Bruce Nauman, Indiana,1941.



sábado, 9 de julio de 2011

HENRY ROTH "Un americano"


Emigrantes h 1900 con la Isla de Ellis al fondo



Henry Roth, de quien Alfaguara publica Un americano, es especial dentro de la literatura porque su vida y su obra siguieron una trayectoria inusual. Vivió atormentado por la falta de fe en sí mismo, como persona y como creador y por los sufrimientos causados por heridas diferentes y profundas, su identidad como judío, el incesto... 
Su primera gran novela pudo ser olvidada y desaparecer, como pareció sucedía en 1934 , pero reeditada treinta años más tarde supuso la  consagración por la crítica y  por los lectores vendiéndose  un millón de ejemplares. De sí mismo le salvó la compositora y pianista Muriel Parker. La conoció en Yaddo  una colonia de artistas en 1938 y se casaron al año siguiente. Vivieron juntos hasta la muerte de ella en 1990.En el fondo es a ella a quien se dirige en  estas páginas.

Cuando publicó Llámalo sueño (Call it Sleep) en 1934 Roth tenía 28 años. Por complejas razones -desde el contexto socio-económico de la Gran Depresión al radicalismo ideológico de los años treinta- tuvo críticas desiguales y el libro pasó desapercibido;  tras décadas de silencio y alejamiento de la escritura, en 1964 se reeditó en bolsillo con el éxito señalado. Hoy se la considera una de las grandes novelas del siglo XX y a Roth, además de un escritor  de primera fila, un  iniciador de la fecunda veta de grandes novelistas americanos en inglés de origen judío: Salinger, Saul Bellow, Philip Roth...,porque otro gran escritor de origen judío inmigrante en Estados Unidos desde los años treinta el polaco I.B.Singer (también Premio Nobel, como Bellow) eligió continuar  expresándose en su  yiddish materno.

Un americano, (An american Type) está armada, casi como se monta una película por el editor Willing Davison con los materiales en que trabajaba Roth cuando, a los 89 años llegó la muerte. Empezó a escribirla unos años antes cuando Muriel Parker acababa de morir. Su matrimonio había durado cincuenta años y el libro era un homenaje a ella, a cuánto la admiraba y creía deberle; a la falta de sentido que la vida tenía sin ella, pero también, como toda su obra,  es un intento por explicarse a sí mismo, para llegar a aceptarse y perdonarse tal vez.

El editor ha reducido a 312 páginas las 1900 escritas con ordenador ( el procesador de textos le permitió a Roth escribir a pesar de la incapacitante artrosis reumatoide que atenazaba sus dedos) y lo ha hecho siguiendo un método  atento a respetar las secuencias del estilo de Roth y sus intereses literarios. El resultado es una obra capaz de interesar y emocionar al lector tanto como sus libros anteriores. Una narración torrencial de lirismo áspero y desgarrador. Su obra completa la componen seis novelas,  separadas , la primera y la segunda, por el largo periodo de inactividad creativa que siguió a su aparente fracaso como escritor:

*Llámalo sueño,la publicada en 1934,- y -muchos años después-  la tetralogía, A merced de una corriente salvaje, otra obra maestra bajo cuyo verso de Shakespeare están cuatro novelas notables:
* Una estrella brilla sobre Mount Morris,1999 
* Un trampolín de piedra sobre el Hudson, 2000 
* Redención, 2002 
* Réquiem por Harlem, 2002, 
a ellas hay que añadir * Un americano, 2010. Los largos años en que Roth dejó de escribir  sobrevivió precariamente dedicado a los más diversos oficios.

Un americano es la más autobiográfica de las obras de Roth, con serlo todas, la más explícita;  tiene mucho de elegía, de desolación por la pérdida de Muriel cuyo amor, inteligencia, y comprensión para sus angustias e inseguridades le capacitaron para llevar una vida menos atormentada y volver a enfrentarse con la escritura. Así habla Ira Stigman, álter ego de Roth, de Muriel Parker:

"Su constitución esbelta, sus muñecas nada tensas de pianista cruzadas sobre el regazo de su vestido marrón, su pelo rubio oscuro...Resultaba muy hermosa sentada en el taburete ante el oscuro piano vertical.-Sólo hay dos cosas que quiero -dijo-. Casarme contigo y componer música". (p291)
"...si no fuera por M., pues podría volverse incluso más detestable aún, y sin M. no tendría ni una mínima posibilidad de convertirse en la persona que podía aceptar, que anhelaba ser."(p.71).
"Ella se sentó al otro lado de la mesa mirándole con unos ojos fijos e indulgentes que Ira sintió con seguridad que le veían tal como era, y sin engaños, aceptando sin embargo totalmente la unión de sus vidas". (282)
"Su M., su indeciblemente preciosa M., parte de él, entrelazada, entretejida, entremezclada, entre, entre, entre..., separada violentamente de él, arrancada de sus tejidos, de sus sinapsis." (309)

