Bruce Nauman, Indiana,1941.



viernes, 5 de febrero de 2021

Louise GLÜCK antología en construcción




El 23 de enero El Mundo publicó  una  entrevista  del Corriere della Sera con la poeta norteamericana Louise Glück, en la que el periodista italiano califica su poesía de dura y despiadada. Y así es , dura y despiadada.  Sus versos de   belleza despojada  sacuden al lector y le detienen. Es una poesía espartana con la  dureza de un  diamante pero también con sus destellos. En la entrevista Glück habla de William Blake y Emily Dickinson como maestros. Con Dickinson comparte sin duda la utilización de  la sorpresa, de lo inesperado que llevan al asombro que conduce al conocimiento porque como escribe  en La educación del poeta: "el sueño del arte es no afirmar lo que ya se sabe, sino iluminar" 



De la necesidad de cultivar el asombro para   permanecer vivo y atento habla el escritor  Luis Landero  y  el asombro, y conducir al  asombro, es el leitmotiv y objetivo final de la poesía de Glück. Lo  dice en la entrevista:

 "Lo que trato de hacer en los poemas es sorprenderme a mí misma y, espero, al lector. Si el lector siente que está a punto de acercarse a un final que puede imaginar, que parece coherente con el comienzo de la oración, hago que el poema dé otro giro, quiero que el lector esté un poco inquieto, que se sorprenda y que el final sea más interesante, más vivo. Escribo para mantener el asombro. La primera regla que les enseño a mis alumnos de poesía es separar las partes vivas de las muertas. Esas partes muertas son aquellas en las que un verso sigue al otro de manera predecible. No me importan tanto las metáforas, por muy bonitas que sean. Siempre existe el riesgo de que las hayan utilizado otros antes miles de veces. Un poema vivo te lleva a un lugar que antes no conocías."


TWILIGHT

ALL day he works at his cousin's mill,
so when he gets home at night, he always  sits at this one window,
sees one time of day, twilight.
There should be more time like this, to sit and dream.
It's as his cousin says:
Living-living takes you away from sitting.

In the window, not the world but a squared-off landscape
representing the world. The seasons change,
each visible only a few hours a day.
Green things followed by golden things followed by whiteness-
abstractions from which come intense pleasures,
like the figs on the table.

At dusk, the sun goes down in a haze of red fire between two poplars.
It goes down late in summer-sometimes it's hard to stay awake.

Then everything falls away.
The world for a little longer
is something to see, then only something to hear,
crikets, cicadas.
Or to smell sometimes, aroma of lemon trees, of orange trees.
Then sleep takes this away also.

But it's easy to give things up like this, experimentally,
for matter of hours.
I open my fingers-
I let everything go.

Visual world, language,
rustling of leaves in the night,
smell of high grass, of woodsmoke.

I let it go, then I light the candle.

CREPÚSCULO/ TRABAJA todo el día en el molino del primo,/ así que al llegar a casa, en la noche, siempre se sienta junto a la ventana,/observa ese momento del día, el crepúsculo./Debería haber más tiempo así, para sentarse y soñar./Es como dice su primo: Vivir-vivir te impide sentarte//
En la ventana, no el mundo, sino un paisaje enmarcado/ que representa el mundo. Las estaciones cambian,/cada una visible apenas unas horas del día./ Cosas verdes seguidas por cosas doradas seguidas por blancura,/abstracciones de las que provienen placeres intensos, /como higos en la mesa.//
Al atardecer, el sol cae entre dos álamos,, en una bruma de fuego rojo./Cae tarde en el verano, a veces cuesta mantenerse despierto.//
Entonces todo se desmorona./ Por un rato más, el mundo/ es algo que ver, luego sólo algo que escuchar,/ grillos, cigarras./ O algo que oler, a veces, aroma de limoneros, de naranjos./entonces el sueño también roba esto.//
Pero es fácil renunciar a las cosas así, experimentalmente,/ por una cuestión de horas./ abro mis dedos, dejo que todo se vaya.//
Mundo visual, lenguaje,/ susurro de hojas en la noche/ el olor de la hierba alta, de las fogatas.//
Lo dejo ir. Entonces enciendo la vela.



SUNSET

AT same time as the sun's setting,
a farm worker's burning dead leaves.

It's nothing, this fire.
It's a small thing, controlled,
like a family run by a dictator.

Still, when it blazes up, the farm worked disappears;
from the road, he's invisible.

Compared to the sun, all the fires here
are short-lived, amateurish-
they end when the leaves are  gone.
Then the farm worker reappears, raking the ashes.

But the death is real.
As though the sun's done what it came to do,
made the field grow, then
inspired the burning of earth.

So it can set now.

PUESTAS DE SOL/EN el mismo instante en que se pone el sol,/un granjero quema hojas secas.//
No es nada, este fuego./ Es cosa pequeña, controlada,/ como una familia gobernada por un dictador.//
Aun así, cuando arde, el granjero desaparece;/ es invisible desde el camino.//
Comparados con el sol, aquí todos los fuegos/ son breves, cosa de aficionados;/ se acaban cuando se consumen las hojas./ Entonces reaparece el granjero, rastrillando cenizas.//
Pero la muerte es real./ Como si el sol hubiera terminado lo que vino a hacer,/hubiera hecho crecer el campo y entonces/ hubiera inspirado la quema de la tierra.//
Así que ahora puede ponerse.//


Una vida de pueblo, (Louise Glück 2009) Pre-Textos,2020 


STARS


I'M awake; I'm in the world-
I expect
no further assurance.
No protection, no promise.

Solace of the night sky
the hardly moving
face of the clock.

I'm alone -all
my riches surround me.
I have a bed, a room,
I have a bed, a vase
of flowers beside it.
And a nightlight, a book.

I'm awake; I am safe.
The darkness like a shield, the dreams
put off, maybe
vanished forever.[...]

ESTRELLAS/ ESTOY despierta, estoy en el mundo;/ no espero/ más garantía./ Ni protección, ni promesa// El solaz cielo nocturno,/la esfera casi inmóvil/ del reloj.//  Estoy sola: todas/mis riquezas a mi alrededor./ Tengo una cama, un florero/ con flores junto a ella./Y un velador, un libro.// Estoy despierta, estoy a salvo./La oscuridad como coraza, los sueños/ postergados, otra vez/ desvanecidos para siempre.[...]


