por Riverside Drive y soy incapaz de comunicarme con ella. Luego dice que soy un gruñón y quiere ir al cine.
    George sintió que el corazón le latía con fuerza. Tuvo la impresión de estar oyendo secretos que en realidad no lo eran, porque ,los conocía de toda la vida. Quiso hablar, decirle a Paul que era como él. Quiso decirle lo solo que se había sentido siempre, y que por las noches se quedaba despierto soñando y pensando hasta que la mañana gris se filtraba en la habitación. Pero no lo hizo.
    -Sé a qué te refieres, Paul-dijo.
    Volvieron a casa bajo la lluvia que ahora caía con fuerza.


Cuando George entró en casa, vio que tanto Beatie como  Florence  se habían acostado. Se quitó los zapatos de suela de goma y colgó el sombrero y el impermeable mojados en el cuarto de baño. Se calzó las zapatillas,pero decidió no desvestirse porque no tenía ganas de dormir. Se dio cuenta de que lo embargaba una gran emoción.
    Puso la radio y sintonizó una pieza de jazz, bajito. Encendió un cigarro y apagó las luces. Durante un rato se quedó a oscuras, escuchando la música suave. Luego se dirigió a la ventana y apartó la cortina.
    La lluvia de primavera caía por todas partes. Sobre la oscura superficie de la costa de Jersey. Sobre la corriente del río. Al otro lado de la calle la lluvia murmuraba sobre las hojas de los altos arces, mojados a la luz de las farolas, que se mecían con el viento.El viento soplaba y la lluvia caía con fuerza y violencia contra la ventana, y George sintió lágrimas en las mejillas.
    Una inmensa necesidad de palabras surgió en su interior.Quiso hablar.Quería decir cosas que nunca había dicho. quería decirles que acababa de descubrir cómo era en realidad, y que nunca volvería a quedarse callado, sin saber qué decir. De nuevo poseía el mundo y lo amaba. Amaba a Paul, amaba a Florence y amaba al joven que había muerto.
    Debo decírselo. pensó. Abrió la puerta de la habitación de Florence, que dormía. Oyó su serena respiración.
    -Florence -la llamó en voz baja-,Florence.
    Ella se despertó al instante.
    -¿Qué ocurre? -susurró.
    Las palabras se agolparon en los labios de George.
    -Paul, Paul ha estado aquí.
    Florence se incorporó apoyándose en un codo, con el pelo cayéndole sobre el hombro.
    -¿Paul?¿Y qué ha dicho?
    George intentó hablar, pero de repente las palabras se le pegaban a la boca. Nunca podría contarle a Florence lo que Paul le había dicho. Se le clavó en el pecho una sensación de lástima por ella.
    -No dijo nada tartamudeó-.Caminamos...Fuimos a dar un paseo.
    Florence suspiró y volvió a echarse. El viento lanzaba la lluvia de primavera contra las ventanas y escucharon el ruido que hacía al caer en la calle.  
    
    

Spring rain,escrito en 1942
Bernard Malamud, Cuentos reunidos, Austral,2015

domingo, 4 de septiembre de 2022

Emily DICKINSON/ un poema tres poemas

 




En Allan Poe, (Boston,1809)  Walt Whitman (Nueva York, 1819) y Emily Dickinson (Amherts, 1830) están  los orígenes  de la poesía norteamericana y  parte de la poesía de la modernidad.

De Dickinson, José Luis Rey, traductor de sus "Poesías completas"  escribe en el  prólogo:"...en el interior, tiene lugar un movimiento de espíritu que daría como fruto una obra verdaderamente fundacional en la literatura americana y de amplia influencia en todo el mundo".

Y el escritor Vicente Molina Foix en Letras Libres hablando del cine de Terence Davies recuerda la película   Historia de una pasión, y  califica a Dickinson como "la más genial poeta de todos los tiempos." 