Un americano captura  al lector por el interés que despierta el autoanálisis a que Roth se somete con una sinceridad desarmante, sin excusas,como en una meditación dolorida; por cómo expresa el contexto ideológico en que se movió en los años treinta; por el retrato familiar, tan contrapuesto ( una familia de inmigrantes judíos pobres del Lower East Side -la de Henry Roth y otra aristocráticamente norteamericana, descendientes de los puritanos del Mayflower, la de Muriel);por cómo retrata las personalidades tan distintas de ambos y a pesar de ello su amor y leal sintonía...,los ambientes de Nueva York, Los Ángeles o Albuquerque...o el viaje de polizón que Ira realiza en trenes de mercancías desde California a Nueva York....la personalidad serena pero apasionada de Muriel que Roth/Ira agradece a la vida como un don capaz de salvarle a pesar de tantas inseguridades y depresiones...
A esto hay que añadir la calidad y el vigor de su prosa que ya impresionaba en Llámalo sueño:
"Una nube cizalló la luz del sol del embarcadero; David sintió la espalda más fría; el viento se hizo más intenso...Las chimeneas de la otra orilla se oscurecieron lentamente, estriando la velada distancia con una sombra de color gris hierro. -Sobresalen como fichas. Como fi...pi...¡Sh! Hoy has sido bueno. Mira a otro sitio.Su mirada se movió hacia la izquierda. A medida que la nube fue pasando, una rueda de afilar larga y delgada quemaba plata sobre el agua... -¡Caramba!, no lo había visto nunca! Se ensanchaba convirtiéndose en una faja, en una senda, se ensanchaba. -Como si acabara de pasar un barco. Una llanura, perfecta,lisa como una lámina hasta sus apretados márgenes, David tenía los ojos encandilados.Los párpados le pesaban."(Llámalo sueño, Editorial Alfaguara.p.375)
Llámalo sueño se inicia cuando en 1908 el autor de dos años llega con su  madre en un barco de emigrantes - desde su Galitzia natal, en el Imperio Austro-Húngaro-al puerto de Nueva York.Allí les espera un padre que ya desde el principio se presagia arbitrario y colérico para instalarse en el Lower East Side entre otras familias judías donde el idioma habitual era el yiddish. 
El novelista y  crítico J.M. Guelbenzu que en los años noventa, cuando se publicó Llámalo sueño, compartió su entusiasmo con tantos lectores de sus críticas -que hasta entonces sólo conocían y admiraban a Philip Roth o al Roth austrohúngaro de La Marcha Radetzky- termina su reseña de Un americano, en Babelia, con estas  palabras: 
"Hoy es un grande entre los grandes y la lectura de este libro un auténtico regalo para sus lectores: Una historia de amor en tiempo de la Depresion"

jueves, 5 de mayo de 2011

Jackson POLLOCK... Niebla Azul-Lavanda Nº 1

*


"Creo que esa es una de sus ideas -replica con tacto-.Sumergir al espectador, pintar a tal escala que el espectador deje de ver los bordes de la tela.[...] Cuando miro hacia atrás, me resulta difícil recordar por qué desdeñábamos tanto el arte figurativo, por qué lo mirábamos con tanto desprecio...no queríamos que la pintura fuese anecdótica,ésta era la palabra que nos asustaba [...] pero ahora me pregunto si toda pintura no es anecdótica, un relato que el pintor quiere contarnos.[...]El lienzo es una aventura. Clem [Pollock?] tenía razón en eso, y el artista es el aventurero que va contando su relato a medida que trabaja" [...]
John Updike: Busca mi rostro,TusQuets, (se supone que la Hope de la novela que está hablando es Lee Krasner, la mujer de Pollock)


"Soy admirador de Pollock por su dramática y
apasionada búsqueda de la identidad".

(...) y honro a los muertos
pensando a propósito de mí
que soy un artista moderno".

yannis kounellis,

es el homenaje del  artista povera griego Kounellis, a otro artista contemporáneo aunque en un estilo diferente; en la pintura de Pollock ,el soporte está tatuado por "drippings" entrecruzados, laberínticos; ese goteo que Pollock deja caer desde el bote o a sacudidas casi a ciegas como un equivalente en pintura de la escritura automática de los surrealistas, o la mano del azar de los dadaístas para convertirse en otra cosa, la action painting, hasta consiguir que en una superficie técnicamente plana y visualmente plana pero profundamente tatuada por el color , las líneas, los grumos, creen ritmos a diferentes profundidades en el fondo-superficie de la tela... y hagan tan difícil falsificar un Pollock de su mejor época.

Jackson Pollock,nacido en Wyoming en 1912 y muerto en un accidente de coche en 1956; en sus cuarenta y cuatro años de vida tuvo tiempo, y talento para crear el primer movimiento artístico genuinamente nortamericano: la Action Painting también conocido como Expresionismo Abstracto.

Había estudiado arte en Los Ángeles y más tarde en Nueva York y estuvo influído por los muralistas mexicanos,-llegó a trabajar en el estudio de Siqueiros-, por los estilos postcubistas de Picasso, por Matta, Masson y Miró y fascinado por ideas surrealistas como la escritura automática.Se interesó por los escritos de Jung y la mitología de los indios americanos.A principios de los cincuenta ideó el dripping ; esta técnica le llevó a abordar violentamente la tela colocada en el suelo y hacer gotear sobre ella los colores directamente del tubo siguiendo los movimientos el cuerpo , rápidos y violentos, hasta crear imágenes totalmente abstractas pero llenas de dramatismo y energía; fue el primer pintor contemporáneo que abandona la tradición del cuadro de caballete para trabajar sobre grandes dimensiones, generalmente, sobre el suelo; a pesar de esa aparente inconsciencia en el proceso creativo, -que en parte lo es porque la danza-ballet enloquecida que desarrolla sobre el lienzo ejerce su poder hipnótico-, ejerce un cierto control sobre él, elige un formato, la escala los colores, parte de una necesidad plástica general que le gustaría se desarrollara "orgánicamente".
"No trabajo sirviéndome de dibujos o esbozos en color. La mía es una pintura directa. El método de esta pintura es el crecimiento natural de una necesidad. Lo que me urge es expresar mis sensaciones, más que describirlas",comentó en 1951 en la película Jackson Pollock.

La Action painting, con su carga de caos, desorden, energía agresiva,es una acción no proyectada en su totalidad y depende, en parte, del azar; G.C.Argan, la interpreta como la respuesta rebelde del artista al malestar de la sociedad del bienestar,a un tipo de vida excesivamente proyectado y controlado y a pesar de lo cual ha sido posible la Segunda Guerra Mundial.

A Pollock plásticamente le influyen también la abstracción lírica de Kandinski y la exploración surrealista del azar de Max Ernst y llega a esta solución revolucionaria decantando sus experiencias y concentrando toda su energía creativa. En la energía y fluidez con que están hechas sus pinturas, en el impacto de su técnica revolucionaria, se produce la descarga de las tensiones emocionales de este artista, volcadas en estas gigantescas telas .

Lavender Mist: Number 1, 1950;ól/lz, 221 x 300 cm. National Gallery of Art, Washington, D.C.

