Bruce Nauman, Indiana,1941.



jueves, 24 de marzo de 2022

RILKE por invitación





La poesía que resulta oscura en una primera lectura no es más abstracta que la música, que oída más de una vez se hace familiar y se reconoce, y no entender la música no impide caer bajo su hechizo. Puede suceder con poemas de Dante, Marianne Moore, Rilke ... y una larguísima lista de grandes poetas de todas las lenguas y todas las épocas. Se puede probar con la Primera Elegía de Duino. Oirla mas de una vez.Y como si fuera música...esperar.
                    
Paul KLEE



Adam Zagajewski invita al lector a leer las Elegías de Duino de Rilke y para él  escribe:


"¿Cómo se leen las Elegías de Duino, esos diez grandes poemas  que conforman la cima del arte de Rilke? ¿Hay que intentar entenderlos en su totalidad o atravesarlos como niños que cruzan corriendo un bosque de noche, mitad aterrorizados, mitad alborozados? La cuestión es prácticamente irrelevante: quien se moleste en acercarse hasta una buena biblioteca no tardará en encontrar una colección casi interminable de análisis. Los filósofos cristianos nos informarán de lo profundamente cristianas que son las Elegías de Duino, los pensadores existencialistas reivindicarán a Rilke como un colega, los discípulos de Husserl encontrarán toneladas de fenomenología y otros historiadores de las ideas nos notificaran que ¡se trata simplemente de Friedrich Nietzche  en verso! ¿Hay que hacerles caso? Naturalmente que no. O mejor dicho, habría que conocer esas lecturas filosóficas o ideológicas y luego tratar de olvidarlas. Las Elegías son como un bosque; no hay en ellas un solo verso que no haya sido escrito bajo el hálito de la inspiración auténticamente poética, no filosófica. Las Elegías son un bosque encantado y al cabo de un tiempo un lector atento no parecerá exactamente un niño sino más bien una blanca lechuza volando silenciosa entre el denso enramado de píceas con la mayor facilidad, y con una suerte de triste felicidad que, según parece, es la respuesta adecuada a la gran poesía. Un lector atento entenderá que es una obra que trata de cuestiones esenciales y que carecen de respuesta, tales como  quiénes somos, qué es la muerte, son los amantes unos privilegiados, qué puede ofrecernos el arte..."p58 


 
Paul KLEE
            

LA PRIMERA ELEGÍA

¿Quién, si gritara yo, me escucharía
en los celestes coros? Y si un ángel
inopinadamente me ciñera
contra su corazón, la fuerza de su ser
me borraría; porque la belleza no es
sino el nacimiento de lo terrible; un algo
que nosotros podemos admirar y soportar
tan sólo en la medida en que se aviene,
desdeñoso, a existir sin destruirnos.
Todo ángel es terrible. Así yo, ahora
sepulto, como oscuros sollozos en mi pecho
mi grito de socorro ¿A quién podremos recurrir?
Ni a los hombres ni a los ángeles.
¡Ay! Incluso las bestias, astutas, se percatan
de que es torpe, inseguro, nuestro paso
que yerra por un mundo interpretado.
Quizá, tal vez, podrían socorrernos
el árbol ese, que, en la solitaria
ladera, contemplamos diariamente;
el camino de ayer, o la remisa
lealtad de una costumbre que, amoldada
a nosotros, prosigue a nuestro lado.
    ¡Oh! Y la noche, la noche...Cuando el viento,
lleno de espacios cósmicos nos roe
las mejillas, ¿a quién no se dará
esa sutil, desilusionadora
anhelada presencia ineludible
que ha de arrastrar por fuerza el corazón
solitario? ¿Será menos penosa
-decidme-para los amantes?
¡Ay! entrambos se encubren su destino
mutuamente. ¿Lo ignoras todavía?
Arroja ya el vacío que ciñes con tus brazos
al vacío del viento que respiras.
Tal vez las aves en su vuelo íntimo
sientan en  toda su amplitud el aire.