Emily Dickinson según Natalia Ginzburg


Emily Dickinson, página de herbario

  
                                                            

                                                520


I started Early -Took my Dog-
And visited the Sea -
The Mermaids in the Basement
Came out to look at me-

And Frigates -in the Upper Floor
Extended Hempen Hands-
Presuming Me to be a Mouse-
Aground ,upon the Sands-

But no Man moved Me -till the Tide
Went past my simple Shoe-
And past my Apron -and my Belt
And past my Bodice -too- 

And made as He would eat me up
As wholly as a Dew
Upon a Dandelion's Sleeve-
And then -I started - too-

And He -He followed -close behind-
I felt His Silver Heel
Upon my Ankle -Then my Shoes
Would overflow with Pearl-

Until We met the Solid Town -
No One He seemed to know-
And bowing -with a Mighty look-
At me -The Sea withdrew-

                                520

Me fui temprano -me llevé a mi perro-/a visitar el mar. Las sirenas del sótano/ salían a mirarme//y, en al piso de arriba, las fragatas/extendían manos de cáñamo,/ creyéndome una rata/ encallada en la arena.//No hui, con todo. Hasta que el flujo/ me llegó a los zapatos/ y al delantal y al cinturón/ y enseguida al corpiño//tal como si intentara devorarme/ como a una gota de rocío/ en una flor de diente de león./ Entonces salí huyendo.//Él me siguió. Venía detrás, cerca./Sentía su tacón de plata/ en mi tobillo y mis zapatos/ rebosaron de perlas.//Los dos llegamos hasta el pueblo firme./ No parecía conocer a nadie./ Me miró con dureza/ y se fue, haciéndome una venia. (Versión de José Manuel Arango, amediavoz.com)


                                520
Me levanté Temprano -Cogí a mi Perro - /Y visité el Mar -/Las Sirenas del Bajo/ Salieron a mirarme -//Y las Fragatas -del Piso de Arriba/ Extendieron sus manos de Cáñamo -/Suponiendo que Yo era un Ratón-/ Encallado -en la Arena -//Mas Nadie Me movió- hasta que la Marea/ Cubrió mi sencillo Zapato -/Llegó a mi Delantal -y hasta mi Cinturón/ Y a mi Corpiño -incluso-//Hizo cual si me devorase-/ Tanto como el Rocío/ A la Mata de diente de León -/Entonces -yo también eché a andar-/ Y Él -Él me siguió -de cerca-/ Notaba Su Talón de Plata / En mi tobillo -y Luego mis Zapatos/Rebosaban de Perlas -//Hasta que así llegamos a la Ciudad Compacta-/ Donde él no parecía a  Nadie conocer -/Y haciéndome un saludo -con aire poderoso- /El Mar se retiró. (Versión Margarita Ardanaz, Cátedra


                                                          520

Me levanté Temprano -me llevé a mi Perro-/ Y visité el Mar -/Las Sirenas del Fondo/Salieron para verme-//Y las Fragatas -en el Piso de Arriba/ Me extendieron Manos de Cáñamo -/Creyendo que Yo era un Ratón -/Encallado en la Arena-//Pero ningún Hombre me movió -hasta que la Marea/ Cubrió mi simple Zapato -/Y cubrió mi Delantal -y mi Cinturón -/Y mi Corpiño-además -//E hizo como si quisiera devorarme-/ Tan completamente como el Rocío/ Devora una Mata de Diente de León -/Y entonces -me sobresalté-//Y el Mar -él siguió- cada vez más cerca-/Sentía su Talón de Plata/ Sobre mi Tobillo -Entonces mis Zapatos/ Rebosarían de Perlas -//Hasta que encontramos el Pueblo Sólido -/Donde no parecía conocer a Nadie -/ Y haciendo reverencias -con poderosa mirada-/Hacía mí -El Mar se retiró - (Versión de José Luis Rey, Visor.)