En Lavender Mist,Number 1, como en otras pinturas de la misma época, el espectador es sumergido, absorbido, por el "cuadro". Si la técnica es una consecuencia del automatismo surrealista, Pollock lo lleva al extremo trasladando al lienzo un proyecto semiconsciente de forma apasionada e intensa con un dinamismo que se autoalimenta y se acelera una vez iniciado; semejante a un estado de trance, sensaciones intensas convertidas en líneas, grumos, ritmo, manchas, movimiento, consiguiendo hacer vibrar la luz por el temblor y la iridiscencia de los colores  en una superficie-fondo simultáneos, entretejidos como en un tapiz  que respirara.





"En los murales renacentistas el mismo edificio es el borde, y todo se fusiona, fluye en algo que no es claramente distinto. Pero en un museo, con las paredes blancas, el vigilate en un rincón...sólo en algunas de las telas más grandes de Zack [Pollock?], las que pintó en 1959, antes de que se le agotara el talento, sucede de veras, nos perdemos en la pintura, tal como él decía que le pasaba. E incluso entonces tropezamos con algo, un abejorro, la pisada de una zapatilla, una colilla de cigarrillo deslizada hasta ahí y que nos recuerda lo que estamos mirando, una tela de gran tamaño con bordes.Creo que es muy arriesgado basar cualquier enfoque de la pintura en lo que el hipotético espectador hará o sentirá. Tiene que ser entre tú y la tela...pregunta y respuesta, empuje y atracción, y dejar que el espectador entre como pueda".

[Habla Hope/Lee Krasner en J.Updike: Busca mi rostro]

link relacionado:
Jannis Kounellis

jueves, 24 de marzo de 2011

JAPÓN...

*



Los Emperadores de Japón visitan
a los damnificados





Octavio Paz  admiraba  la poesía japonesa por su equilibrio para ser precisa e indeterminada a un tiempo,de "voluntario inacabamiento" habla Paz-,  por el sutil humor y la ironía con que anula cualquier pomposidad  y por la creación de imágenes fulgurantes  de una sonoridad especial capaces de  desencadenar hondas experiencias interiores.

Y en la introducción a Sendas de Oku, Paz, recuerda :
"... ni antes ni ahora Japón ha sido para nosotros una escuela de doctrinas, sistemas o filosofías, sino una sensibilidad. Lo contrario de la India: no nos ha enseñado a pensar sino a sentir".
Y subraya que ese sentir de Japón no se limita al pensamiento o a la sensación sino que abarca, junto al corazón y la mente, las mismas entrañas.

                                (ampliar mapa)

El refinamiento de la capacidad de sentir lo ha trasmitido Japón a través de sus poetas, novelistas, pintores,jardineros, arquitectos , músicos, cineastas...; Basho, Buson, Issa, o Kawawata, Mishima, Hokusai, Hiroshigue, Ozu, Kurosawa, Mizoguchi,... y tantos otros, también han sido y son maestros para Occidente.

En compensación Japón ha adoptado formas occidentales que han modernizado su tipo de vida como recuerda en un artículo en ABC el filósofo Eugenio Trías :" Me siento solidario con esa parte de la humanidad sufriente -Japón- que ha sido ejemplar en su fusión de las propias tradiciones con lo mejor de Occidente"[...] 

La tragedia que se abate estos días sobre Japón  y en unas dimensiones -no desconocidas para este país- pero otra vez gigantescas, el resto del mundo la interioriza con dolor y admiración: las muertes ya han sucedido aunque sean heridas abiertas  irreparables; lo que admira es la  reacción ante el desastre y que aun no finalizado y con un grado de peligro muy alto,los japoneses se dispongan a restablecer la vida cotidiana en medio de tantas dificultades con el coraje moral que infunde el respeto a uno mismo y la responsabilidad hacia los demás.

KENJI MIZOGUCHI y AKIRA KUROSAWA




Es el coraje  del escritor y director de cine Ryu Murakami en el artículo Yo no huiré donde muestra la necesidad de encontrar algún aspecto positivo en medio del desastre: "Frente a todo lo perdido, la esperanza es realmente lo que los japoneses hemos recuperado. El gran terremoto y el tsunami nos han robado muchas vidas y recursos. Pero nosotros, que estábamos tan intoxicados con nuestra propia prosperidad, hemos vuelto a plantar la semilla de la esperanza. Así prefiero creerlo."

Y también el del arquitecto Shigeru Ban, preparado para dar la batalla al desaliento con  tubos de cartón en ristre. Shigeru Ban es conocido en todo el mundo por los resultados sociales de su arquitectura de papel;

aunque también construya edificios de materiales caros y sofisticados como el Centro Pompidou de Metz, son las viviendas provisionales, escuelas y centros de primeros auxilios baratos y dignos -como el medio centenar de casas que construyó en Puerto Príncipe para familias victimas del terremoto de 2010, lo que le hacen admirable.


Este japonés que estudió arquitectura en California y trabajó un año en el estudio de su compatriota Arata Isozaki ha investigado  materiales baratos, -papel, bambú-, para convertirlos en  cilindros de cartón que tratados con poliuretano se transforman en sólidos materiales constructivos aptos para levantar viviendas temporales con  coste mínimo y en tiempo reducido:
"Me cansé de trabajar para los ricos. Quería hacer algo por la gente.Los materiales baratos no tienen por qué ser menos resistentes"
. En 1995 tras el terremoto de Kobe , en cinco semanas levantó casas de papel para muchos japoneses.Dice que la inspiración le vino de la solidez de los tubos en que guardan los planos los arquitectos.La actividad de Shigeru Ban es constante y a sus múltiples actividades profesionales y sociales se añade la de ser jurado del Premio Pritzker, uno de los galardones más ambicionados de arquitectura.


Construcciones de SHIGERU BAN:


                                 construyendo con papel en Puerto Príncipe






Maqueta del Pompidou de Metz

Pompidou de Metz


Shigeru Ban tiene mucho que decir sobre terremotos y tsunamis como se puede leer en esta entrevista:


"HAY QUE LEVANTAR EDIFICIOS ALTOS EN LA COSTA"

J. M. MARTÍ FONT - Barcelona - 20/03/2011

El arquitecto Shigeru Ban (Tokio, 1957) es consultor de las Naciones Unidas para los Refugiados y dirige la ONG Voluntary Architects' Network (VAN), especializada en viviendas temporales para poblaciones en zonas de desastre, adonde acude para construir habitáculos. El viernes dio una conferencia en el Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña (IAAC) donde explicó sus métodos, antes de volar a Japón para intervenir en los lugares donde se concentran los desplazados por el terremoto y el tsunami.