MEMOIR

I was born cautions, under the sing of Tautus.
I grew up on an island, prosperous,
in the second half of the twentieth century;
the shadow of the Holocaust
herdly touched us.

I had a philosophy of love, a philosophy
of religion, both based on
early experience within a family.

And if when I wrote I used only a few words
it was because time always seemed to me short
as though it could be stripped away
at any moment.

And my story, in any case, wasn't unique
though, like everyone else, I had a story,
a point of view.

A few words were all needed:
nourrish, sustain, attack.

MEMORIA/ NACÍ prudente, bajo el signo de Tauro./ Crecí en una isla próspera,/en la segunda mitad del siglo veinte; la sombra del Holocausto/ apenas nos rozó.//Tuve una filosofía del amor, una filosofía/ de la religión, ambas basadas/ en mis primeras experiencias de familia.// Y si cuando escribí sólo usé unas pocas palabras/ fue porque el tiempo siempre me pareció corto,/ como si pusieran arrancármelo/ en cualquier momento.// Y mi historia, de todos modos, no era única/ aunque, como todo el mundo, tenía una historia,/ un punto de vista.//Unas pocas palabras fueron todo lo que necesité:/ nutrir, sostener, atacar.
Las siete edades,(Louise Glück,2001) Pre-Textos, 2011




THE NIGHT MIGRATIONS

THIS is de moment  when you see again
the red berries of the mountain ash
and the dark sky
the birds' night migrations.

It grieves me to think
the dead won't see them-
these things we depend on,
they disappear.

What will the soul do for solace them?
I tell myself maybe it won't need
these pleasures anymore;
maybe just not being is simply enough,
hard as that is to imagine.

LAS MIGRACIONES NOCTURNAS/ESTE es el momento en que de nuevo ves/ las bayas rojas de la ceniza del monte y en el cielo oscuro/ las migraciones nocturnas de los pájaros.//
Me entristece pensar/ que los muertos no van a verlas:/esas cosas de las que dependemos/ desaparecen.//
¿Qué hará entonces el alma para consolarse?/ Me digo que quizá no necesite ya esos placeres; quizá sencillamente no ser baste/ por duro que resulte imaginarlo.


OCTOBER/ 
OCTUBRE


1.

Is it winter again, is it cold again,
didn't Frank just slip on the ice,
didn't he heal, weren't the spring  seeds planted
¿Es invierno otra vez, otra vez hace frío,/no acaba Frank de resbalarse en el hielo,/ no se curó, no se sembró la simiente de primavera

didn't the night end,
didn't the melting ice
flood the narrow gutters
no terminó la noche,/no anegó acaso el hielo al derretirse/los estrechos desagües,



wasn't my body 
rescued, wasn't it safe
no fue mi cuerpo/rescatado, no estaba a salvo,


didn't the sear form,invisible
above the injury
no se formó la cicatriz, invisible,/ sobre la herida?


terror and cold,
didn't they just end, wasn't the back garden
harrrowed and planted-
Terror y frío,/ ¿no acabaron hace poco, no está ya el jardín/ roturado y sembrado?

I remember how the earth felt, red and dense,
in stiff rows, weren't the seeds planted,
didn't vines climb the south wall
Recuerdo la sensación de la tierra, densa y roja,/
en surcos bien derechos, ¿no se sembró la simiente,/no trepó la parra por la pared del sur?

I can't hear your voice
for the wind's cries, whisling over the bare ground
No oigo tu voz/ por el viento que chilla y silba sobre la tierra desnuda.

I no longer care
what sound it makes
Ya no me importa
cómo suene.

when was I silenced, when did it first seem
pointless to describe that sound
¿Cuándo fui silenciada, cuándo describir ese sonido,/pareció por primera vez inútil?

what it sounds like can't change what it is-
Cómo suena no cambia lo que es.

(October consta de seis partes, esta sólo es la primera)



Averno
,( Louise Glück, 2006)Editorial Pre-Textos, 2011



TELEMACHUS' DETACHMENT

WHEN I was a child looking
at my parents' lives, you know
what I thought? I thought
heartbreaking. Now think
heartbreaking, but also
insane. Also
very funny.

EL DESAFÍO DE TELÉMACO./CUANDO de niño era testigo/ de las vidas de mis padres, ¿sabes/ Me parecía/ desgarrador. Ahora me parece/ desgarrador, pero también/ algo demencial. También/ muy divertido.



ODYSSEUS' DECISION

THE great man turns his back on the island.
Now he will not die in paradise
nor hear again
the lutes of paradise among the olive trees,
by the clear pools under the cypreeses.Time

begins now, in which he hears again
that pulse which is  the narrative
sea, at dawn when its pull is strongest.
What has brought us here
will lead us away; our ship
sways in the tinted harbor water.

Now the spell is ended.
Give him back his life,
sea that can only move forward.

LA DECISIÓN DE ODISEO/EL gran hombre le da la espalda a la isla./ Su muerte no sucederá ya en el paraíso/ ni volverá a oír/ los laudes del paraíso entre los olivos,/ junto a las charcas cristalinas bajo los cipreses. Da// comienzo ahora el tiempo en el que oye otra vez/ ese latido que es la narración/ del mar, al alba cuando su atracción es más fuerte./ Lo que nos trajo hasta aquí/ nos sacará de aquí;/ nuestra nave/ se mece en el agua teñida del puerto.//Ahora el hechizo ha concluido./ Devuélvele su vida,/ mar que sólo sabes avanzar.


CIRCE'S GRIEF

IN the end. I made myself
known to your wife as
a god would, in her own house,in
Ithaca, a voice
without a body: she
paused in her weaving, her head turning
first to the right, then left
though it was hopeless of course
to trace that sound to any
objetive source: I doubt
she will return to her loom
with what she knows now. When
you see her again, tell her
this is how a god says goodby:
if I am in her head forever
I am in your life forever.