            

martes, 31 de mayo de 2022

Tonino Guerra poeta en verso

  

Italo Calvino, en una de las solapas de esta edición de  La miel, recuerda :

[...] "Tonino Guerra lo transforma todo en relato y en poesía: a viva voz, por escrito o en las secuencias del cine, en prosa o en verso, en italiano o en romañolo. Hay siempre un relato en cada uno de sus poemas; hay siempre poesía en cada uno de sus relatos. Y poesía quiere decir una experiencia precisa, concreta, inesperada, con un sentimiento dentro y el acento de una voz que te habla. Por eso La miel es un libro que cada año que pasa es más hermoso y dentro de cien años todos aprenderán romañolo para leer en versión original los días de estos dos viejos hermanos. Y envidiarán la suerte que tenemos los     que somos amigos de Tonino y, de vez en cuando, oímos sonar el teléfono y es él que no ve la hora de contarnos la última" [...]


                                           

Primero se llegó al Tonino Guerra guionista  de  películas de Fellini  y del griego Angelopoulos y  su La mirada de Ulises. Con Fellini colaboró en Amarcord, Ginger y Fred  y en  Y la nave va. En ésta  en  una atmósfera densa y envolvente  se mueven   personajes cuya diversidad social  y complejidad psicológica  abarcan casi la totalidad social y humana. A  pesar de tener la teatralidad de una Ópera, -es el cortejo marítimo-funerario  de una diva, puede que inspirado en  la muerte de Maria Callas-, el guion y las imágenes  transmiten surrealizada   mucho de la verdad  de los europeos y  Europa en un momento  de transcendencia trágica.

Y ahora se llega a los versos de Tonino Guerra por  un  artículo de Juan Marqués en The Objective   que habla con devoción de su libro de poemas La miel. Se busca   en  versión bilingüe. Pero cuando llega el idioma original no es el italiano  que se esperaba sino uno de sus dialectos, -así llaman los italianos a sus lenguas locales-,el romañolo , la lengua  de  infancia de Tonino que resulta ser  una lengua hermética para un simple lector de italiano:

CANTÈDA VINTIDÒ

Quant che in autónn
u i éra i èlbar néud,
una sàira l è arivàt
una nóvla ad gazótt
strach s-cént,
e i sé fermé si rém.
E paréva che' fóss turné al fòi
a dindlè me vént.

CANTO VIGESIMOSEGUNDO

Cuando en otoño estaban
los árboles desnudos,
llegó una tarde  una nube 
de pájaros cansadísimos.
Se posaron en las ramas
y parecía que hubiesen
regresado las hojas
a temblar con el viento.

Del Tonino Guerra guionista Ángel Fernández Santos, el desaparecido y valorado crítico de cine escribió desde  el 48 Festival de Cannes para  El País el 25 de mayo de en 1995 :

"Tres famosos cineastas  -el actor neoyorquino Harvey Keitel, el guionista italiano Tonino Guerra  y el director griego Theo Angelopoulos- de enorme estatura artística han trenzado sus oficios y sus talentos para elevar La mirada de Ulises al borde de la perfección.[...]en el guión de La mirada de Ulises el nombre de Theo Angelopuoulos  que escribe dramas argumentales y diálogos algo farragosos, espesos y herméticos, está acompañado por el de Tonino Guerra y esto se percibe en la pantalla [...]Para entender de qué va la cosa, basta una pista: de Tonino Guerra es la rigurosísima  escritura que sostiene los grandes filmes de Antonioni; y también el verdadero creador, y no Federico Fellini, de la explosión de inventiva de Amarcord. La escritura de Guerra da a la matemática, volcánica, pero a veces embarullada de Angelopoulos , el cauce de agilidad, de claridad formal y de grandeza verbal que el cineasta griego necesitaba para encontrar la plenitud, que aquí alcanza.  [...]Es impensable por ello que la mágica escritura de Guerra no esté detrás de la apasionante combinación  entre el rigor de la construcción y la grandeza y la libertad de la palabra de La Mirada de Ulises; en la transparente y audaz incorporación de la forma trágica antigua a la secuencia de un relato itinerante moderno; en el perfecto acoplamiento entre el golpe de un trallazo épico y la caricia de una pincelada de miniaturista, que son los rasgos más distintivos de la escritura cinematográfica de Guerra., probablemente  el más completo guionista en activo del mundo."...