Pregunta. ¿Cree que después lo sucedido deben revisarse las normas de edificación?


Respuesta. Ningún edificio construido después de 1981 se derrumbó a causa del terremoto. En ese año se cambiaron las normas de edificación. Otra cosa es el tsunami. En este sentido, lo que habrá que cambiar son los planes urbanísticos de las ciudades. Deberán construir edificios de ladrillo, de al menos cuatro pisos de altura en las costas, que funcionen como un muro, para proteger los demás edificios. No estoy muy seguro de que sea algo bonito, pero es lo único que funcionaría. Este tipo de edificios no sólo protegerían a los demás, sino que permitirían a la gente escapar a las terrazas.

P. ¿Qué soluciones propondría usted ahora para dar cobijo a la gente desplazada?

R. Más de medio millón de personas se encuentra en grandes pabellones deportivos, bajo grandes cúpulas, y tendrán que seguir allí dos o tres meses hasta que las viviendas temporales estén listas. Van a estar en una situación en la que no hay privacidad, todas familias duermen juntas... es una situación muy dura para esta gente, mentalmente, psicológicamente, por lo que vamos a instalar un sistema a base de tubos de cartón duro y papel, que permite crear espacios individuales bajo el techo de los pabellones, que se pueden levantar durante el día. Es un sistema que he desarrollado para Naciones Unidas y que se utiliza en campos de refugiados adaptado a cada situación.

P. Este terremoto de nivel 9 en Japón y el subsiguiente tsunami pueden haber causado la muerte de unas 15.000 personas, mientras que el de Haití, mucho menos potente, se saldó con cientos de miles de muertos. ¿Qué reflexión hace como arquitecto?

R. Los terremotos no matan gente. Los escombros de los edificios son los que matan gente. No estamos hablando de un desastre natural, sino de un desastre provocado por el hombre. El tsunami, por supuesto, es otra cosa, pero los efectos de los terremotos son responsabilidad de los arquitectos. Los últimos terremotos, como el de Chile, muestran que el país estaba bien preparado en términos de normativa, y también el de Nueva Zelanda del mes pasado, donde por cierto hubo un par de edificios que se desplomaron y provocaron muertes pero fue porque el propietario no había hecho las reparaciones que le exigieron los ingenieros municipales. Un crimen.
SHIGERU BAN







ELOGIO DEL REFRENAMIENTO/ José Watanabe / una ética-estética japonesa



Con la palabra refrenamiento el poeta peruano José WATANABE rinde homenaje a una forma de ser y estar basada en la dignidad y la falta de aspavientos, tal como lo practicaba su padre y que él identifica con la educación japonesa del progenitor.En pocas páginas de intenso sabor autobiográfico -inolvidables como cualquiera de sus poemas- ,Watanabe describe ese modo de comportarse ante la adversidad, a veces extrema, que se ha vuelto a poner de manifiesto estos días en Japón.Es una estética interiorizada, ardida y convertida en ética ¿o es al revés?.Watanabe lo cuenta así:


"LOS hijos de los emigrantes japoneses escuchábamos en nuestra infancia que algún día toda la familia iría a Japón. Era un sueño poco convincente, aun para nuestros padres. El sueño se fue diluyendo y la cultura del entorno nos fue dando a nosotros, sus hijos, una identidad que terminaría siendo irrenunciable. Hoy somos un nuevo grupo de mestizos que forma parte insoslayable del complejo tejido social del Perú.


Mi padre llegó en 1916. Era un hombre alto y magro. Nunca pude imaginarlo trabajando como agricultor en los latifundios azucareros de la costa peruana, adonde empezaron a llegar los inmigrantes en 1899. Siempre estaba sosegado. Parecía que todos sus actos tenían un impecable anclaje interior. Esa contención natural fue el aspecto que más le aprecié, el que más me impresionaba. Mis hermanos y yo terminamos por controlar nuestras expansiones ante él. Nunca nos lo pidió, pero de alguna manera supimos que siempre esperaba de nosotros un comportamiento más discreto, más recogido de maneras. No es que hayamos reprimido nuestros modos expresivos, sino que aprendimos a no hacer inútiles aspavientos. Su actitud serena parecía decirnos que hay un orden natural que no requiere comentarios agregados e innecesarios a nuestros actos. Pecho adentro pueden estar las tragedias, las intensidades, los abismos, pero éstos no deben expresarse con largos ademanes.


Hay ocasiones en que le atribuyo a mi padre algunas de mis reacciones, pero creo que su actitud modifica especialmente mi conducta en circunastancias críticas. ante la adversidad extrema, me viene a veces una pulsión recóndita que me señala una responsabilidad: sé como tu padre." [...]

                                                                               *

En Elogio del refrenamiento Watanabe sigue profundizando en el tema y recordando cuánto debe su poesía a su padre, a su carácter y a sus haykus, pero también a otro refrenamiento diferente de raíz peruana, el de Paula Varas, su madre, cuya contención tenía otro matiz, duro y hermosamente áspero, que añaden misterio y gracia a la belleza de los poemas de Watanabe.



enlaces relacionados:
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domingo, 27 de febrero de 2011

ANTHONY CARO expone...

*



EL ESCULTOR ANTHONY CARO (Surrey ,1924) EXPONE EN MADRID HASTA EL 12 DE MARZO










Anthony CARO fue discípulo y ayudante de Henry Moore entre 1951-53 pero desde sus estancias en América, a donde viajó por primera vez en 1959, cambió su concepto de la escultura.En este cambio fue decisivo el conocimiento de la obra de Albers, Nolan... y sobre todo de David Smith tan influido a su vez por la escultura en hierro que iniciaron Julio González y Picasso a principios del siglo.