EL DOLOR DE CIRCE/ FINALMENTE, me di a conocer/a tu mujer como lo haría/ un dios, en su propia casa, en/ Ítaca, una voz/incorpórea: ella/ detuvo su labor, giró la cabeza/ primero a la derecha, luego a la izquierda/ aunque era inútil por supuesto/ seguirle el rastro a ese sonido hasta/ cualquier fuente objetiva: dudo/que vaya a regresar a su telar/ con lo que ahora sabe. Cuando/la vuelvas a ver, dile/ que así es como un dios se despide:/si me quedo en su cabeza para siempre/ permaneceré en tu vida para siempre.



THE WISH

REMEMBER that time you made the wish?

I make a lof of wishes.

The time I lied to you
about the butterfly. I always wondered
what you wished for.

What do you think I whised?

I don't know. That I'd come back,
that we'd soomehow be together in the end.

I wished for what I always wish for.
I wished for another poem

EL DESEO/ ¿RECUERDAS aquella vez que pediste un deseo?/ /Pido un montón de deseos//La vez que te mentí/sobre la mariposa. Siempre me pregunto/qué deseo pediste.//¿Qué deseo piensas que pedí?//No lo sé. Que yo regresara, que/de alguna manera al final acabáramos juntos.//Pedí lo que pido siempre./Pedí poder escribir otro poema.

        

  
 Praderas,(Louise Glück,1997) Editorial Pre-Textos,2017

   

Louise Glück  en una imagen junto a sus poemarios  publicados con la sencillez  y distinción  con que edita  Pre-Textos,  a  quien después de ganar el
Nobel ha abandonado -sorprendente y hasta inelegantemente - por otra editorial



lunes, 11 de enero de 2021

Leonardo SCIASCIA (1921-2021) "Ni muy atrás ni muy adelante"



Ojeando   libros  de  Sciascia se encuentra lo que parece un  comentario después de visitar  una exposición  del pintor siciliano Francesco Trombadori . Sciascia, sigue con prosa grave y exacta  la trayectoria del pintor y señala algunos otros aspectos culturales interesantes. 
Las obras de Francesco  Trombadori (Siracusa 1886-Roma 1961) en su etapa madura sorprenden por la belleza pálida casi espectral que vitaliza con  la pureza geométrica de las formas. Ha ido quitando materia para transfigurar lugares  conocidos -hasta el tópico-  en  visiones plásticas. Este siciliano recuerda a Giorgio Morandi, Bolonia 1891. Ambos, estrictamente contemporáneos  han vivido un contexto artístico y social semejante, aunque la amplitud de géneros que aborda Trombadori ,entre  otros aspectos, les individualice. Trombadori como Morandi cultiva la naturaleza muerta, pero también el retrato, el desnudo, el paisaje y muestra un interés especial por un tipo de fotografía en movimiento...  
El texto publicado con el título  "Ni muy atrás ni muy adelante" -en  español en el original-  pertenece a Fatti diversi di storia letteraria e civile publicado  en italiano en 1989 y editado por Alianza en 1991 como Sucesos de historia literaria y civil   





  




                                                                                                   



 


Ni muy atrás ni muy adelante


"Si quisiéramos escribir la biografía imaginaria de un pintor nacido en Sicilia a un cuarto de siglo de la Unidad, que a los veinte años se traslada a Roma, donde transcurre toda su vida, pasando por las experiencias figurativas de su época y desarrollando y madurando la propia; si quisiéramos escribirla, esta biografía imaginaria, como Max Aub escribió la de Jusep Torres Campalans, pintor catalán emigrado a los veinte años a París (y obviamente nunca existido, aunque cuando apareció la biografía de Aub muchos recordaron haberlo conocido; pero existió -dilatada y tentacular existencia- Pablo Ruíz Picasso), es decir, con la intención de dar a través de un personaje fantástico la cristalización de una vida posible, de una historia particular que coincide con la historia de una sociedad, de los movimientos culturales que en ella se producen, de la búsqueda de nuevas o recobradas formas expresivas y, en suma, con la historia de la pintura en Italia entre las dos guerras; si quisiéramos escribirla, los datos por los que correría la imaginación acabarían siendo los de la vida de Francesco Trombadori.

La razón de que, leyendo la cronología de la vida de Francesco Trombadori, nos haya acordado de la de un pintor que nunca existido, es doble. Por un lado responde a las costumbres, por otro a la historia. A las costumbres, porque es fácil en un país como el nuestro devolver a la no existencia a un pintor, a un verdadero pintor (y también a un escritor: véanse los casos de Savinio, Viani, Bartolini, que eran también pintores, y de Alvaro y Brancati; mientras que es más difícil deshacerse de los que nada valen); a la historia, por algo a lo que hemos aludido y que remachamos observando una curiosa, casi borgesiana (de Borges, no de Giuseppe Antonio Borgese, a quien podríamos en el primer puesto de los escritores injustamente relegados a la no existencia) coincidencia: Francesco Tramborini y Jusep Torres Campalans  nacieron el mismo año, 1866. Esta coincidencia asume un significado concreto: si Max Aub eligió 1866 para el nacimiento de Campalans es porque naciendo ese año (o al rededor de ese año), un pintor -imaginario o realmente existente- podía en su vida sumar y representar otras vidas posibles en un abanico de experiencias variadas, inquitas e  intensas; y más rápidas y arduas que en otros tiempos, más corrosivas y corroídas. Este abanico de experiencias Trombadori lo vivió. Lo vivió -como dice Salinas del sitio que ocupaba Cernuda en sus clases y que quizás alude al que ocupaba en la generación poética, "ni muy atrás ni muy adelante", que es el sitio de la discreción, de la elegancia. Lo vivió, pues, dificultosamente: en un mundo que se hacía cada vez menos discreto, cada vez menos elegante.