              



La miel,  Pepitas, 2018, es un libro realizado  con cuidado como si hubiera sido editado  para   "hacer compañía a quién lo lea", tal como quería Tonino Guerra que fuera su poesía. El poeta Juan Vicente Piqueras, traductor y  autor del  prólogo  cuenta cómo  Tonino empezó a hacer poesía durante la Segunda Guerra Mundial en el campo  de concentración alemán de  Troisdorf donde estuvo tres años  para olvidar el dolor y el hambre que pasaban él y sus compañeros y cómo la poesía les alimentaba en parte y cómo hubo de memorizar los versos porque no podía escribirlos. O de cuando empezó a traducir sus versos él y Tonino se hicieron amigos hasta que murió Tonino en 2012 y esa amistad dura todavía porque : "La muerte no acaba con todo. No puede", afirma con  rotundidad, que  detiene, Juan Vicente Piqueras.  

Es un prologo y una edición  a la altura de un poemario que se convierte ya en compañía. Porque la poesía en verso de Tonino Guerra  con su  aparente transparencia está secretamente  electrificada  y de forma inesperada sacude y sugiere la imagen cristalina  de un vaso de agua  o de la lluvia cayendo,  de  cosas cotidianas y misteriosas  imprescindibles para la vida.   

CANTO SEGUNDO

Esta mañana, nada más salir al jardín,
ya me parecía haberme dejado algo en casa.
Dos pasos hasta el albaricoquero
y vuelta e entrar.

Ahora que ya no tengo nada que hacer
estoy sentado frente a la ventana
y me pregunto: ¿Quieres esto? ¿Quieres lo otro?

He quemado las páginas de los libros, los calendarios,
los mapas. Para mí, América
ya no existe, Australia nada,
la China es un olor,
Rusia es una telaraña blanca
y África un vaso de agua que soñé.

Desde hace dos o tres días voy detrás de Pinela, el campesino, que va buscando la miel de las abejas silvestres.


CANTO TERCERO

Mi hermano trabaja en el telégrafo de la estación
por donde no pasan trenes desde hace cuarenta años.
Los raíles se los llevaron durante la guerra
cuando hacía falta hierro para hacer cañones.

Está sentado y espera. Pero no lo llaman nunca
y él tampoco llama a nadie. El último telegrama
venía de Australia y era
para Rino de Fabiótto que estaba ya criando malvas.

El día que pasé a verlo, mi hermano
estaba sentado bajo la marquesina de hierro
con las manos en los bolsillos, abstraído en un aire
pellizcado por los trinos de los pájaros.

Ante nosotros, la línea llena de hierba
por donde pasaban los trenes. Ahora en cambio,
bajaba una gallina que pasó por delante
sin mirarnos siquiera.


CANTO DECIMOPRIMERO

Hace días era el primer domingo de noviembre,
había una niebla que se podía cortar con el cuchillo.
Los árboles estaban blancos de escarcha y las calles y los campos
parecían cubiertos de sábanas. Pero luego salió el sol
y secó el universo y solamente las sombras
permanecieron mojadas.

Pinela el campesino estaba atando las parras
con espartos que llevaba sujetos en la oreja.
Mientras él trabajaba yo le hablaba de la ciudad,
de mi vida que ha durado un parpadeo
y del miedo que me da la muerte.

Entonces, de repente, cesaron los ruidos que hacía con las manos
y oímos un gorrioncillo que cantaba a lo lejos.
Y me dijo: miedo ¿por qué? La muerte no es aburrida,
viene solo una vez.


CANTO DECIMOCTAVO

Aquella vez que a Pidio el zapatero
se le escapó el mirlo de la jaula, lo esperábamos
en el patio y cada sombra que pasaba
nos parecía él. Pero no era.