Sí,
las primaveras te necesitaban.
Infinitas estrellas esperaron
que tú las contemplases. Del pasado
vino a ti una onda henchida ,o, al pasar
ante un balcón abierto, la queja de un  violín
se te entregó. Todo ello era mensaje.
Pero, dime: ¿supiste tú abarcarlo?
¿No te hallabas perdido en tu esperanza,
como si todo y siempre te anunciase
a la mujer amada? (Di, ¿cómo podrías esconderla, 
y dónde, si los grandes y extraños pensamientos
que pasan por tu ser, quedan contigo,
perduran en tu noche?) Mas si aún sientes deseos
-si anhelas-, canta a los enamorados:
no se inmortalizó con adecuada
largueza su famoso sentimiento.
Sí, canta
a los abandonados, que tú encuentras,
casi envidiándolos, más amorosos
que a los correspondidos satisfechos.
Comienza una vez más la nunca cansada 
alabanza, Y observa cómo el héroe
no deja de ser nunca -hasta qué punto
su propia muerte sólo es un pretexto
de su último nacer. Pero ¡ay! a los amantes,
ya fatigada, la naturaleza
los retiene o recobra, sintiéndose incapaz
para reproducirlos nuevamente.
¿Acaso conseguiste
exaltar cumplidamente la pasión
de Gaspara Stampa, de tal modo
que alguna abandonada, emulando su ejemplo,
dijese: si yo fuese como ella?
Estas antiguas amarguras
¿no nos debieran dar más copiosas cosechas?
¿No es hora de que amando nos libremos
de la persona amada, reprimiéndonos
trémulamente, al modo que se afirma
en la cuerda del arco la flecha que, en el brinco,
quiere ser más de lo que fue? Pues nunca
podemos detenernos.
                            
Voces, voces. Escucha corazón,
como sólo los santos escucharon -aquellos
a quienes la llamada gigante levantó
de la tierra, sin que ellos, impasibles,
dejaran de seguir de rodillas, absortos,
sin atender a nada, consagrados a oír.
Y no es que puedas soportar la voz
de Dios, no; pero escucha el lastimero
soplo de los espacios:
ese ininterrumpido mensaje que se forma
del silencio, y que viene, hacia ti, susurrando,
desde los que murieron jóvenes.
Donde quiera que entrabas, en los templos
de Roma y Nápoles, ¿no te decían
serenos, su destino? ¿O en cualquier epitafio,
como recientemente -allí
en Santa María Formosa- aquella lápida?
¿Qué desean de mí? Sí, he de borrar de ellos
esa apariencia de injusticia
que, a veces, cohíbe
el puro movimiento de su espíritu.

Ciertamente, es extraño no habitar ya la tierra,
no seguir practicando unas costumbres
apenas aprendidas;
no dar, no atribuir significados
de futura realidad humana ni a las rosas
ni a esas cosas que son ofrecimientos
sin fin. No ser lo que era
en la infinita angustia de esas manos;
tener que desprenderse hasta del propio nombre,
como quien lanza, lejos de sí, un juguete roto.
Extraño es no volver a desear
los deseos. Extraño es ver, perdido,
disperso en el espacio, todo aquello
que estuvo unido.
Es penoso estar muerto y, trabajoso, 
ir recobrando poco a poco un mínimo 
de eternidad.
Pero todos los vivos cometen el error
de querer distinguir con excesiva
rotundidad. Los ángeles -se dice-
ignoran a veces si están entre los vivos,
quizás, o entre los muertos. El eterno
torrente arrastra las edades todas
por ambos reinos y, en medio de los dos,
logra hacer oír sus voces.


Pero en fin, los urgidos prematuros
que se marcharon ya, no necesitan
de nosotros. Con lenta y paulatina
remisión, va perdiéndose
la arraigada costumbre a lo terreno, como
se pierde el apego que nos une
al seno de una madre.
Pero nosotros, que necesitamos
de tan grandes misterios;
nosotros, para quien de la misma tristeza
brota un aumento de felicidad,
¿podríamos vivir sin ellos?
Es vana la leyenda según la cual, antaño,
en el planto [llanto] por Linos, la primitiva música
penetró hasta las rígidas esferas
y entonces, en los sorprendidos ámbitos,
(que un doncel, un doncel casi divino,
abandonó de pronto y para siempre),
el vacío inició su vibración...la misma
que aún nos arrebata y corrobora?
 

Relacionados:



Rainer Maria Rilke, Elegías de Duino, Versión de Juan Rulfo, Sextopiso, 2015
Adam Zagajewski, Releer a Rilke, Acantilado, 2017






jueves, 20 de enero de 2022

Paul AUSTER Stephen CRANE y Joseph CONRAD

    

Paul Auster ha empleado los últimos años en  escribir La llama inmortal de Stephen Crane. Un escritor habla de otro escritor y le dedica mil  páginas inspiradas de biografía,  análisis y reflexión sobre  él y su obra. 