Francesco Trombadori nació en Siracusa. Quizás sea en ese periodo cuando Otto Weininger pronuncia la sentencia de que "en Siracusa se puede nacer o morir, no vivir". Nada menos cierto: Siracusa no sólo es una ciudad donde se puede vivir, sino para vivir. Ninguna otra es más ciudad al mismo tiempo que como ciudad se niega, se disimula, se hace secreta y visionaria: para descubrirla. No podía vivir, eso sí, un pintor: un pintor necesita un lugar donde haya otros pintores, y lo más posible en contacto con los otros: en un barrio, en una calle, en el Bateau-Lavoir, en la villa Strhol-Fern. Pero de nacer en Siracusa, de los años de infancia y primera juventud que pasó allí, de su estar en ella aun estando lejos, la pintura de Trombadori se halla inefable y secretamente impregnada. La ausencia que se hace esencia. Guttuso dirá: "aunque pinte una manzana es Sicilia". Y así fue para Trombadori: aun pintando asiduamente en Roma, en "su" Roma está, como por esencia Siracusa. Lo que le gustaba a Roberto Longhi de las "vistas" romanas de Trombadori -una Roma embrujada y desierta donde la luz del alto mediodía semeja mudarse en la de un silencioso plenilunio- está justamente en esa esencia, que quien conoce y ama Siracusa no tardará en captar: la luz que aunque intensa y extensa semeja atenuarse por la magia del silencio (no para velar las cosa y confundirlas, sino para volverlas más nítidas.), los colores que se hacen más leves y casi a punto (pero en ese punto más secretamente ricos) de ser como absorbidos, de desvanecerse en el aire; y convertir calles, casas y monumentos en un hecho de la naturaleza, pero una naturaleza clemente, propiamente de idilio (de estado de paz) y en suma, teocritea, o sea poblada por invisibles mitos.

E irremediablemente pensamos en Siracusa -no en llevarla dentro de Trombadori pintor sabiamente dueño de sus medios, maduro; sino del Trombadori joven que vive en ella y atento y ansioso sigue los movimientos de esos años- cuando leemos la firma que pone en sus primeras cosas: Franz d'Ortigia o Franz Trombadori d'Ortigia. Pensamos en una siracusa a la cual ha llegado D'Annunzio; y guía nuestra imaginación aquel relato de Vitaliano Brancati sobre la singular aventura de Francesco Maria; La aventura dannunziana de un joven de Pachino, provincia de Siracusa, que fue en parte también la aventura de Vitaliano Brancati y plenamente la de Francesco Trombadori, nacido veinte años antes. Y podemos incluso llegar a la caricatura, la irrisión (como Brancati llega incluso contra sí mismo que recoge del fascismo los últimos hálitos dannunzianos); pero el caso es que el dannunzianismo ha sido como una vacuna. En la pintura del Trombadori maduro (igual que en el ma duro Brancati) no queda ni una sola sombra. Es una pintura serena y severa, de vibrátil esencialidad, de una sencillez donde confluyen no obstante las más complejas experiencias del siglo XX europeo.

Haría falta una larga disertación  (confiémosla a otros)para trazar la historia de las experiencias corridas por Trombadori en la primera mitad de este siglo nuestro y especialmente del decenio 1920-1930; son experiencias de toda una generación de pintores, aunque cada cual las decline a su manera. Lo anotaba Longhi: "Lo que más convence al respecto es que los pintores citados [de los círculos romanos: Trombadori, Donghi, Ziveri, Socrate] no se asemejaban demasiado entre sí, no formaban grupo, o équipe. Cada uno buscaba en paralelo su camino, lenta y hasta ariscamente. Hoy sería precisa una retrospectiva de cada cual para indicar sus respectivas trayectorias". Es  lo que se está haciendo con Trombadori con esta exposición; y en ella aparecerá con evidencia lo que Longhi dice: "su obstinado continuo progreso". Sólo que la obstinación hay que entenderla en el sentido de vocación y coherencia, no de una laboriosa voluntad que suple al talento. Da incluso la impresión, ante los cuadros de Trombadori, de que quiso como "contenerse", imponerse la conciencia de un límite: y a fin de cuentas, quedarse serenamente "ni muy atrás ni muy adelante", con el placer de pintar para sí -lo cual en su época empezaba a ser raro, conque figurémonos hoy -,que es siempre el modo mejor y más feliz de pintar para los demás".

viernes, 8 de enero de 2021

Leonardo Sciascia cien años.



Sciascia nació en Racalmuto (Sicilia) el 8 de enero de 1921, y este 8 de enero cumpliría cien años. Leer o releer sus libros  será reencontrar  amenidad, emoción, lúcido escepticismo, ingenio, ironía, sensibilidad, en fin, la sabiduría  que hacen de Sciascia el hombre de pensamiento -riguroso intelectual y  gran novelista- que fue y es.
En ABC Pedro García Cuartango recuerda dos aspectos importantes de su vida, el político y el religioso.
No hace todavía mucho hubiera bastado enlazar con el periódico  para pasarlo al blog , pero  ahora que el periodismo debe defenderse de lo gratuito para sobrevivir  habrá que copiar del ejemplar de papel creyéndose con  cierto derecho a ello por ser un ejemplar propio

                            


SCIASCIA Y LA MUERTE

"Leonardo Sciascia vino al mundo en Racalmuto (Sicilia) el 8 de enero de 1920. Por tanto se cumplen el próximo viernes cien años de su nacimiento. Sirvan estas líneas para rendirle tributo. Y para ello voy a hablar de su muerte , acaecida en noviembre de 1989. Tenía 68 años cuando falleció de cáncer en Palermo tras un duro tratamiento de quimioterapia.

Sciascia había dejado unas cartas en las que pedía a su mujer y sus dos hijas que se asegurasen de que estaba muerto antes de ser enterrado, porque tenía pavor a ser sepultado vivo. "Ha amanecido" fueron sus últimas palabras, que evocan a Goethe cuando exclamó en su agonía: "Luz, más luz".

María, su mujer, estaba junto a él  cuando exhaló su último suspiro. Pronto llegaron sus dos hijas y le pusieron un rosario en las manos. Una imagen chocante en un hombre que había marcado distancias resoecto a la Iglesia católica y que se consideraba agnóstico más que ateo.

Esos símbolos religiosos fueron interpretados por algunos medios como una conversión de Sciascia en el último momento, al igual que había sucedido con el pintor comunista Renato Guttuso. Pero no fue así. Poco antes de morir había dejado claro al obispo de Agrigento que no daría ese paso. 

Sciascia había escrito: "No hay ninguna certeza. Ni siquiera la certeza de que no haya certezas. Si amo la verdad y asumo todos los riesgos que comporta decirla, estoy viviendo religiosamente". Unas palabras que se materializaron cuando criticó la negativa de la Democracia Cristiana y el Partido comunista a negociar para salvar a Aldo Moro, que sería ejecutado por las Brigadas Rojas.