Hasta que una tarde vimos en el cañizal
algo negro que se movía
y nos miraba con unos ojillos que eran puntas de navaja.
Entonces, nos apartamos de la ventana y nos pusimos a disimular,
a hacer como que cambiábamos las sillas de sitio.

CANTO VIGÉSIMO

Al principio las gotas hacían temblar las ramas
y nosotros, detrás de la ventana, esperábamos
a que el agua lavara las hojas más ocultas.
Luego estalló la tormenta y llovió a mares,
habíamos puesto un vaso en al alféizar
para medir el agua de la lluvia.

A las cuatro salió el sol
y en la ventana brillaba el vaso
lleno hasta rebosar.

Mi hermano y yo nos lo bebimos a medias
y luego nos pusimos a comparar el agua 
del pozo con la del cielo, que es más blanda
pero tiene el olor de los relámpagos.


Tonino Guerra, La miel, Pepitas, 2018


jueves, 24 de marzo de 2022

RILKE por invitación





La poesía que resulta oscura en una primera lectura no es más abstracta que la música, que oída más de una vez se hace familiar y se reconoce, y no entender la música no impide caer bajo su hechizo. Puede suceder con poemas de Dante, Marianne Moore, Rilke ... y una larguísima lista de grandes poetas de todas las lenguas y todas las épocas. Se puede probar con la Primera Elegía de Duino. Oirla mas de una vez.Y como si fuera música...esperar.
                    
Paul KLEE



Adam Zagajewski invita al lector a leer las Elegías de Duino de Rilke y para él  escribe:


"¿Cómo se leen las Elegías de Duino, esos diez grandes poemas  que conforman la cima del arte de Rilke? ¿Hay que intentar entenderlos en su totalidad o atravesarlos como niños que cruzan corriendo un bosque de noche, mitad aterrorizados, mitad alborozados? La cuestión es prácticamente irrelevante: quien se moleste en acercarse hasta una buena biblioteca no tardará en encontrar una colección casi interminable de análisis. Los filósofos cristianos nos informarán de lo profundamente cristianas que son las Elegías de Duino, los pensadores existencialistas reivindicarán a Rilke como un colega, los discípulos de Husserl encontrarán toneladas de fenomenología y otros historiadores de las ideas nos notificaran que ¡se trata simplemente de Friedrich Nietzche  en verso! ¿Hay que hacerles caso? Naturalmente que no. O mejor dicho, habría que conocer esas lecturas filosóficas o ideológicas y luego tratar de olvidarlas. Las Elegías son como un bosque; no hay en ellas un solo verso que no haya sido escrito bajo el hálito de la inspiración auténticamente poética, no filosófica. Las Elegías son un bosque encantado y al cabo de un tiempo un lector atento no parecerá exactamente un niño sino más bien una blanca lechuza volando silenciosa entre el denso enramado de píceas con la mayor facilidad, y con una suerte de triste felicidad que, según parece, es la respuesta adecuada a la gran poesía. Un lector atento entenderá que es una obra que trata de cuestiones esenciales y que carecen de respuesta, tales como  quiénes somos, qué es la muerte, son los amantes unos privilegiados, qué puede ofrecernos el arte..."p58 