 
Paul Auster no es un escritor preferido y además la extensión del libro  produce rechazo pero  J.M. Guelbenzu el mentor literario  que cualquier lector  agradece, en  su reseña de Babelia, aleja los temores de abordar  ese  océano de páginas y empuja a la lectura con su entusiasmo:

 

"Auster contempla la vida y la obra de Crane en paralelo, pero así como la vida es curiosa, pintoresca y entretenida, sin más, la soberbia lectura que hace de los textos del autor es una obra maestra de crítica literaria práctica.[...] 
    Cuando Paul Auster nos refiere el contenido de cada una de las obras que analiza, sean narraciones breves, novelas o cuentos lo que en realidad hace es acompañar la lectura de cada una mostrando cómo está construida, y en consecuencia, cuál es su sentido y cómo este viene definido por la singularidad de su escritura" 

Para lograr la excelencia literaria que subraya  Guelbenzu Auster  ha realizado  un   exhaustivo trabajo de documentación, relectura y reflexión  que  produce la prosa precisa  y  vibrante que mantiene a lo largo del libro y alcanza con su fuerza  al lector.

Entre los constantes motivos de  interés en el transcurso de la lectura  a partir de la página 744 se cuenta la especial relación entre Stephen Crane y Joseph  Conrad iniciada con la primera estancia de Crane en Inglaterra entre 1897 y 98. 


II 

"Un ciudadano británico de casi cuarenta años nacido en Polonia ("que habla y se comporta como un francés": Cora) y un norteamericano expatriado a punto de cumplir los veintisiete. La madre del primero murió cuando él tenía siete años, el padre del segundo había muerto cuando él tenía ocho. ambos habían sido buenos estudiantes, aunque distraídos, con suspensos, y los dos habían conocido la muerte y repetidos y trastornos en la infancia. El primero intentó suicidarse a los veinte años; a los veinte, el segundo se dijo a sí mismo y a los demás que moriría joven. Más adelante, ambos sobrevivirían a naufragios y ahora los dos escribían libros, pero como el primero había empezado tarde y el segundo pronto, a ojos del mundo el muchacho tenía más estatura que el adulto. Sin embargo, fue el joven quien tomó la iniciativa para su primer encuentro que se produjo el 15 de octubre de 1897 cuando Sidney Pawling el editor que supervisaba la obra de ambos en Heinemann satisfizo la petición del norteamericano organizando un almuerzo para los dos en un restaurante del centro de Londres. Debió haber sido un momento tenso para ambos. Cada uno de ellos admiraba la obra del otro, y cada uno de ellos había encontrado una conexión espiritual con el otro a través de esa obra, pero los escritores, que constituyen la clase de gente más extraña y solitaria del planeta, rara vez entablan una amistad profunda y duradera con otros autores. Tienden a cultivar una distante cordialidad con sus pares -cuando no los están apuñalando por la espalda o recibiendo una puñalada a cambio-, e incluso los más admirados son con frecuencia los más difíciles de soportar. Quién sabe lo que esperaban aquellos dos al entrar aquel día en el restaurante, pero casi seguro que cada uno por su parte se preparaba para una decepción.  Precisamente porque se respetaban y se consideraban iguales, y porque ninguno había establecido nunca una amistad verdadera con uno de sus iguales al que respetaran. Tal como recordaría el hombre maduro veintiséis años más tarde: "Nos estrechamos la mano mirándonos a los ojos, con intensa gravedad, como cuando dicen a dos críos que deben hacerse amigos. Estábamos bajo la alentadora mirada de Sidney Pawling, que, como hombre mucho más voluminoso que nosotros y poseedor de una voz grave, parecía como una persona mayor entreteniendo a dos extraños niños pequeños: con aire protector pero manifestando cierta ansiedad ante el experimento" 