El intelectual siciliano era un detractor de Aldo Moro y estaba en contra del llamado "compromiso histórico". Pero fue el único que intentó comprender las cartas del lider democristiano en las que se autocompadecía y pedía que le salvaran la vida. Sciascia vio al hombre y no al político, encontró una verdad sobre el alma humana en su cautiverio. Y fue atacado y descalificado por su compasión hacia Moro.  quedó solo pero siempre lo había estado: "En vano intento medir con la mente esos incomprensibles espacios del universo que me rodean. No sé por qué estoy instalado aquí o por qué este breve tiempo de mi existencia me ha sido signado. Por todas partes sólo veo infinitos que me absorben como un átomo".

Pero no lamentaba el silencio de Dios, sino que lo asume como un postulado lógico: "Dios existe, pero nunca sabremos nada de él. No tiene necesidad de mostrarse", afirma en una frase con resonancias pascalianas. Y todavía más más allá. Sostiene que "su total ausencia  y negatividad" es la "única señal de su existencia".

Sciascia no encontró a Dios, pero sí al hombre o, mejor dicho, a los hombres. No fue una incoherencia que yaciera en el lecho de muerte con un crucifijo".  



ABC, 5 de enero de 2021

jueves, 3 de diciembre de 2020

Navidad 2020 - con Joseph Brodsky , Botticelli y Bach

  

Botticelli, Adoración de los Magos, (det.),h 1475, (ampliar)


De los poemas que Joseph Brodsky dedicó de forma ritual los últimos veinte años de su vida  a la Navidad los elegidos para este año son de 1973,ya exiliado de la Unión Soviética, en Venecia, ciudad por la que sentía una atracción especial y  en cuyo cementerio de la isla de San Michele quiso ser  enterrado


III

Campanas de iglesias de Venecia,
resuenan como el juego de té en una caja de vidas surtidas. La lámpara broncíneo pulpo
de lentejuelas, desde el tríptico de espejos
lame mi máquina-cama,
hinchada de lágrimas, de sueños sucios, y caricias              


VI

Navidad sin nieve, sin bolas,sin árbol,
junto al mar, oprimido por los mapas;
sepultando en el fondo la concha del molusco,
que esconde la cara, pero seduce con la espalda,
el Tiempo brota de las olas, y mueve solo
la aguja del reloj de la torre, sólo a ella.


Joseph Brodsky, Poemas de Navidad, Visor,2006

relacionados:Navidad 2020 con Joseph Brodsky



                  

miércoles, 28 de octubre de 2020

Hebe Uhart "ÉL"



De la escritora argentina Hebe Uhart (Moreno 1936-Buenos Aires 2018), escribe Eduardo Muslip en el prólogo de sus 
Cuentos completos:

"Y la literatura de Hebe va a sobrevivir en tanto la literatura siga teniendo entre sus funciones la de rescatar la continuidad de la vida," 

Y ella, sobre su escritura: "ahora si tuviera que nombrar escritores argentinos que son afines a mí, le citaría dos -ya muertos-, ambos de origen judío: Alicia Steimberg e Isidoro Blaisten. Los dos con gran sentido del humor"(El Tiempo, 18 nov.2016)
  

Cy Twombly

          
                               Él


Ese  verano estaba por entrar en la facultad. El año anterior tenía los omóplatos sobresalientes como un ángel, obtenidos con una dieta de bife y tomate partido en dos (una vez me desmayé en la bañadera). Ahora tenía un ligero sobrepeso y controlaba todas las noches en una libretita la cantidad de calorías ingeridas: zanahoria, ochenta calorías; lechuga cuarenta y cinco. Nabiza, leí en una revista, ochenta y cuatro. No quería ampliar mi dieta con nabizas, que debían ser una porquería como casi todo lo que llegaba a ochenta calorías. Mis pensamientos también habían cambiado: de indagar en unos libros que tenía si Jesucristo era hijo de Dios o un hombre cualquiera pasé a un ensayo sobre verdades de fe y verdades de razón. El autor trataba de conciliarlas así:"Cuando se objeta el relato bíblico por la  atribución de novecientos años a Noé, debemos tener en cuenta que se trata de la medición del tiempo para Dios...que es muy distinta de la nuestra".Me parecía que no había ninguna tabla de conversión posible del tiempo de Dios al nuestro y ese hiato entre las verdades de la fe y las de la razón me producía el efecto de un remiendo. De todos modos, no estaba en ese momento dispuesta a seguir esas tesis hasta las últimas consecuencias, curioseaba.Pasado ese año en que sí me había preguntado de manera vital si Jesucristo era hijo de Dios o un hombre cualquiera, que coincidía con comer bife con tomate partido en dos, había vuelto a mi tesitura de los once años. A los once años, una amiga me había dicho: ·El infierno está en esta vida". Yo había encontrado a esa afirmación muy interesante; nunca la había oído. Me parecía posible pero incomprobable; la afirmación tenía para mí menos sentido en sí misma que en relación a cómo se me aparecía mi amiga después de haber pensado en eso: era como una persona misteriosa que quién sabe por qué caminos extraños había llegado a decir "El infierno está en esta vida.

Pero a los diecisiete años bailaba sola y acompañada. Sola, bailaba con grandes movimientos y vueltas hasta quedar mareada: "Luna de miel de los monos". La luna de miel de los monos me parecía más fascinante que la de los humanos. También escuchaba a un cantante llamado Frankie Laine: yo sentía que la vida era una dulce perversidad y eso estaba solamente dispuesta a compartirlo con Frankie Laine:él cantaba para mí. Cuando escuchaba a Frankie Laine, que venía a ser todos los días, yo adquiría para mí misma un gran encanto: el de una muchacha desencantada de la vida. Ese desencanto era transitorio; si era sábado y había baile en el club o en una casa, yo me bañaba mucho más tarde; ponía mi vestido en una silla en el baño y no había que soportar la cena; comía cualquier cosa de paso. En vez de cenar bailaba "Skokian"; era una música muy dinámica, era el aperitivo del baile y quedaba todo impregnado de "Skokian", hasta el rengo que veía pasar por la calle todos los días a las ocho de la noche. ¿Por qué no?Ser rengo podía ser una cosa encantadora. En el baile me sacaba a bailar un obrerito precioso que me apoyaba. Me gustaba mucho bailar con él, pero en cuanto me iba olvidaba. Una vez bailé con Guillermo Echecopar, pero como cepillo, hombros estrechos y cuerpo frágil; allí escuché por primera vez que la historia debía ser revisada. Su fragilidad me produjo desconcierto y ganas de pasarle la mano por el pelo cepillo, pero no podía conciliar el tema de la revisión d la historia con los susodichos sentimientos; andaban separados como las verdades e la fe y las de la razón. Bailé toda la noche con él y no lo vi más porque era de Mendoza.