 
Paul KLEE
            

LA PRIMERA ELEGÍA

¿Quién, si gritara yo, me escucharía
en los celestes coros? Y si un ángel
inopinadamente me ciñera
contra su corazón, la fuerza de su ser
me borraría; porque la belleza no es
sino el nacimiento de lo terrible; un algo
que nosotros podemos admirar y soportar
tan sólo en la medida en que se aviene,
desdeñoso, a existir sin destruirnos.
Todo ángel es terrible. Así yo, ahora
sepulto, como oscuros sollozos en mi pecho
mi grito de socorro ¿A quién podremos recurrir?
Ni a los hombres ni a los ángeles.
¡Ay! Incluso las bestias, astutas, se percatan
de que es torpe, inseguro, nuestro paso
que yerra por un mundo interpretado.
Quizá, tal vez, podrían socorrernos
el árbol ese, que, en la solitaria
ladera, contemplamos diariamente;
el camino de ayer, o la remisa
lealtad de una costumbre que, amoldada
a nosotros, prosigue a nuestro lado.
    ¡Oh! Y la noche, la noche...Cuando el viento,
lleno de espacios cósmicos nos roe
las mejillas, ¿a quién no se dará
esa sutil, desilusionadora
anhelada presencia ineludible
que ha de arrastrar por fuerza el corazón
solitario? ¿Será menos penosa
-decidme-para los amantes?
¡Ay! entrambos se encubren su destino
mutuamente. ¿Lo ignoras todavía?
Arroja ya el vacío que ciñes con tus brazos
al vacío del viento que respiras.
Tal vez las aves en su vuelo íntimo
sientan en  toda su amplitud el aire.


Sí,
las primaveras te necesitaban.
Infinitas estrellas esperaron
que tú las contemplases. Del pasado
vino a ti una onda henchida ,o, al pasar
ante un balcón abierto, la queja de un  violín
se te entregó. Todo ello era mensaje.
Pero, dime: ¿supiste tú abarcarlo?
¿No te hallabas perdido en tu esperanza,
como si todo y siempre te anunciase
a la mujer amada? (Di, ¿cómo podrías esconderla, 
y dónde, si los grandes y extraños pensamientos
que pasan por tu ser, quedan contigo,
perduran en tu noche?) Mas si aún sientes deseos
-si anhelas-, canta a los enamorados:
no se inmortalizó con adecuada
largueza su famoso sentimiento.
Sí, canta
a los abandonados, que tú encuentras,
casi envidiándolos, más amorosos
que a los correspondidos satisfechos.
Comienza una vez más la nunca cansada 
alabanza, Y observa cómo el héroe
no deja de ser nunca -hasta qué punto
su propia muerte sólo es un pretexto
de su último nacer. Pero ¡ay! a los amantes,
ya fatigada, la naturaleza
los retiene o recobra, sintiéndose incapaz
para reproducirlos nuevamente.
¿Acaso conseguiste
exaltar cumplidamente la pasión
de Gaspara Stampa, de tal modo
que alguna abandonada, emulando su ejemplo,
dijese: si yo fuese como ella?
Estas antiguas amarguras
¿no nos debieran dar más copiosas cosechas?
¿No es hora de que amando nos libremos
de la persona amada, reprimiéndonos
trémulamente, al modo que se afirma
en la cuerda del arco la flecha que, en el brinco,
quiere ser más de lo que fue? Pues nunca
podemos detenernos.
                            
Voces, voces. Escucha corazón,
como sólo los santos escucharon -aquellos
a quienes la llamada gigante levantó
de la tierra, sin que ellos, impasibles,
dejaran de seguir de rodillas, absortos,
sin atender a nada, consagrados a oír.
Y no es que puedas soportar la voz
de Dios, no; pero escucha el lastimero
soplo de los espacios:
ese ininterrumpido mensaje que se forma
del silencio, y que viene, hacia ti, susurrando,
desde los que murieron jóvenes.
Donde quiera que entrabas, en los templos
de Roma y Nápoles, ¿no te decían
serenos, su destino? ¿O en cualquier epitafio,
como recientemente -allí
en Santa María Formosa- aquella lápida?
¿Qué desean de mí? Sí, he de borrar de ellos
esa apariencia de injusticia
que, a veces, cohíbe
el puro movimiento de su espíritu.