Con ese tímido y solemne apretón de manos se inició la amistad  entre Crane y Josep Conrad. Los dos extraños niños pequeños y su voluminoso editor eran los únicos a la mesa aquel día, y una vez roto el hielo, la charla fluyó libremente, tanto que cuando Pawling consultó el reloj ya habían pasado tres horas y eran las cuatro de la tarde. Se levantó con brusquedad de la mesa, anunciando "os tengo que dejar ya" para volver apresuradamente a la oficina, pero ambos escritores, sin despacho al que ir y sin planes de ningún tipo "salieron", tal como Conrad diría después, y "echaron a andar juntos como dos vagabundos sin hogar, sin empleo y sin preocupación por dónde iban a pasar la noche". Siguieron charlando mientras vagaban de un barrio a otro, pero sobre todo guardaban silencio, "y la única alusión que hicimos aquella tarde sobre nuestras obras inmortales" fue una observación indirecta por parte por parte de Conrad:" Me gusta su general"(el personaje menor de menos importancia de La roja insignia), y otra de Crane, igualmente oblicua, sobre uno de los personajes igualmente secundarios de Conrad:"Me gusta su joven;casi lo estoy viendo".Esa especie de reticencia no es insólita entre novelistas, porque al revés de ,o que podrían imaginar los lectores, los novelistas rara vez hablan de su trabajo cuando están juntos, en particular con quienes se encuentran en una armonía más profunda.[-]

Tres semanas después, Conrad  envió a Crane un ejemplar dedicado de su primera novela, La locura de Almayer ("Con los mejores saludos y la más sincera admiración), junto con las galeradas de su tercera novela, en vías de publicación, El negro del "Narcissus", que llevaba apareciendo por entregas desde agosto en la New Review, y Crane le escribió a su vez el 11 de noviembre con una disculpa por haber enviado la carta a la atención de Heinemann (había perdido la nota con la dirección de Conrad).Calificando el libro de "sencillamente grandioso"


-Y  se sigue leyendo hasta el final, hasta la página 992, a partir   la cual comienza el ÍNDICE ANALÍTICO que multiplica  el interés  de este libro "sencillamente grandioso" -como califica Crane en carta a Conrad a  El negro del "Narcisus".


lunes, 13 de septiembre de 2021

Dante recordado (1321-2021) Borges,Rauschenberg y Benigni

 






Se conmemoran 700 años de la muerte de Dante en Rávena. En  el exilio, el 14 de septiembre de 1321 a los cincuenta y seis años. Es el gran poeta europeo y su Commedia, calificada de  Divina por Boccaccio  contemporáneo y primer biógrafo,  no ha dejado de ser admirada y  leída aunque, la figura del poeta,  haya sufrido sucesivas  actualizaciones  como recuerda  Jorge Gimeno: 
"La ilustrada, que lo desdeñó; la romántica, que lo adoró y distorsionó; la victoriana que lo metió en formol; la del modernism de Pound, que lo hizo un poeta del siglo XX, sobre todo  por los esplendores de la forma; la nacional, aún vigente, ya que en Italia Dante es un tótem, un protector de la tribu, más que Leonardo o Miguel Ángel, que Petrarca o Boccaccio, que Leopardi o Manzoni".

Para recordar la  vigencia de Dante  el post recoge el  homenaje de dos   artistas:  uno literario, el inmenso J.Luis Borges, y  otro plástico, Robert Rauschenberg,  arriesgado y seductor capaz de recoger y hacer vibrar  la herencia libertaria de Dadá entre el Expresionismo y el Pop  neoyorkinos en que se movió .

   
e
                                 

Robert Rauschenberg  en la primavera de 1958 inició una obra sobre el Infierno  en la que trabajaría  más de dos años. La serie constaría  de 34 dibujos, uno por cada Canto.  Los dibujos   entre imágenes fantasmales que evocan el mundo de Dante  incluyen personajes actuales, John F.Kennedy, Nixon  y otros, que sitúan al poema en un contexto contemporáneo. 

El artista se propuso leer  un Canto cada vez y sumergirse   en sus versos  antes de abordar las imágenes.  Utilizó una técnica mixta elaborada  y compleja: empapaba páginas impresas de medios de comunicación en un solvente químico y las frotaba  para transferirlas al papel, las lavaba y dibujaba sobre ello con  guache,tiza,  lápiz, y añadía papel pegado al papel del soporte. Los llamó dibujos "Combine" como  a sus sorprendentes obras  tridimensionales realizadas con pintura, collage, objets trouvés, animales disecados, Bed, Odalisca...  y otros. Eran una mezcla heterogénea,  explosiva y poética que hablaban de lo cerca que se sentía como artista de algunos aspectos dadaístas: la fusión  arte-vida,la provocación, la utilización del azar como un elemento importante  de la creación y la falta  de reglas previas para abordarla.