Sí, iba a entrar en Filosofía; cuando me preguntaban por qué, decía: "Por descarte". Me volvían a preguntar: "¿Por Descartes?. "Oh, no, por descarte de otras carreras", decía yo con aparente cansancio y con cierto sentimiento de superioridad respecto de esa humanidad tan reiterativa. Eso mismo le había dicho a un visitante, Ernesto, que pretendía la amistad de mi hermano; cada vez que él venía, mi hermano se hacía negar. Como él no lo recibía, lo escuchaba yo. Era gordo y pesado; quería estudiar Filosofía aunque ya había empezado Medicina. Yo me copié de mi hermano y tampoco quería recibirlo, entonces lo escuchaba mi mamá; ella lo apreciaba mucho porque él había contado que en su casa enceraba los pisos.Parecía que se habría conformado si mi hermano o yolo hubiéramos recibido, cualquiera de los dos, y yo finalmente le daba un poco de charla porque mi mamá me había dicho"¿Pero qué antipáticos y groseros!Un muchacho que vale oro..."Un día me dijo que había comprado todos los apuntes para el año entrante; me invitaba a estudiar a su casa, que quedaba en un pueblo cercano. Su casa era el doble de la mía, pero yo no alcanzaba a admirarla. Los padres no estaban y una tarde puso "Skokian" y acompañó el disco con unas onomatopeyas espantosas en inglés, unas onomatopeyas babosas y repugnantes; empecé en ese tiempo a elaborar la convicción de que se conoce mucho más íntimamente a las personas por las onomatopeyas o por el modo de estornudar que por las más variadas ideas que puedan sustentar. Cuando acabó el disco me dijo que en el piso de arriba habçía una pieza aislada; en la pieza una cama y que en la cam se había costado con una novia que había tenido. Dijo que la cama crujía. Yo pensé que la cama crujiría con unos ruidos similares a las onomatopeyas con que acompañaba "Skokian" y cambié de conversación; al rato me fui y no quise volver más a esa casa para estudiar Filosofía. Ernesto seguía yendo a mi casa todas las semanas, lo recibía mi mamá y habían avanzado en sus conversaciones sobre la calidad y la aplicación de la cera. 

Cy Twombly

El año anterior a mi ingreso a Filosofía había examinado mi cuerpo de frente, de perfil y la parte trasera, con un espejo. Estaba totalmente disconforme, no me gustaban mis pies ni mi tórax, que me parecían grandes, ni mi peli ondulado; aunque era relativamente alta, quería ser más alta, rubia y con el pelo lacio. Pero además me reprochaba a mí misma el ser tibia, tanto exterior como interiormante.Tal vez hubiese preferido ser de una fealdad de esas que asustan. Y como a los tibios el Espíritu Santo los vomita, me vestía de negro, para cubrir mi terrible fealdad interior y mi nada exterior. Me cubría para no ofender al prójimo; pero cuando bailaba con el obrerito y con Guillermo Echecopar, me ponía vestidos más lindos, me pintaba los labios y llegué a considerarme aceptable; sin embargo algo me faltaba.Ese año fui a una enorme fiesta; en el centro una rubia de cuerpo perfecto bailaba sin parar y tenía, a su alrededor, a los cuatro varones interesantes de la fiesta. Había que reconocer que ella era mayor, tendría veintitrés años; pero no sólo era elegida por ser rubia y hermosa: era graciosa, inteligente, coqueta, ensimismada y sonriente. Sus triunfos no la llevaban a cometer ningún exabrupto, como por ejemplo salir galopando por toda la pista de baile, algo que hubiera hecho yo de tener semejante éxito.Primero tuve una sensación dolorosa,"nunca iba a ser como ella", pero después cuando todo el mundo se sentó a mirarla para ver cómo bailaba, formé parte de todo el mundo y era como si yo bailase con esos muchachos.La otra chica que bailaba mucho no era linda y sin embargo tenía tanto éxito como la rubia; pero tenía savoir faire desde los nueve años.A los nueve años todas queríamos ir con Mirta y ser amiga de ella era una especie de consagración; ella era amiga de todas y de nadie; era amiga del grupo. Una vez me invitó a su casa para jugar; éramos muchas. La coherencia del grupo pareció tan grande, tan compacta y perfecta, con códigos tan sofisticados y fuera de mi alcance,, que no podía entender lo que decían; estaban discutiendo. A mí me producía mucha turbación intervenir o discutir; me fui con una paleta a jugar sola. De un pelotazo desparramé un poco de tierra de una maceta y ella, con tono duro, me dijo:-Tenés que barrer.

Barrí sin decir nada y me fui llorando a mi casa, sin  despedirme, para que no me vieran llorar; nunca más iba a volver a la casa de ella. Allá en casa de ella estaba el grupo, triunfante y glorioso,y yo me había quedo sola y me había mandado barrer; nunca se lo iba  a perdonar.

Cy Twombly

Pero ahora, a los diecisiete años, se había producido una  especie de statu quo entre las dos; éramos grandes y yo había aprendido ya el arte de hablar de una cosa y pensar en otra y el de hablar sin decir nada que me importara. Cada vez que la veía y cambiábamos unas palabras, pensaba mientras:"¿Te acordarás cuando me mandaste que barriera?".

La encontré un día de septiembre, íbamos en bicicleta y me propuso dar una vuelta por las afueras del pueblo,donde los chalecitos se espaciaban, había troncos de árbol sueltos que parecían asientos naturales, aromos florecidos y cerca el río. Cuando habíamos avanzado un poco, yo contenta porque ella me había dado bolilla y porque me mantenía muy bien en esa nueva tesitura adulta y ella contenta porque cría que no merecía otra cosa en la vida, me dijo:

-Vamos a saludar a un amigo que vive allá.