Ciertamente, es extraño no habitar ya la tierra,
no seguir practicando unas costumbres
apenas aprendidas;
no dar, no atribuir significados
de futura realidad humana ni a las rosas
ni a esas cosas que son ofrecimientos
sin fin. No ser lo que era
en la infinita angustia de esas manos;
tener que desprenderse hasta del propio nombre,
como quien lanza, lejos de sí, un juguete roto.
Extraño es no volver a desear
los deseos. Extraño es ver, perdido,
disperso en el espacio, todo aquello
que estuvo unido.
Es penoso estar muerto y, trabajoso, 
ir recobrando poco a poco un mínimo 
de eternidad.
Pero todos los vivos cometen el error
de querer distinguir con excesiva
rotundidad. Los ángeles -se dice-
ignoran a veces si están entre los vivos,
quizás, o entre los muertos. El eterno
torrente arrastra las edades todas
por ambos reinos y, en medio de los dos,
logra hacer oír sus voces.


Pero en fin, los urgidos prematuros
que se marcharon ya, no necesitan
de nosotros. Con lenta y paulatina
remisión, va perdiéndose
la arraigada costumbre a lo terreno, como
se pierde el apego que nos une
al seno de una madre.
Pero nosotros, que necesitamos
de tan grandes misterios;
nosotros, para quien de la misma tristeza
brota un aumento de felicidad,
¿podríamos vivir sin ellos?
Es vana la leyenda según la cual, antaño,
en el planto [llanto] por Linos, la primitiva música
penetró hasta las rígidas esferas
y entonces, en los sorprendidos ámbitos,
(que un doncel, un doncel casi divino,
abandonó de pronto y para siempre),
el vacío inició su vibración...la misma
que aún nos arrebata y corrobora?
 

Relacionados:



Rainer Maria Rilke, Elegías de Duino, Versión de Juan Rulfo, Sextopiso, 2015
Adam Zagajewski, Releer a Rilke, Acantilado, 2017






jueves, 20 de enero de 2022

Paul AUSTER Stephen CRANE y Joseph CONRAD

    

Paul Auster ha empleado los últimos años en  escribir La llama inmortal de Stephen Crane. Un escritor habla de otro escritor y le dedica mil  páginas inspiradas de biografía,  análisis y reflexión sobre  él y su obra. 


 
Paul Auster no es un escritor preferido y además la extensión del libro  produce rechazo pero  J.M. Guelbenzu el mentor literario  que cualquier lector  agradece, en  su reseña de Babelia, aleja los temores de abordar  ese  océano de páginas y empuja a la lectura con su entusiasmo:

 

"Auster contempla la vida y la obra de Crane en paralelo, pero así como la vida es curiosa, pintoresca y entretenida, sin más, la soberbia lectura que hace de los textos del autor es una obra maestra de crítica literaria práctica.[...] 
    Cuando Paul Auster nos refiere el contenido de cada una de las obras que analiza, sean narraciones breves, novelas o cuentos lo que en realidad hace es acompañar la lectura de cada una mostrando cómo está construida, y en consecuencia, cuál es su sentido y cómo este viene definido por la singularidad de su escritura" 

Para lograr la excelencia literaria que subraya  Guelbenzu Auster  ha realizado  un   exhaustivo trabajo de documentación, relectura y reflexión  que  produce la prosa precisa  y  vibrante que mantiene a lo largo del libro y alcanza con su fuerza  al lector.

Entre los constantes motivos de  interés en el transcurso de la lectura  a partir de la página 744 se cuenta la especial relación entre Stephen Crane y Joseph  Conrad iniciada con la primera estancia de Crane en Inglaterra entre 1897 y 98. 