De esta experiencia partirá la renovación profunda de su  lenguaje plástico; como David Smith empleará la técnica de soldadura de acero, el aluminio y diversos materiales "encontrados" para producir esculturas de aspecto áspero y primitivo algunas  veces pero también puede  pintar o tratar prolijamente las superficies hasta conseguir texturas sumamente refinadas que acentúen los aspectos visuales más que los puramente táctiles  del objeto escultórico.

                                 Anthony Caro con Henry Moore h.1952


Tras la estancia americana el escultor inglés abandonó la figuración que se puede calificar de orgánica y fluida que practicaba Henry Moore para seguir a través de David Smith el camino radical que inició Picasso en 1912. Anthony Caro es ya un clásico aunque para algunos de sus discípulos más contestatarios del 68 lo fuera en el sentido de anticuado,como cuenta en un excelente artículo Javier Maderuelo en Babelia.


EN LOS ORÍGENES

Pablo PICASSO, Guitarra, 1912. láminas de metal y alambre,regalo del artista al MoMA




"Hacia 1912, sus construcciones cubistas, como la Guitarra de metal, atestiguan el extraordinario talento de Picasso para pensar lateralmente, más allá de las categorías dadas. Por primera vez en la historia del arte, la escultura no es concebida como una masa sólida (arcilla modelada, bronce fundido, piedra esculpida o madera tallada) , sino como una abierta construcción de planos.[...]Esa guitarra de hojalata oxidada es el punto de partida desde el cual el constructivismo ruso, vía Tatlin, empieza su andadura; con ese conjunto de metal y alambre se inicia en Occidente una tradición que nos lleva hasta David Smith y Anthony Caro, la de las esculturas hechas con planchas de metal soldadas o ensambladas."R. Hughes




OBRAS DE ANTHONY CARO

1974
1976
1977-82
1981

1982


Anthony CARO, Los Bárbaros, 2006,instalación, grupo de jinetes salvajes que blanden lanzas y arcos.Entre 1993-4 había hecho una serie sobre la Guerra de Troya con personajes de la Ilíada
Los Bárbaros (detalle)


Up. Nord, 2009
Duccio, Variación nº 5



CARO, utiliza la técnica neo-dadá del ensamblaje para con materiales de deshecho, residuales,"anónimos", como él dice (vigas, láminas , toscos trozos de rejilla de madera o metal, papel...) estructurar con planos, líneas o volúmenes objetos plásticos de formas complejas y lograr, según dice Maderuelo," una solidez basada en la mesura de los elementos, en el equilibrio asimétrico de las partes" o en el ritmo, se puede añadir. La composición de las estructuras y "la calidad de los acabados" crean productos muy elaborados que, sin ocultar sus orígenes, poseen el refinamiento , belleza y espíritu capaces de sacudir al contemplador; es el elemento plástico  reducido a lo esencial cuyo efecto estético se acentúa por  la relación que el objeto escultórico establece con el espacio que le rodea.



Superficies rugosas,tersas o mórbidas o de delicadas pátinas; estructuras de asimetría y ligereza casi aérea; o traslúcidas, capaces de conectar con lo espiritual medieval a pesar de lo vanguardista de los materiales;graves estructuras de objetos inclasificables y misteriosos; rotundas formas para capturar la energía arrolladora de los bárbaros, en una de sus incursiones en la historia o también en el mito ( Guerra de Troya) ;nitidez, esplendor y gravedad de la geometría del metal...son parte de los medios que Anthony Caro utiliza para capturar la mirada y liberar emociones en el contemplador que, cualquiera que sea el grado de aceptación o rechazo de lo presentado, establece necesariamente una relación dialéctica con la obra, un diálogo que se desarrolla en el silencio del espacio circundante en que ambos se encuentran pero que puede ir más allá.

HENRY MOORE


DAVID SMITH y JULIO GONZÁLEZ


ANTHONY CARO


http://www.anthonycaro.org/






                       25 Octubre 2013

                      Anthony Caro ha muerto: El País,Sir Anthony Caro, el escultor de hierro


"Lamento mucho la muerte de Anthony Caro. Ha sido uno de los grandes exponentes de la escultura británica y europea, junto a su gran maestro Henry Moore. En los años 50 y 60, Caro marcó cuál era el camino de la nueva escultura. Hizo mucho assemblajes, que en realidad eran objetos encontrados. Él los ensamblaba y de esta manera construía sus esculturas. Esa fue realmente su gran aportación. Estuvo toda la vida metido en ese proceso creativo. Tenía una idea y la defendió hasta el final.Fue uno de los artistas que manejó el hierro y lo hizo desde una visión muy personal, manteniéndose firma hasta el final. Nunca cedió. Siempre fue muy agradable conmigo cuando nos veíamos. Me decía que le gustaba mi trabajo. Yo le admiraba mucho. Fue un escultor en su tiempo y un escultor contemporáneo, pero Anthony Caro es ya un escultor para la Historia."
Martín Chirino, escultor.
(Las Palmas de Gran Canaria, 1925) ABC,25 oct.2013

jueves, 3 de febrero de 2011

Poesía Estadounidense / Wallace Stevens (1879- 1955)

.


                                Robert Rauschenberg
                               Jasper Johns





MONTAÑA EN JULIO


Nosotros vivimos en una constelación
de trozos y de tonos,
no en un único mundo,
en cosas bien dichas en música,
al piano o en el habla,
igual que en una página de poesía...
Pensadores sin pensamientos finales
en un cosmos siempre incipiente,
tal como, cuando escalamos un monte,
Vermont de pronto queda junto.



JULY MOUNTAIN


We live in a constellation
Of patches and of pitches,
Not in a single world,
In things said well in music,
On the piano, and in speech,
As in a page of poetry-
Thinkers without final thoughts,
In an always incipient cosmos,
The way when we climb a mountain,
Vermont throws itself together.




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sábado, 13 de noviembre de 2010

De "El gaucho insufrible" a "El Sur" / Leer a BOLAÑO para leer a BORGES

.
El crítico Ignacio Echevarría,
habla  de Bolaño .
24-Nov-2010





Junio 2021, En el texto  que escribió Vargas Llosa para el Nobel y publicó  El País el 8 de diciembre de 2021, ELOGIO DE LA LECTURA Y LA FICCIÓN hay  un párrafo extraordinario por cómo hace  referencia a El Sur de Borges y a otras inolvidables obras.   
 
"Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julien Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas."




El gaucho insufrible es uno de los últimos cuentos de Roberto Bolaño. En él chispea la buena literatura mientras se establece un diálogo, o  un contrapunto, con uno de los cuentos  perfectos de Borges: El Sur. Bolaño admiraba a Borges, lo dice muchas veces y también en esta narración.

Del protagonista de El gaucho insufrible, Héctor Pereda, "cuidadoso y tierno padre de familia y abogado intachable de probada honradez, según quienes le trataron, íntimamente, en un país y en una época...", escribe Bolaño . Y evoca la transformación del personaje, viudo y con dos hijos ya adultos sobre el fondo de un periodo de turbulentos sucesos políticos y económicos en el pasado reciente de Argentina: bancarrota del Estado,  corralito,  infinitas metamorfosis del peronismo ... La historia se inicia en el paisaje urbano de Buenos Aires pero se desliza, mientras el tren avanza, hacia la metáfora de eternidad que es la llanura sin límites de la pampa.

En el tren Héctor Pereda... "Recordó, como era inevitable, el cuento El Sur, de Borges, y tras imaginarse la pulpería de los párrafos finales los ojos se le humedecieron".

 Así se cierra esta historia de Bolaño;es la literatura que remite a la literatura, que remite a la vida...y que puede acompañarse con la nostálgica música de Astor Piazzolla o Aníbal Troilo y Piazzolla...


EL SUR


El hombre que desembarcó en Buenos Aires en 1871 se llamaba Johannes Dahlmann y era pastor de la iglesia evangélica; en 1939, uno de sus nietos, Juan Dahlmann, era secretario de una biblioteca municipal en la calle Córdoba y se sentía hondamente argentino. Su abuelo materno había sido aquel Francisco Flores, del 2 de infantería de línea, que murió en la frontera de Buenos Aires, lanceado por indios de Catriel; en la discordia de sus dos linajes, Juan Dahlmann (tal vez a impulsos de la sangre germánica) eligió el de ese antepasado romántico, o de muerte romántica. Un estuche con el daguerrotipo de un hombre inexpresivo y barbado, una vieja espada, la dicha y el coraje de ciertas músicas, el hábito de estrofas del Martín Fierro, los años, el desgano y la soledad, fomentaron ese criollismo algo voluntario, pero nunca ostentoso.A costa de algunas privaciones, Dahlmann había logrado salvar el casco de una estancia en el Sur, que fue de los Flores; una de las costumbres de su memoria era la imagen de los eucaliptos balsámicos y de la larga casa rosada que alguna vez fue carmesí. Las tareas y acaso la indolencia lo retenían en la ciudad. Verano tras verano se contentaba con la idea abstracta de posesión y con la certidumbre de que su casa estaba esperándolo, en un sitio preciso de la llanura. En los últimos días de febrero de 1939, algo le aconteció.

Ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones. Dahlmann había conseguido, esa tarde, un ejemplar descabalado de las Mil y Una Noches, de Weil; ávido de examinar ese hallazgo, no esperó que bajara el ascensor y subió con apuro las escaleras; algo en la oscuridad le rozó la frente ¿un murciélago, un pájaro? En la cara de la mujer que le abrió la puerta vio grabado el horror, y la mano que se pasó por la frente salió roja de sangre. La arista de un batiente recién pintado que alguien se olvidó de cerrar le había hecho la herida. Dahlmann logró dormir, pero a la madrugada estaba despierto y desde aquella hora el sabor de todas las cosas fue atroz. La fiebre lo gastó y las ilustraciones de las Mil y Una Noches sirvieron para decorar pesadillas. Amigos y parientes lo visitaban y con exagerada sonrisa le repetían que lo hallaban muy bien. Dahlmann los oía con una especie de débil estupor y le maravillaba que no supieran que estaba en el infierno.Ocho días pasaron, como ocho siglos. Una tarde , el médico habitual se presentó con un médico nuevo y lo condujeron a un sanatorio de la calle Ecuador, porque era indispensable sacarle una radiografía. Dahlmann, en el coche de plaza que los llevó, pensó que en una habitación que no fuera la suya podría, al fin, dormir. Se sintió feliz y conversador; en cuanto llegó, lo desvistieron, le raparon la cabeza, lo sujetaron con metales a una camilla, lo iluminaron hasta la ceguera y el vértigo, lo auscultaron y un hombre enmascarado le clavó una aguja en el brazo.





Se despertó con náuseas, vendado, en una celda que tenía algo de pozo, y en los días y noches que siguieron a la operación pudo entender que apenas había estado, hasta entonces, en un arrabal del infierno. El hielo no dejaba en su boca el menor rastro de frescura. En esos días, Dahlmann minuciosamente se odió: odió su identidad, sus necesidades corporales, su humillación, la barba que le erizaba la cara. Sufrió con estoicismo las curaciones, que eran muy dolorosas, pero cuando el cirujano le dijo que había estado a punto de morir de una septicemia, Dahlmann se echó a llorar, condolido de su destino. Las miserias físicas y la incesante previsión de las malas noches no le habían dejado pensar en algo tan abstracto como la muerte. Otro día, el cirujano le dijo que estaba reponiéndose y que, muy pronto, podría ir a convalecer a la estancia. Increíblemente, el día prometido llegó.

A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos; Dahlmann había llegado al sanatorio en un coche de plaza y ahora un coche de plaza lo llevaba a Constitución. La primera frescura del otoño, después de la opresión del verano, era como un símbolo natural de su destino rescatado de la muerte y la fiebre. La ciudad, a las siete de la mañana, no había perdido ese aire de casa vieja que le infunde la noche; Las calles eran como largos zaguanes, las plazas como patios. Dahlmann la reconocía con felicidad y con un principio de vértigo; unos segundos antes de que las registraran sus ojos, recordaba las esquinas, las carteleras, las modestas diferencias de Buenos Aires. En la luz amarilla del nuevo día, todas las cosas regresaban a él.