Nos detuvimos en un chalet más viejo que los otros, con los yuyos crecidos en el jardín delantero; parecía deshabitado, si sus dueños lo habitaban les daría lo mismo vivir ahí,  en la intemperie o en la ciudad. ella tocó el timbre como una persona acostumbrada a ir a esa casa y salió, somnoliento, el hombre más hermoso que yo había visto en mi vida; era un hombre, no era un muchacho como los que bailaban conmigo; tendría veintisiete años. Tenía la barba un poco crecida, como de dos días; debía ser alguien a quien esas nimiedades como afeitarse no le interesaban. su cuerpo y su cabeza eran perfectos; los labios muy grandes y sensuales y la mirada burlona. Ella le dijo:

-¿Cómo te va?-¡Mirta lo trataba de vos, de igual a igual a ese muchacho tan grande!

Yo había quedado muda por el impacto de su presencia y él lo advirtió: se volvió más negligente, bostezaba, hablaba como alguien que recién se levanta de la cama. Mi fascinación aumentaba. Dijo:

-¿Quieren pasar?

-No,, no, otro día -dijo Mirta- como si estuviera acostumbrada a entrar n la casa de él y ahora no lo hiciera porque asuntos más importantes la requerían. Yo estaba tan impactada por la presencia de él como por el hecho de que a ella no le produjera ningún impacto. Cuando nos fuimos (yo casi me caigo de la bicicleta pero por suerte Dios me ayudó) le dije a Mirta:

-Hace mucho que lo conoces?

-Sí, como dos años. Lo conocí en una fiesta.

Ella hacía como dos años que tenía el privilegio de tratar con un ser así; lo dijo como algo natural. Agregó:

-No vive acá todo el año, está de paso. Vive en Buenos Aires.

-Es claro -pensé-. No podría ser de otra manera; tendría una casa hirsuta cuando quería llevar la barba hirsuta; allí iría para esconderse, pero tendría otra casa espléndida en Buenos Aires en la que haría cosas espléndidas.Mirta me dijo:

-Come mandarinas en la cama y tira las cáscaras en las sábanas.

Eso era el súmmum de lo que yo podía llegar a escuchar. Evidentemente era un ser totalmente libre, podía ser civilizado o salvaje según sus deseos...

-Es muy pata -dijo ella-.La vez pasada lo vi por el río con una rubia flaca, alta.

¿Cómo un príncipe podía ser pata?Era un misterio que no estaba dispuesta a preguntarle, no le dije nada. Oculté la impresión que él me produjo y la traduje en un superficial.

-Es muy lindo-dije.

Ella cambió de tema y llegamos al centro.


Desde entonces, no pude dejar de pensar en él:"Iba con una rubia, flaca, alta".Claro, con quién iba a ir,no iba ir con una ovejita de pelo ondulado como yo. Él cambiaría de mujeres constantemente pero debería preferir a la rubia, flaca y alta porque formaban una pareja totalmente distinta de las demás.Las uñas de ella seguramente eran muy largas; era hermosa, un poco mayor que él y con esas uñas de bruja sacaría las cáscaras de mandarina de la cama, sin mencionar el tema; jamás un reproche. A veces a la noche, antes de dormirme, lo imaginaba solo. Veía su cara como si lo estuviese viendo en realidad, imaginaba que vivía conmigo en las siguientes condiciones: él me ponía en una especie de cucha de perro que tenía en el fondo de su casa y me tenía atada ahí todo el día. Él salía durante todo el día y cuando volvía me desataba, me trataba de usted. Yo preparaba la cena y él me hablaba lo indispensable.Después empecé a imaginármelo también de día y al atardecer mis pasos se encaminaban solos hasta su bario, no llegaba hasta su casa.                    Cuando me acercaba a su casa y pegaba la vuelta era como si me hubiese salvado de algún peligro; miraba detenidamente los troncos caídos, las casitas, los bancos de piedra que estaban junto a las puertas, como si lo único que me hubiera propuesto fuera un agradable paseo. Una vez, en mis tantos paseos por ese barrio pasé por una cuadra paralela a la de su casa. Me fui con una bolsa para comprar fruta en una verdulería que había por ahí, para tener una coartada por si lo encontraba, aunque me repugnara ir por esos prados con una bolsa de compras. Al llegar a la altura de la casa de él, tenía la sensación de que estaba escondido en su casa; estaba segura de que no era un hombre que anduviera por el barrio; no era alguien a quien se le encontrara fácilmente por la calle; como corresponde a una persona importante, no daría vueltas sin ton ni.Un día le dije: "Yo voy a pasar por la puerta de tu casa".Me encaminé; iba diciendo:"Ojalá no esté"; yo sentía que estaba.                Estaba, estaba reparando su verja pero posiblemente fuera una producto de mi imaginación. Me sonrió como si me hubiera visto al día anterior y me dijo:           

-¿Qué haces por acá?              

-Nada pasaba por el barrio...     

No sabía qué decir. Me dijo después:                          

-¿Quieres entrar?                 

- No, gracias -dije yo-.Tengo que irme.                              

Lo saludé y me fui.Cómo se le podría ocurrir tan naturalmente que yo entrara: a lo mejor entraba y me ataba a la cama o v aya a saber qué en esa casa que debía ser oscura por dentro. 

Cuando volvía para mi casa pensé: "De buena me salvé, si entraba ahí, a lo mejor no salía nunca más".

Cy Twombly

Cuando llegué a mi casa estaba Ernesto conversando con mi mamá; le explicaba el pensamiento de Tales y Anaximandro,comparados. A mi mamá no  le interesaba la Filosofía; le interesaba la Segunda Guerra Mundial. Nos dijo:                                    -¡Qué interesante! Los dejo.      Entonces me siguió explicando a mi, yo pensé que todas esas reflexiones de él estaban viciadas de nulidad y no estaba dispuesta a escucharlo ni a leerlo así escribiera una historia de la Filosofía que refutara todas las anteriores. Mientras Ernesto seguía hablándome, yo lo escuchaba avergonzada:si "él llegara a saber que yo tenía semejante amigo, no me miraría nunca más; me despreciaría. Antes pensaba que Ernesto me aburría, en ese momento empecé a pensar que Ernesto me contaminaba; si lo escuchaba mucho me iba a contaminar pesadez y gordura.                          