Con las imágenes creadas para  Inferno  Rauschenberg entra en una larga lista de prestigiosos ilustradores de la Divina Comedia iniciada en  el Renacimiento con Botticcelli y seguida por Blake,Doré,Barceló...



Canto XVII Divina Comedia
Canto III, Robert Rauschenberg, serie Dante
                                             

CantoX

Canto XXVI
                           
                           


J. Luis Borges
  en 1980  en Siete noches escribió  sobre Dante y la Divina Comedia  y de su intensa relación con ambos. Con esos textos,Borges, con sabiduría y la magia que libera  la  excelencia literaria  logra seducir al lector y , al futuro lector: 

La Divina Comedia

Paul Claudel ha escrito en una página indigna de Paul Claudel  que los espectáculos que nos aguardan más allá de la muerte corporal, no se parecerán, sin duda a los que muestra Dante en el Infierno, en el Purgatorio y en el Paraíso. Esta curiosa observación de Claudel, en un artículo por lo demás admirable, puede ser comentada de dos modos.
    En primer término vemos en esta observación una prueba de la intensidad del texto de Dante, el hecho de que una vez leído el poema y mientras lo leemos tendemos a pensar que él se imaginaba el otro mundo exactamente como lo presenta. Fatalmente creemos que Dante se imaginaba que una vez muerto, se encontraría con la montaña inversa del Infierno o con las terrazas del Purgatorio o con los cielos concéntricos del Paraíso. Además, hablaría con sombras (sombras de la Antigüedad clásica ) y algunas conversarían con él en tercetos en italiano.
    Ello es evidentemente absurdo. La observación de Claudel corresponde no a lo que razonan los lectores (porque razonándola se darían cuenta de que es absurda) sino  a lo que sienten y a lo que pueden alejarlos del placer, del intenso placer de la lectura de la obra. Para refutarla abundan testimonios. Uno es la declaración que se atribuye al hijo de Dante. Dijo que su padre se había propuesto mostrar la vida de los pecadores bajo la imagen del Infierno, la vida de los penitentes bajo la imagen del Purgatorio y la vida de los justos bajo la imagen del Paraíso. No leyó de un modo literal. Tenemos además el testimonio de Dante en la epístola dedicada  a Can Grande della Scala.
    La epístola ha sido considerada apócrifa, pero de cualquier modo no puede ser muy posterior a Dante y, sea lo que fuere, es fidedigna de su época. en ella se afirma que la Comedia puede ser leída de cuatro modos. De esos cuatro modos uno es el literal; otro el alegórico. Según éste Dante sería el símbolo del hombre, Beatriz el de la fe y Virgilio el de la razón. 
    La idea de un texto capaz de múltiples lecturas es característica de la Edad Media, esa Edad Media tan calumniada y compleja que nos ha dado la arquitectura gótica, las sagas de Islandia y la filosofía escolástica en la que todo es discutido. Que nos dio, sobre todo, la comedia, que seguimos leyendo y que nos sigue asombrando, que durará más de nuestra vida, mucho más allá de nuestras vigilias y que será enriquecida por cada generación de lectores.[...]
    Creo, sin embargo, en la conveniencia de ese concepto ingenuo, ese concepto de que estamos leyendo una relato verídico. Sirve para que nos dejemos llevar por la lectura. De mí sé decir que soy lector hedónico; nunca he leído un  libro porque fuera antiguo. He leído libros por la emoción estética que me deparan  y he postergado los comentarios y las críticas. Cuando leí por primera vez la Comedia, me dejé llevar por la lectura. He leído la Comedia como he leído otros libros menos famosos. Quiero confiarles, ya que estamos entre amigos, y ya que no estoy hablando con todos ustedes sino con cada uno de ustedes, la historia de mi comercio personal con la Comedia.
    Todo empezó poco antes de la dictadura. Yo estaba empleado en una biblioteca del barrio de Almagro. Vivía en Las Heras y Pueyrredón, tenía que recorrer en lentos y solitarios tranvías el largo trecho que desde ese barrio del Norte va hasta Almagro Sur, a una biblioteca situada en la avenida La Plata y Carlos Calvo. El azar (salvo que no hay azar, salvo que lo que llamamos azares nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad) me hizo encontrar tres pequeños volúmenes  en la librería Michell, hoy desaparecida, que me trae tantos recuerdos. Esos tres volúmenes (yo debería haber traído uno como talismán, ahora) eran los tomos del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, vertidos al inglés por Carlyle, no por Thomas Carlyle, del que hablaré luego. Eran libros muy cómodos, editados por Dent. Cabían en mi bolsillo. En una página estaba el texto italiano y en la otra el texto inglés, vertido literalmente. Imaginé ese modus operandi: leía primero un versículo, un terceto, en prosa inglesa; luego leía el mismo versículo el mismo terceto, en italiano; iba siguiendo así hasta llegar al fin del canto. Luego leía todo el canto en inglés y luego en italiano. En esa primera lectura comprendí que las traducciones no pueden ser un sucedáneo del texto original. La traducción puede ser, en todo caso, un medio y un estímulo para acercar al lector al original; sobre todo en el caso del español. Creo que Cervantes, en alguna parte del Quijote, dice que con dos ochavos de lengua toscana uno puede entender a Ariosto.  
    Pues bien; esos dos ochavos de lengua toscana me fueron dados por la semejanza fraterna del italiano y del español. Ya entonces observé que los versos, sobre todo los grandes versos de Dante, son mucho más de lo que significan. [...]