Nadie ignora que el Sur empieza del otro lado de Rivadavia. Dahlmann solía repetir que ello no era una convención y que quien atraviesa esa calle entra en un mundo más antiguo y más firme. Desde el coche buscaba entre la nueva edificación, la ventana de rejas, el llamador, el arco de la puerta, el zaguán, el íntimo patio.

En el hall de la estación advirtió que faltaban treinta minutos. Recordó bruscamente que en un café de la calle Brasil (a pocos metros de casa de Yrigoyen) había un enorme gato que se dejaba acariciar por la gente, como una divinidad desdeñosa. Entró. Ahí estaba el gato, dormido. Pidió una taza de café, la endulzó lentamente, la probó (ese placer le había sido vedado en la clínica) y pensó, mientras alisaba el negro pelaje, que aquel contacto era ilusorio y que estaban como separados por un cristal, porque el hombre vive en el tiempo, en la sucesión, y el mágico animal, en la actualidad, en la eternidad del instante.

A lo largo del penúltimo andén el tren esperaba. Dahlmann recorrió los vagones y dio con uno casi vacío. Acomodó en la red la valija; cuando los coches arrancaron, la abrió y sacó, tras alguna vacilación, el primer tomo de las Mil y Una Noches. Viajar con ese libro, tan vinculado a la historia de su desdicha, era una afirmación de que esa desdicha había sido anulada y un desafío alegre y secreto a las frustradas fuerzas del mal.

A los lados del tren, la ciudad se desgarraba en los suburbios; esta visión y luego la de los jardines y quintas demoraron el principio de la lectura. La vedad es que Dahlmann leyó poco; la montaña de piedra imán y el genio que ha jurado matar a su bienhechor eran, quien lo niega, maravillosos, pero no mucho más que la mañana y que el hecho de ser. La felicidad lo distraía de Shahrazad y de sus milagros superfluos: Dahlmann cerraba el libro y se dejaba simplemente vivir.

El almuerzo (con el caldo servido en bols de metal reluciente, como en los ya remotos veraneos de la niñez) fue otro goce tranquilo y agradecido. Mañana me despertaré en la estancia, pensaba, y era como si a un tiempo fuera dos hombres: el que avanza por el día otoñal y por la geografía de la patria, y el otro, encarcelado en un sanatorio y sujeto a metódicas servidumbres. Vio casas de ladrillo sin revocar, esquinadas y largas, infinitamente mirando pasar los trenes; vio jinetes en los terrosos caminos; vio zanjas y lagunas y hacienda; vio largas nubes luminosas que parecían de mármol, y todas estas cosas eran casuales, como sueños de la llanura. También creyó reconocer árboles y sembrados que no hubiera podido nombrar, porque su directo conocimiento de la campaña era harto inferior a su conocimiento nostálgico y literario.


Alguna vez durmió y en sus sueños estaba el ímpetu del tren. Ya el blanco sol intolerable de las doce del día era el sol amarillo que precede al anochecer y no tardaría en ser rojo. También el coche era distinto; no era el que fue en Constitución, al dejar el andén: la llanura y las horas lo habían atravesado y transfigurado. Afuera la móvil sombra del vagón se alargaba hacia el horizonte. No turbaban la tierra elemental ni poblaciones ni otros signos humanos. Todo era vasto, pero al mismo tiempo era íntimo y, de alguna manera, secreto. En el campo desaforado, a veces no había otra cosa que un toro. La soledad era perfecta y tal vez hostil, y Dahlmann pudo sospechar que viajaba al pasado y no sólo al Sur. De esa conjetura fantástica lo distrajo el inspector, que, al ver su boleto, le advirtió que el tren no le dejaría en la estación de siempre sino en otra, un poco anterior y apenas conocida por Dahlmann. (El hombre añadió una explicación que Dahlmann no trató de entender ni siquiera oír, porque el mecanismo de los hechos no le importaba.)

El tren laboriosamente se detuvo, casi en medio del campo. Del otro lado de las vías quedaba la estación, que era poco más que un andén con un cobertizo. Ningún vehículo tenían, pero el jefe opinó que tal vez pudiera conseguir uno en un comercio que le indicó a unas diez, doce, cuadras. Dahlmann aceptó la caminata como una pequeña aventura.Ya se había hundido el sol, pero un esplendor final exaltaba la viva y silenciosa llanura, antes de que la borrara la noche. Menos para no fatigarse que para hacer durar esas cosas, Dahlmann caminaba despacio, aspirando con grave felicidad el olor del trébol.

El almacén, alguna vez, había sido punzó, pero los años habían mitigado para su bien ese color violento. Algo en su pobre arquitectura le recordó un grabado en acero, acaso de una vieja edición de Pablo y Virginia. Atados al palenque había unos caballos. Dahlmann, adentro, creyó reconocer al patrón; luego comprendió que lo había engañado su parecido con uno de los empleados del sanatorio. El hombre, oído el caso, dijo que le haría atar la jardinera; para agregar otro hecho a aquel día y para llenar ese tiempo, Dahlmann, resolvió comer en el almacén.

En una mesa comían y bebían ruidosamente unos muchachones, en los que Dahlmannn, al principio, no se fijó. En el suelo, apoyado en el mostrador, se acurrucaba, inmóvil como una cosa, un hombre muy viejo. Los muchos años lo habían reducido y pulido como las aguas a una piedra o las generaciones de los hombres a una sentencia. Era oscuro, chico y reseco, y estaba como fuera del tiempo, en una eternidad. Dahlmann registró con satisfacción la vincha, el poncho de bayeta, el largo chiripá y la bota de potro y se dijo, rememorando inútiles discusiones con gente de los partidos del Norte o con entrerrianos, que gauchos de ésos ya no quedan más que en el Sur.