II 

"Un ciudadano británico de casi cuarenta años nacido en Polonia ("que habla y se comporta como un francés": Cora) y un norteamericano expatriado a punto de cumplir los veintisiete. La madre del primero murió cuando él tenía siete años, el padre del segundo había muerto cuando él tenía ocho. ambos habían sido buenos estudiantes, aunque distraídos, con suspensos, y los dos habían conocido la muerte y repetidos y trastornos en la infancia. El primero intentó suicidarse a los veinte años; a los veinte, el segundo se dijo a sí mismo y a los demás que moriría joven. Más adelante, ambos sobrevivirían a naufragios y ahora los dos escribían libros, pero como el primero había empezado tarde y el segundo pronto, a ojos del mundo el muchacho tenía más estatura que el adulto. Sin embargo, fue el joven quien tomó la iniciativa para su primer encuentro que se produjo el 15 de octubre de 1897 cuando Sidney Pawling el editor que supervisaba la obra de ambos en Heinemann satisfizo la petición del norteamericano organizando un almuerzo para los dos en un restaurante del centro de Londres. Debió haber sido un momento tenso para ambos. Cada uno de ellos admiraba la obra del otro, y cada uno de ellos había encontrado una conexión espiritual con el otro a través de esa obra, pero los escritores, que constituyen la clase de gente más extraña y solitaria del planeta, rara vez entablan una amistad profunda y duradera con otros autores. Tienden a cultivar una distante cordialidad con sus pares -cuando no los están apuñalando por la espalda o recibiendo una puñalada a cambio-, e incluso los más admirados son con frecuencia los más difíciles de soportar. Quién sabe lo que esperaban aquellos dos al entrar aquel día en el restaurante, pero casi seguro que cada uno por su parte se preparaba para una decepción.  Precisamente porque se respetaban y se consideraban iguales, y porque ninguno había establecido nunca una amistad verdadera con uno de sus iguales al que respetaran. Tal como recordaría el hombre maduro veintiséis años más tarde: "Nos estrechamos la mano mirándonos a los ojos, con intensa gravedad, como cuando dicen a dos críos que deben hacerse amigos. Estábamos bajo la alentadora mirada de Sidney Pawling, que, como hombre mucho más voluminoso que nosotros y poseedor de una voz grave, parecía como una persona mayor entreteniendo a dos extraños niños pequeños: con aire protector pero manifestando cierta ansiedad ante el experimento" 

Con ese tímido y solemne apretón de manos se inició la amistad  entre Crane y Josep Conrad. Los dos extraños niños pequeños y su voluminoso editor eran los únicos a la mesa aquel día, y una vez roto el hielo, la charla fluyó libremente, tanto que cuando Pawling consultó el reloj ya habían pasado tres horas y eran las cuatro de la tarde. Se levantó con brusquedad de la mesa, anunciando "os tengo que dejar ya" para volver apresuradamente a la oficina, pero ambos escritores, sin despacho al que ir y sin planes de ningún tipo "salieron", tal como Conrad diría después, y "echaron a andar juntos como dos vagabundos sin hogar, sin empleo y sin preocupación por dónde iban a pasar la noche". Siguieron charlando mientras vagaban de un barrio a otro, pero sobre todo guardaban silencio, "y la única alusión que hicimos aquella tarde sobre nuestras obras inmortales" fue una observación indirecta por parte por parte de Conrad:" Me gusta su general"(el personaje menor de menos importancia de La roja insignia), y otra de Crane, igualmente oblicua, sobre uno de los personajes igualmente secundarios de Conrad:"Me gusta su joven;casi lo estoy viendo".Esa especie de reticencia no es insólita entre novelistas, porque al revés de ,o que podrían imaginar los lectores, los novelistas rara vez hablan de su trabajo cuando están juntos, en particular con quienes se encuentran en una armonía más profunda.[-]

Tres semanas después, Conrad  envió a Crane un ejemplar dedicado de su primera novela, La locura de Almayer ("Con los mejores saludos y la más sincera admiración), junto con las galeradas de su tercera novela, en vías de publicación, El negro del "Narcissus", que llevaba apareciendo por entregas desde agosto en la New Review, y Crane le escribió a su vez el 11 de noviembre con una disculpa por haber enviado la carta a la atención de Heinemann (había perdido la nota con la dirección de Conrad).Calificando el libro de "sencillamente grandioso"


-Y  se sigue leyendo hasta el final, hasta la página 992, a partir   la cual comienza el ÍNDICE ANALÍTICO que multiplica  el interés  de este libro "sencillamente grandioso" -como califica Crane en carta a Conrad a  El negro del "Narcisus".