Infierno: Canto V(Paolo y Francesca) y Canto XXVI (último viaje de Ulises) 


Relacionado:

sábado, 14 de agosto de 2021

"El hombre que ordenaba bibliotecas"





El autor  es también poeta y eso  vitaliza la prosa  precisa y  concisa.
El librito, 119 pp., desde el principio arrastra al lector y es difícil no leerlo de un tirón aunque luego se vuelva sobre algunos aspectos para repensarlos. La edición de Pre-Textos, muy buena, como suele .Y las primeras páginas, un vistazo sagaz a la literatura italiana:
                                    

                    "Lo que no ha ocurrido no envejece jamás".
                     PERCY B. SHELLEY, Defensa de la poesía.


TE aseguro que esto es sólo el comienzo, confía en mí. Cuento contigo, no corras, no quiero que te quemes nada más empezar.
    Ya, pero espera sólo un momento, por favor, que tengo alguna cosa más que comentarte.
    Dime, dijo él.
    Andas, dije yo, muy escaso de literatura italiana. Aquí faltan italianos por todos lados.
    Buf, me caen fatal los italianos.
    Pero estamos hablando de libros. Sólo tienes a Petrarca y Dante. Ésta es una edición rarísima y muy cara, pero sólo contiene el Infierno. Deberíamos tratar de encontrar una completa.
    Nel mezzo del cammin di nostra vita...Era eso ¿verdad? Lo mismo que nosotros.
    Sí, pero no me lo recuerdes demasiado, por favor, no te creas que lo llevo muy bien.
    ¿Pero no se ha de decir "el" Dante?
    No. Ya no. Creo que no. No estoy seguro.
    Mi padre lo decía así. Ese libro es suyo, claro, como casi todos. Yo no lo he leído, nunca pasé del primer verso.
    ¿No le gustaba Boccaccio o Cavalcanti...?
    ¿Quién?
    Vamos a hacer otra cosa. Si te parece quitamos un poco del presupuesto de los franceses, y completo la parte italiana. Con doscientos euros o así ya basta para lo elemental, supongo. O no, un poco más, tal vez trescientos.
    Tú decides, en serio. Para eso estás aquí.
    No puedes no tener nada de Pavese. El bello verano es una maravilla. Y Natalia Ginzburg, te encantaría. Y la primera página de la Conversación en Sicilia de Vittorini es, creo, el mejor comienzo de una novela del siglo XX. Y del XXI. Algo de Verga, La vida en el campo...
    ¿Verga?
    Sí, es muy bueno de verdad. Y casi no tienes poetas. Algo de Pasolini, y Montale,y sobre todo Saba, el mejor. Quasimodo y el resto de los herméticos de momento quedan fuera.
    ¿No te gustan los herméticos?
    No, casi ninguno de ellos, y esos pocos casi nada.
    ¿Por qué?
    Pues por herméticos, ¿te parece poco? Pero oye, ahora en serio: te he de conseguir un buen Leopardi.
¿El de El gatopardo? Creo que sí lo tenemos.
    Joder, es verdad, Lampedusa. Lo tienes, sí, pero en una edición, no sé...sobrecogedora, como de quiosco, pero de quiosco de los años setenta, con cubiertas verdes y letras doradas y esas cosas. Igual tenemos que subir a cuatrocientos euros.
    Si hace falta adelante, barra libre, pero eso, que sean buenas ediciones, de verdad, antiguas, como todas estas, que no desentonen mucho.
    Mira, lo importante es que sean buenas traducciones, rigurosas y que estén bien editadas...Lo de la bibliofilia ha de retirarse ante la filología, créeme, igual que la filología ha de estar al servicio de la literatura, nunca al revés. Menos viñetitas y dedicatorias y filigranas bobas y más buenas notas al pie. Una de las primeras ediciones de La alegría la prologó Mussolini: una locura. Entendería perfectamente que codiciaras esa edición, como yo mismo, pero, si no, mejor tener la traducción de Tomás Segovia, o alguna otra buena, o incluso la versión original. Ese libro se entiende muy bien, al menos lo literal. Lo que pudo querer decir ese señor ya es otra cosa...
    Como tú veas, de verdad. Pero no me descuides lo francés, por favor, que a Luisa le llama más.
    De acuerdo, no te preocupes ¿Nos queda algo pendiente?
    No sé. ¿Pasolini no es aquel que era un poco pederasta?
    Bueno, eso dicen. su poesía es una castaña como una catedral pero tiene algún libro de viajes precioso.
    Venga, cómpranos ése, por favor. Nos gustan mucho los viajes
    Genial. Apuntado.
    Otra cosa: ¿Quasimodo no era francés?
    No. Y le dieron el Premio Nobel, pero no hace falta, de verdad.
    Ah,¿le dieron el Nobel? Pues entonces para la siguiente remesa, sí eso.
    Como tú veas, tú pagas.
    Vale, pues sí. Es que creía que era francés.
    Igual lo estás confundiendo con el personaje de Víctor Hugo.
    Oye, es verdad, a Víctor Hugo sí que has de meterlo.
    Víctor Hugo era francés.
    Ya lo sé, hombre, no soy tan ignorante. Me refería a la lista de ayer.
    El primer día ya vi que tienes varios, bastante aceptables, pero lo repasaremos, por supuesto.
    Lo de Verga era una seudónimo ¿verdad?
    No, creo que no
    No sé, como es italiano...
    No
    ¿Y qué es eso de La alegría?