Dahlmann se acomodó junto a la ventana. La oscuridad fue quedándose en el campo, pero su olor y sus rumores aún le llegaban entre los barrotes de hierro. El patrón le trajo sardinas y después carne asada; Dahlmann las empujó con unos vasos de vino tinto. Ocioso, paladeaba el áspero sabor y dejaba errar la mirada por el local, ya un poco soñolienta. La lámpara de kerosén pendía de uno de los tirantes; los parroquianos de la otra mesa eran tres: dos parecían peones de chacra; otro, de rasgos achinados y torpes, bebía con el chambergo puesto. Dahlmann, de pronto sintió un leve roce en la cara. Junto al vaso ordinario de vidrio turbio, sobre una de las rayas del mantel, había una bolita de miga. Eso era todo, pero alguien se la había tirado.

Los de la otra mesa parecían ajenos a él. Dahlmann, perplejo, decidió que nada había ocurrido y abrió el volumen de las Mil y Una Noches, como para tapar la realidad. Otra bolita lo alcanzó a los pocos minutos, y esta vez los peones se rieron. Dahlmann se dijo que no estaba asustado, pero que sería un disparate que él, un convaleciente, se dejara arrastrar por desconocidos a una pelea confusa. Resolvió salir; ya estaba de pie cuando el patrón se le acercó y lo exhortó con voz alarmada:
-Señor Dahlmann, no les haga caso a esos mozos, que están medio alegres.

Dahlmann no se extrañó de que el otro, ahora, lo conociera, pero sintió que estas palabras conciliadoras agravaban, de hecho, la situación. Antes, la provocación de los peones era a una cara accidental, casi a nadie; ahora iba contra él y contra su nombre y lo sabían los vecinos. Dahlmann hizo a un lado al patrón, se enfrentó con los peones y les preguntó qué andaban buscando.

El compadrito de la cara achinada se paró, tambaleándose. A un paso de Juan Dahlmann, lo injurió a gritos, como si estuviera muy lejos. Jugaba a exagerar su borrachera y esa exageración era una ferocidad y una burla. Entre malas palabras y obscenidades, tiró al aire un largo cuchillo, lo siguió con los ojos, lo barajó, e invitó a Dahlmann a pelear.El patrón objetó con trémula voz que Dahlmann estaba desarmado. En este punto, algo imprevisible ocurrió.

Desde un rincón, el viejo gaucho estático, en el que Dahlmann vio una cifra del Sur (del Sur que era suyo), le tiró una daga desnuda que vino a caer a sus pies. Era como si el Sur hubiera resuelto que Dahlmann aceptara el duelo. Dahlmann se inclinó a recoger la daga y sintió dos cosas. La primera, que ese acto casi instintivo lo comprometía a pelear. La segunda, que el arma, en su mano torpe, no serviría para defenderlo, sino para justificar que lo mataran. Alguna vez había jugado con un puñal, como todos los hombres, pero su esgrima no pasaba de una noción de que los golpes deben ir hacia arriba y con el filo para adentro. No hubieran permitido en el sanatorio que me pasaran estas cosas, pensó.
-Vamos saliendo- dijo el otro.

Salieron, y si en Dahlmann no había esperanza, tampoco había temor. Sintió, al atravesar el umbral, que morir en una pelea a cuchillo, a cielo abierto y acometiendo, hubiera sido una liberación para él, una felicidad y una fiesta, en la primera noche del sanatorio, cuando le clavaron la aguja. Sintió que si él,entonces,hubiera podido elegir o soñar su muerte, ésta es la muerte que hubiera elegido o soñado.

Dahlmann empuña con firmeza el cuchillo, que acaso no sabrá manejar, y sale a la llanura./Jorge Luis BORGES




Las imágenes son de Pedro Figari (Montevideo 1861-1938) que aunque estudió derecho y ejerció como abogado acabó dedicándose al arte. Durante cuatro años vivió en Buenos Aires pintando y obtuvo buenas críticas y en 1925 se trasladó a París donde permaneció hasta 1933 en que regresó a Uruguay.
Alejo Carpentier habla de su luminoso estudio en el Barrio Latino en esos años decisivos y recuerda que "En América tenemos el raro privilegio, actualmente, de ser contemporáneos de nuestros clásicos. Estos se llaman Diego Rivera, Héctor Villalobos, Ricardo Güiraldes, Amadeo Roldán...Y Pedro Figari es otro de esos clásicos de un arte nuevo y fuertemente caracterizado[...]Los lienzos de este pintor son intrépidos vehículos de los más auténticos valores -sensiblilidad y documentos- americanos."[...]




Jorge Luis Borges, Ficciones, Alianza Editorial.

links relacionados:
entrevista con borges
borges-buenos-aires
james-joyce-j.l.-borges-versos
los Borges y Spinoza


AÑADIDO AL POST:



Ignacio Echevarría utiliza el adjetivo encantador, para referirse a la escritura de Bolaño. Una vez leído Amuleto,el lector le puede calificar además de "emocionante en todas las direcciones" por razones casi todas de naturaleza literaria; otras históricas.



En la página 31 de la edición de bolsillo, Bolaño , o su protagonista y en parte alter ego, -Auxilio Lacouture, uruguaya de Montevideo- que está leyendo la poesía del español exiliado en México DF, Pedro Garfias, en circunstancias muy especiales, comprueba cómo los versos se aceleran hasta producirse "una lectura en caída libre"; esta experiencia se repite en los lectores de Amuleto y con la escritura de Bolaño, al menos en el sentido de entrar en ella y caer - como la Alicia de Carroll- aceleradamente, sin fondo, hasta llegar al centro del mundo envolvente que él crea .

Hay que añadir la lucidez y bromas sugerentes  que atraviesan el texto;como en la pagina 134 de este librito, que sólo tiene 154:


"mis profecías son éstas.
Vladimir Maiakovski volverá a estar de moda allá por el año 2150. James Joyce se reencarnará en un niño chino en el año 2124. Thomas Mann se convertirá en un farmaceútico ecuatoriano en el año 2101. 
 
Marcel Proust entrará en un desesperado y prolongado olvido a partir de 2033. Ezra Pound desaparecerá de algunas bibliotecas en el año 2089. Vachel Lindsay será un poeta de masas en el año 2101.  
César Vallejo será leído en los túneles en el año 2045. Jorge Luis Borges será leído en los túneles en el año 2045. Vicente Huidobro será un poeta de masas en el año 2045"...





Roberto Bolaño,Amuleto, Anagrama Compactos, nº 499