-Muy interesante-le dije-.Me tengo que ir.                           

-Te acompaño-dijo.                

-No, no, hasta otro día.


A partir de entonces empezó a venir día por medio;se había resignado definitivamente a que mi hermano no saliera, porque no salió nunca más, y se ve que mi mamá, por más que lo apreciara, no sabía qué decirle. Ella seguía diciendo que Ernesto era una monada de muchacho, pero después de la conversación de Tales y Anaximandro, cada vez que tocaba el timbre, me decía: "Está Ernesto".                        Yo lo atendía desde la puerta; invariablemente le decía que tenía que salir, me miraba con cara traspapelada, de perro apaleado, y se iba; a mí no me daba ninguna pena.

Cy Twombly

Yo entré a la facultad de Filosofía y empecé a conocer una serie de personas fascinantes. Cristina, por ejemplo, tenía veinte años y ya tenía una nena de seis años, una nena con lentes gruesos.Ella la presentaba así:"Mi hija. Un poco menos estrábica que Sartre". También Ester; cuando le pedí que paráramos en un lugar a tomar un café, me dijo:"Yo acá no entro;acá tengo fantasmas". Primero me asusté puerilmente y después comprendí lo que era una imaginación refinada: claro, eran fantasmas privados. Y también Mario, que entablaba largas discusiones con sus amigos, debates que yo no entendía porque ellos eran más grandes y además hablaban en francés y en inglés; cuando alguien lo vencía en la argumentación, Mario hacía un gesto como quien se desarma y decía:"Touché".                  Me había olvidado de "él"por todas estas novedades. Un día de invierno iba yo a la estación  para tomar el tren; en el andén estaba él y lo reconocí desde media cuadra antes.No estaba con la barba crecida; estaba con un hermoso sobre todo. La emoción de verlo era tan grande que tenía que concentrar todo mi esfuerzo para que no se notara, quería parecer indiferente. En la escalera de acceso al andén ensayé cómo iba a afrontar eso: decidí que lo mejor era hacer como que no veía y después desviar la vista, como por casualidad. Pero cuando emergí de la escalera, él me vio, me sonrió y yo me dirigí inmediatamente a donde estaba él.                  

-Hola-me dijo.                    

-Hola -dije.                  

Llegó el tren y preguntó:         

-¿Nos sentamos acá?

-Sí -dije yo, que me daba os mismo sentarme en el suelo o en el techo del tren.                         

Preguntó dónde nos sentaríamos con cierta vacilación, yo no entendía como un Dios puede preguntar dónde debe sentarse; peo todo era tan extraterreno que me dije:"Voy a actuar como si todo fuera natural".                        

Yo había dicho "sí" con voz de grajo. Debía remediar eso, tendría que mostrarme desenvuelta y exigente.Él me vio con gordos libros y me preguntó:             -¿Qué has leído?                 -Baudelaire -dije yo.

Baudelaire me pareció una lectura apropiada para contarle a él.

-¿Has leído Hermann Hesse?

-Sí-dije yo.Tenía que remediar esa voz de grajo.Dije:

-Leí también a Neruda y a Guillén. Pero no me gusta del todo Guillén.

-¿Por qué?- preguntó levemente irritado, como un maestro severo.

Yo leía los suplementos literarios de los diarios:"Picasso de la primera época", "El primer Vallejo". Yo no podía distinguir "El primer Guillén" de cualquier otro, pero dije:

-Porque tiene muchas onomatopeyas.

Él se quedó callado y a mí me dio un ataque de desesperación.¡Qué Dios me ayudara en adelante para no hacer nada que no entre en mi plan de comportamiento!Él seguía sin hablar, miré por la ventanilla, pasaban unas cinco gitanas.

-¡Gitanas!...-dije con entusiasmo desmedido, como si el espectáculo me apasionara.

Él sonrió y seguía sin hablar. Entonces le pregunté:
-¿Usted alguna vez soñó en tecnicolor?

-Oh, no tengo ese privilegio -dijo.

Lo dijo como si fuera un privilegio dudoso o poco interesante. Yo advertí la finura de la expresión: tal vez hubiera querido decir:"Eso no me importa", pero lo dijo de una manera elegante. Pensé:"No, no es un Dios, es un caballero inglés". Aunque estaba impactada por la respuesta dije:

-Yo sueño en colores.

Le conté un sueño con grandes flores tropicales, se las describí.

Lo había soñado a él, pero eso no lo conté; se podría irritar conmigo por semejante abuso. Cunado terminé de contar el sueño, me dije:

-Llegamos.

Estaba sonriente,se desperezaba en el asiento y me miraba, un poco divertido y otro poco cansado.

-Sí-dije yo.

Era un caballero inglés.


A los tres días de este episodio, mi mamá me dijo:

-Alguien te mandó flores.

Eran rosas rojas, muy lindas, recién llegadas y envueltas en su papel. Yo no podía saber quién las había mandado; pensaba y pensaba. Mi mamá me dijo:

-¿No las vas a poner en agua?

No las iba a poner hasta que no supiera quién las había mandado, a mí las flores no me gustaban mucho, más me hubieran gustado frutas o bombones...salvo que las hubiera mandado él.Sí, fui pensando cada vez con más convicción; me las debe haber mandado él, porque si a mí que no me gustaban las flores, estas me gustaban tanto, se veían tan hermosas, tan presentes...Sí, las había mandado él. En todo el día no pensé en otra cosa, las miraba cada vez que salía y entraba de la casa.Las puse en agua y las regué cinco veces ese día para que fueran eternas. Al día siguiente, cuando los pimpollos se abrieron y estaban en su esplendor, mi mamá me dijo:

-Vino Ernesto.

-...

-Él te mandó las rosas. Era previsible.

Dijo eso y se fue con el diario a dormir la siesta.

-No puede ser -dije yo.

-Sí -me dijo desde la pieza.

¿Qué era previsible? La odié, como si su previsión formara parte de la estafa.

Es posible que mi mamá les cambiara el agua a esa rosas, porque no toleraba los desperdicios ni las tareas inacabadas; yo no las miré más, por mí, que ardieran todos los jardines y que esas rosas se achicharraran para siempre en el infierno.


Hebe Uhart, Cuentos completos-edición  Adriana Hidalgo,2019