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Juan Marqués, El hombre que ordenaba las bibliotecas, Pre-Textos, 2021
    
    


viernes, 16 de julio de 2021

Wallace Stevens/ Poemas tardíos

 




"... está en pie de igualdad con contemporáneos como Hardy, Yeats, Rilke y Valéry,[...] ¿Cómo y por qué nos emociona, nos ilustra, amplía nuestras existencias y nos ayuda a vivir nuestras vidas?" Harold Bloom
                        

                         
Wallace Stevens en 1922



En "El poeta del fin de la mente" -Andrés Ibáñez- recuerda que Stevens con su  poesía  busca responder:   
-qué es la poesía, 
-qué es la imaginación y 
-qué es la mente (el pensamiento). 





LA VELA DE ULISES


Bajo la hechura de su vela,  Ulises,
símbolo de quien busca , cruzando por la noche
el gigantesco mar, leyó su propia mente.
Dijo: "Como conozco, soy y tengo
el derecho a ser". Guiando su embarcación
bajo las estrellas medias, dijo:


                                            I    

 "Si el conocimiento y la cosa conocida son lo mismo
de modo que conocer a un hombre es ser
ese hombre, conocer un lugar es ser
ese lugar, y al parecer de eso se trata;
y si conocer a un hombre es conocerlos a todos
y si la sensación que uno tiene de un sitio  sencillo
es lo que uno conoce del universo,
entonces el conocimiento es la única vida,
el único sol del único día,
el único acceso al verdadero alivio,
confortador profundo del mundo y del sino.

THE SAIL OF ULYSSES.-/Under the shape of his sail, Ulysses,/ Symbol of the seeker, crossing by night/ The giant sea, read his own mind./ He said, "As I know, I am have / The right to be". Guiding his boat/ Under the middle stars, he said: 

                                                    I

If Knowledge and the thing known are one/ So that to know a man is to be/ That man, to know a place is to be/ That place, and it seems to come to that;/And if to know one man is to know all/ And if one's sense of a single spot/ Is what one knows of the universe,/ Then knowledge is the only life,/ The only sun of the only day,/ The only access to true ease,/The deep comfort of the world and fate./ 

                                                  II

Hay una soledad humana,
una parte del espacio y de estar solo,
en que no puede el conocimiento ser negado,
en que no hay cosa del conocimiento que falle,
la luminosa compañía, la mano, 
el brazo fortalecedor, la profunda
respuesta, la voz que del todo contesta,
la que más que cualquier otra cosa es
el derecho alrededor y dentro de nosotros,
unido, el triunfante vigor sentido,
la dirección interna de la que dependemos,
la que nos guarda lo poco que nosotros somos,
la ayuda de la grandeza por ser y la fuerza.

                                                   II

There is a human loneliness;/A part of space and solitude,/In which knowledge cannot be denied,/In which nothing of knowledge fails,/The luminous companion, the hand,/ The fortifying arm, the profound/Response, the completely answering voice,/That which is more than anything else/ The right within us and about us,/Joined, the triunphant vigor, felt,/The inner direction on which we depend,/That which keeps us the little that we are,/The aid of greatness to be and the force.


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                                                VIII

¿Cuál es la hechura de la sibila? No,
para variar, la mujer enfulgida, sentada
en armoniosas coloraciones, rociada y regada
por ellas: espléndido símbolo sentado
en el asiento de la santimonia, arcoirisado,
perforando el espíritu por la apariencia,
un recapitular las vidas más elevadas
y el cetro director de todas ellas, la corona
y final refulgencia y escarbadora muestra.
Es la sibila del yo,
el yo como sibila, cuyo diamante,
cuyo supremo abrazar toda abundancia
es pobreza, cuya joya hallada
en lo central más exacto de la tierra
es necesidad. Por ello, la hechura de la sibila
es una cosa ciega que trata a tientas de encontrar su forma,
una forma que está lisiada, una mano, una espalda,
un sueño demasiado pobre, demasiado indigente
para ser recordado, la hechura antigua
gastada e inclinada hacia ninguna cosa.
Una mujer mirando camino abajo,
un niño dormido en su propia vida.
Así como dependen, deben estos dar uso.
Ellos miden el derecho a usar. La necesidad crea
el derecho a usar. La necesidad nombra en su aliento
categorías de adusta penuria,
que, sólo por nombrarlas, es crear
una ayuda, un derecho a ayudar, un derecho
a conocer lo que ayuda y alcanzar, 
por derecho de conocimiento, otro plano. 
La mujer enfulgida es ahora vista
en aislamiento, separada
de lo humano en la humanidad,
una parte del inhumano más, y aun
así un inhumano de nuestros rasgos, conocido
y no conocido, inhumano por un poco rato,
inhumano por un poco tiempo menor."


La gran vela de Ulises parecía,
en los alientos de este soliloquio,
viva por un enigma que revoloteaba...
Como si otra vela aún pasara
avanzando derecho a través de la noche
y oscilasen racimos de estrellas por todo el camino.


                                                   VIII

What is the shape of the sibyl? Not,/For a change, the englistered woman, seated/ In colorings Harmonious, dewed and dashed/ By them: gorgeous symbol  seated/ On the seat of halidom, rainbowed,/ Piercing the spirit by appearance,/ A summing up of the loftiest lives/ And their directing sceptre, the crown/ And final effulgence and delving show./ It is the sibyl of the self,/ The self as sibyl, whose diamond,/Whose chiefest embracing of all wealth/ Is poverty, whose jewel found/At the exactest central of the earth/ Is need. For this, tje sibyl's shape/ Is a blind thing fumbling for its form,/A form that is lame, a hand, a back,/ A dream too poor, too destitute/ To be remembered, the old shape/ Worn and leaning to nothingness,/ A woman looking down the road,/A child asleep
in is own life./ As these depend, so must they use./ They measure the right to use.Need makes/ The right to use. Need names on its breath/ Categories of bleak necessity,/Which
, just to name, is to create/ A help, a right to help, a right/ To know what helps and to attain,/By right of knowing, another plane./The englistered woman is now seen/ In an isolation, separate/From the human in humanity,/A part of the inhuman more,/The still inhuman more, and yet/An inhuman of our features, known/And unknown,inhuman for a little while,/Inhuman for a little, lesser time".


The great sail of Ulysses seemed,/In the breathings of this soliloquy,/Alive with an enigma's flittering.../As is another sail went on / Straight forwardly though another night/ And clumped stars dangled all the way./ 



Poemas tardíos, Lumen